Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 8 de agosto de 2015

Milenario asesino

Cyril debería reunirse, aunque no puedo obligarlo.

Lestat de Lioncourt


Acepto que estoy condenado. Condenado a entenderme mientras la sociedad fluctua, cambia, se convierte en un enjambre peligroso y yo tengo que soportar el molesto zumbido del tráfico. Estoy aquí, yaciendo en la inmortalidad de un sueño peligroso, mientras las luces alójenas y de neón estallan contra la oscuridad e impactan en mi silueta. He visto diferentes épocas, he sentido el calor de la masa ingente que camina como animales hacia el matadero, y acepto que todas tienen su encanto. Aprecio muchísimo la sangre tentadora llenando mis venas, la violencia poética de cazar a la presa, el dolor del momento en el cual me separo de mi víctima, la mentira de su muerte y su propia existencia, la piedad con la cual observo el escenario de mi propio crimen y cualquier símbolo que comulgue con ese momento exacto en el cual destrozo una vida para prolongar la mía.

Todavía recuerdo como era cuando tan sólo era un muchacho delgado y optimista. Apenas era un niño cuando el ejército cambió mi vida. El mundo que se encontraba a mi alrededor se convirtió en un paraíso carmesí poco después, floreciendo en mí el deseo ingenuo de vivir para siempre a costa del sacrificio de mis enemigos. Pero ahora no son enemigos. Cualquiera es una presa idónea. Me dejo guiar por los corazones más oscuros, aunque también disfruto de la misericordia y la bondad. Soy un ser que no desprecia nada. En la muerte hay arte.


Mi nombre es Cyril. Pocos me recuerdan. Soy un vagamundo sin nombre incluso para los miembros de mi ancestral tribu. El pacto con el diablo acabó hace tiempo, pues la reina yace en las profundidades de un pasado terrible y emborronado por sus propias mentiras. Ahora no tengo rumbo fijo. Amel me incita a reunirme con todos, pero ¿no soy un alma libre? Debería poder elegir si quiero llegar pronto a la cita o jamás aparecer por el baile.  

miércoles, 7 de enero de 2015

La última vez que lo vieron decidía inmolarse, ¿pero lo hizo? No se sabe. Simplemente es demasiado viejo para que el sol le afecte de ese modo. Siguen llegando estas cartas, así que suponemos que está vivito y coleando. 

En definitiva, un texto de Mael

Lestat de Lioncourt



Muchos han contado quien soy, pero nadie ha perdido su tiempo en preguntar por mis sentimientos. Es posible que jamás se les haya ocurrido que yo tengo algo que contar, por miserable y escaso que sea. Quizás porque soy un hombre que no delata sus sentimientos o es posible que simplemente sea un crucial despiste del destino. Me convertí en lo que soy pensando que hacía un favor al mundo, pero en realidad sólo creaban a un monstruo que se tambalearía entre los límites del bien y del mal.

He cruzado desiertos de almas cubiertos de verde bosque, caudalosos ríos y empinadas colinas. Caminé bajo la tundra y he agradecido a la selva su humedad. A decir verdad, he conocido todo lo que podía conocer. Hundí mis dedos en el desierto cerca de las vieja ruinas donde todo comenzó y he dejado que mis pies pisaran por el asfalto más ennegrecido de New York. He visto construirse monumentos al ego de políticos carentes de razón, observado el culto a cientos de dioses en miles de lugares de este territorio tan extenso, escuchado a filósofos y mártires de todas las épocas, contemplado el arte naciendo de las manos de un pintor que sería inmortal por sus obras, sentido entre las mías las esculturas más abominables y he llorado mientras reía. La soledad ha sido mi brújula. Me han dado por muerto miles, algunos no lo han creído y gracias a ellos he mantenido la esperanza de comunicarme algún día.

Acepto que no soy un ser bondadoso, ¿pero existe la bondad pura? Más allá de los discursos religiosos, las manos abiertas de los niños al pedir un abrazo sincero y las palabras de un moribundo. ¿Existe la bondad? ¿La humanidad? ¿El perdón que nace del corazón de forma improvisada? Yo les diré que no. Son utopías que creemos con vehemencia pero que se destruyen con facilidad. Lo bueno sólo es una percepción, igual que lo malo. Las historias son parte de nuestras experiencias, pero para nada implican que sean ciertas. Tú no puedes saberlo todo. Nadie puede. Muchos lo han intentado y han fracasado terriblemente, llegando a sentirse confusos y derrotados.

No hay sabios, sólo sabiduría que puede ser acaparada por unos minutos y morir en el alma de cualquier iluso. Sí, porque ese es nuestro mayor pecado: el olvido. Olvidamos rápido lo que aprendemos, salvo lo básico. Aprendemos a sobrevivir y eso jamás se olvida. Es como si estuviese en nuestro código genético. Podemos olvidar una canción, pero no la canción que nos cantaban para perder miedo a la oscuridad y afrontar desafíos. Podemos olvidar un libro, pero no una frase que nos arrebató el aliento y nos hizo emprender un camino. Podemos hacer tantas cosas, recordar tanto con una simple chispa, que es increíble; sin embargo, a la vez, somos desmemoriados. No recordamos las sonrisas, sino las lágrimas.

¿Y a mí? ¿Me recuerdan? Algunos lloran mi desaparición, otros se extrañan al no verme cruzar el umbral de su casa para señalarlos con fuerza y sabor amargo, y el resto, quienes sólo me conocen de oída, les da igual como sea y lo que haya sido de mí. ¿Y a mí? ¿Me importa? No. No me importa. De haberme importado habría hablado antes. No me he reunido como la otra vez. No me incumbía. Decidí aislarme hace mucho tiempo más allá de las montañas de asfalto, hormigón y luces de bohemia. No. Ya no soy ese ser que intentaba adaptarse. Soy quien siempre he sido: un guerrero nómada.


lunes, 6 de octubre de 2014

Sol en la noche

Avicus ha redactado el siguiente texto sobre el momento exacto en el cual salieron ardiendo todos.

Lestat de Lioncourt


Las noches eran eternos calvarios de sed y llanto. Ya no quedaban lágrimas, sólo quejidos en aquel tronco hueco. Las manos, igual que garras, intentaban arañar la corteza mientras la esperanza seguía latiendo en su pecho. Había sentido el sol en su piel y ni siquiera había amanecido. Sus ojos hablaban de dolor. El mundo entero gemía retorciéndose pues los hermanos disgregados morían por doquier. Todos los Hijos de la Sangre perecían. No importaban los años que ya marcaban en su calendario, en sus siglos, sino la fuerza con la cual habían sido creados. Algunos se redujeron a cenizas, los más afortunados, otros padecían terribles heridas que les torturaba.

Él se encontraba en el mundo de las pesadillas. Las más terribles. Pesadillas rojas. Sangre bañando su cuerpo, llenando su boca, enterrándolo en la demencia y en el sonido de los tambores que a lo lejos llamaban a la calma. Los celtas corrían entre los árboles, pues algunos comenzaban a combustionar igual que los seres que se hallaban en su interior, mientras que el poblado despertaba con el despuntar del alma. Muchos de sus “Dioses” eran humo y cenizas, otros caían en las terribles alas de sueños insoportables.

Al otro lado del mundo, en las cálidas arenas de Egipto, ellos eran expuestos frente al sol. Colocados como dos simples estatuas, mostrando al mundo su tez marmórea. Igual que dos colosos puestos allí para ser adorados. Tan sólo bronceaban su piel, calentaban sus mejillas y masacraba a cientos de sus hijos. La sangre hervía, quemaba, mataba...

El mundo clamaba. Se alzaban gritos de lamento. Los aullidos de otros eran insoportables. Él despertaría casi consumido, ennegrecido y temeroso como un insecto a punto de ser pisado. Algo terrible había sucedido. No había nada que hacer, sólo orar porque el final llegase pronto.



sábado, 31 de mayo de 2014

Palabras frente al fuego

Bonjour

Mael y Marius nunca se han llevado bien, por eso Avicus lo ha intentado... pero se ve que no se puede.

Lestat de Lioncourt 


Palabras frente al fuego

Sentado, en completo silencio, puedo observar sus facciones duras y afables. Sus ojos son dos granos de café, tan intensos como oscuros, que observan intensamente las ascuas de la hoguera. Jamás he pensado detenidamente si el tiempo nos ha hecho más sabios, fuertes y tercos; sin embargo, cuando lo escucho con su tono suave, pausado y masculino, sobre la vida que ha llevado y los mundos que ha visto he supuesto, que al menos, él si es más sabio y fuerte. El terco, como siempre, soy yo.

—Deberías hablar con él—ha dicho de nuevo mientras tomaba asiento a su lado, en el otro extremo del tronco—. Te aprecia.

—Me desprecia—le corregí.

—Mael...

—Avicus, he hecho demasiado por ese cretino—comenté mirando las llamas mientras él se giraba hacia mí, deteniendo su mirada en mi rostro serio y mi ceño fruncido—. Es un terco.

—Tú también—soltó una risotada que cortó el aire y tuve que mirarlo. Tan vivo, tan real, tan cerca y yo aún soñando con su regreso. Habíamos estado divididos mucho tiempo y, ahora, nos rompíamos de nuevo sólo porque Marius y yo no podíamos convivir.

—Yo no le he llamado feo, viejo y estúpido.

—Ignorante sí—replicó con una media sonrisa.

Desconoce por completo lo seductor que puede ser ver a un hombre como él, con un pasado tan oscuro y un futuro tan desconcertante. Puedo ver su gigantesco cuerpo inclinado hacia delante, sus músculos marcados en sus fuertes brazos, y su cabello moviéndose suavemente por la brisa. Quisiera hacerme hueco en su pecho, llamarlo nuevamente maestro y perderme en su aroma; pero no puedo hacer nada, tan sólo quedarme ahí como haría cualquiera. Si él supiera que es mi debilidad, que he extrañado su conversación, estaría perdido.

El amor es algo más que palabras románticas, pues a veces es silencio y también gestos. He caminado a solas y en estos momentos la senda se ha vuelto intensa, más interesante y agradable. Él está ahí, a mi lado, esperando que tome su mano y acepte sus desafíos.

—Lo es—murmuré justo antes de notar su mano derecha, tan gigantesca y áspera, colocando un mechón de mi cabello—. Avicus, no.

—¿Qué?—dijo con una sonrisa franca.

—Intentas convencerme—respondí frunciendo aún más el ceño mientras cruzaba mis brazos.

—¿Es tan obvio?—preguntó con otra risotada.

—Sí.


Han pasado muchos años desde que estuvimos juntos, pero cuando regresó era como si jamás hubiésemos estado separados. Quizás el amor es eso, más que algo físico. Amar es comprender y yo comprendo a Avicus. Tal vez, sólo tal vez, por eso le amo y perdono sus vanos deseos de unión entre Marius y yo.  

martes, 20 de mayo de 2014

Ven a mí

Poema de Avicus para Zenobia, así que huelo a drama hoy con Mael. ¿No creen que Avicus tiene talento para meterse en líos con el druida?

Lestat de Lioncourt

Ven a mí

Eres mariposa silvestre que se convirtió en poema,
más allá de la cima de las flores perfumadas
donde el rocío cae lentamente hasta tu alma,
donde brillan en la oscuridad los sueños de tu almohada.

La primavera florece bajo el campo áspero de la nieve,
una tan espesa que congela tu sonrisa tímida y franca.
El manto invernal cae bajo tu vestido verde
enredándose con la esperanza que cubre piel blanca.

La oscuridad de tus cabellos, como el cielo estrellado,
cae sobre tus hombros y roza tu pequeño talle
te has convertido en amapola errante de tierras áridas
buscando mis brazos donde hallarás el valle.


No temas, ven a mí.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt