Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

sábado, 2 de julio de 2016

Idiota

Avicus fue un idiota y ahora lo reconoce, ¿aparecerá Mael? Lo dudo.

Lestat de Lioncourt


—¿Por qué te vas?—pregunté como un estúpido.

Parecía un niño estirando mis brazos hacia una estrella lejana. Él ya no me pertenecía. Realmente no me perteneció por completo porque los seres salvajes no tienen dueño, ni tierra donde echar raíces y tampoco sentimientos que los aten.

—¿Por qué debo quedarme? ¿Acaso no lo ves? Aquí sobro—respondió encogiéndose de hombros mientras envainaba su espada y terminaba de empaquetar algunas de sus pertenencias. Sólo eran unos pocos libros, unas dagas, algo de ropa y unos animales de madera que él mismo había tallado.

—Mael...—dije su nombre con preocupación mientras lo asechaba desde el marco de la puerta.

—Ah... aún recuerdas mi nombre—dijo girándose un momento para luego regresar a su labor—. Pensé que ya habías olvidado como me llamo, e incluso creo que he llegado a pensar que se te ha olvidado tu propio nombre y tu honor, porque sólo sabes pensar en ella y llamarla entre delirios de amor.

Entré en la habitación, caminé hacia él y le tomé de los hombros perdiéndome un segundo en sus ojos mientras temblaba. Agaché la cabeza comprendiendo lo que me había dicho. Acepté yo era quien estaba equivocado pero no podía pronunciarlo. Me sentía agotado y hundido.

—Eso no es cierto...

—Ni siquiera te atreves a decirme eso mirándome a la cara—respondió apartándome—. No puedes negarlo.

—Mael...—sentí que sería la última vez que pronunciaría su nombre con él frente a mí. Su mirada estaba llena de ira.

—Avicus, todo ha terminado—aseguró.

—Me niego, ¿entiendes?—murmuré casi sin voz. Estaba a punto de desmoronarme y él no lo veía.

—Oh, sí—dijo tras una risotada—. Intentas retenerme quizá porque tu conciencia no estará tranquila jamás ya que sabes que yo valgo mucho más que ella.

—¿Por ser hombre?—interrumpí ligeramente molesto.

—No, no tiene nada que ver que sea un hombre—respondió tomando sus bártulos para echárselos al hombro y salir de la habitación.

Decidí seguirlo por toda la estancia, hasta el salón y del salón al pasillo de la entrada. Allí lo tomé del brazo derecho para detenerlo, pero él se sacudió como si fuese un gato acorralado. Tuve que apartarme un par de pasos cuando me enfrentó con una mayor rabia y algo de rencor.

—¿Y por qué eres mejor?—pregunté. Deseaba saberlo, pero algo en el fondo de mi alma me decía que ya lo sabía. Él era mejor porque me amaba por encima de si mismo. Yo era más importante que su propia vida.

—¡Demonios!—gritó mirando al techo de la habitación como si clamara a los dioses que una vez veneró. Los mismos dioses que yo representaba— ¿No lo ves?—preguntó antes de tomar el pomo de la puerta entre los dedos de su mano derecha.

—No, explícate—dije para ganar tiempo.


—Me voy—contestó—. Supongo que algún día, sea el que sea, te darás cuenta porque te decía que yo era mejor. Cuídate e intenta ser feliz—esa frase la llevo conmigo como si fuese una maldición. No he sido del todo feliz porque su recuerdo me ha impedido serlo—. Yo intentaré mantenerme ahí fuera rodeado de miseria y soledad. Tranquilo, soy un guerrero. Los guerreros no caemos con tanta facilidad.  

1 comentario:

Elany Mandujano dijo...

Que tal?

Valla, esto es un afortunado encuentro tomando en cuenta que recién he empezado a leer "Sangre y Oro" y precisamente acabo de leer un par de capítulos dedicados a esta pareja, debo decir que me enternecieron, en especial la devoción que se sienten mutuamente.

Tu viñeta me ha encantado, hacía rato que no me pasaba por aquí, gracias por tan maravillosa historia y espero que sigas escribiendo tan bien como hasta ahora.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt