Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

miércoles, 8 de octubre de 2014

Por favor

Armand vuelve a desnudar su alma para Marius. Marius, por el bien de todos, dale amor a ver si así deja de lloriquear o intentar matarnos. Gracias.

Lestat de Lioncourt


Me convertí en una sombra de aquello que tanto amabas. Una imagen desdibujada en un espejo que no querías contemplar. Mi cuerpo débil, como el de cualquier niño que prácticamente es un hombre, se retorcía junto a mi alma. En los sueños te buscaba, perseguía y lograba alcanzarte; sin duda, eran los momentos más agradables que podía tener. Tú eras mi esperanza. Pero fui perdiéndola, sumiéndome en la oscuridad, quedándome atrás suplicante mientras lloraba por mi destino.

Acepté doctrinas que nunca hubiesen sido mías, dejé que otros pensaran por mí y me moldearan a su gusto. Crecí protegido por la oscuridad de una siniestra figura que fue bondadoso conmigo sólo porque yo parecía un ángel, y porque mis ruegos le hicieron amarme. Ruegos que tú no escuchabas. Incluso fingiste que nunca existieron. Me sentí desprotegido. Creía en ti y me abandonaste. Y, aún así, sigo aquí con los brazos abiertos esperando que me tomes entre los tuyos. No hay remedio a mi estupidez. Acepto todas esas disculpas baratas de un discurso hecho a tu medida, pero no a la mía.

Muero cada vez que tú apareces ante mí. Cuando te siento cerca creo que mi alma se convertirá en polvo. La maldición de tus besos es tan terrible que soy una marioneta entre tus dedos. Creo todo lo que salga de tus labios, aunque sé que son mentiras imperfectas y perecederas. Te aproximas a mí, me abres supuestamente tu corazón y termino dejándome llevar a las profundidades de tu infierno. No eres el Mesías que esperaba, sino el mismísimo Príncipe de la Oscuridad. Un demonio cruel de rostro perfecto, ojos fríos y cabellos de color de la paja que tú vuelves oro. Sangre y oro, eso eres. Sangre del color de tu túnica, que es la que yo te he ofrecido en más de una ocasión. Amor mío, ¿no ves que sigues siendo el único culpable a mi terrible sufrimiento?


Quisiera creer cuando dices que nunca me dejarías otra vez, pero ya he madurado. Puedo ver que tus palabras son hermosas como las estrellas, pero imposibles de atrapar o que te concedan tus deseos. Por eso caigo otra vez. Me arrodillo ante ti con lágrimas en el rostro. Busco tu consuelo. Necesito que me abraces para no sentirme tan muerto. Yo sé que me defraudarás otra vez, lo sé. Aún así, quédate. Por favor, te necesito. Quédate conmigo. Ya las lágrimas no me permiten ver más allá de mi reflejo borroso frente a mi espejo, de la imagen turbia del ayer. Soy un recuerdo que aún ruega ser rememorado una vez más. Por favor, bésame.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt