Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 19 de marzo de 2015

Raíces

Vaya dos... Y luego dicen que Louis y yo somos quienes más discutimos. ¡JA!

Lestat de Lioncourt


Había caminado toda la noche. El amanecer se acercaba. Escuché rumores sobre su presencia en aquel lugar, tan alejado del mundo y tan próximo a lo fuimos. Allí, bajo el pie de aquella ladera, nos encontramos dentro de la corteza de un árbol. Me habían narrado su muerte en varias ocasiones, pero también me confundían las noticias que llegaban desde esta tierra, tierra de nuestras esperanzas y la primera batalla librada.

Alcancé a verlo con una túnica blanca, aunque ligeramente sucia por el lodo de las últimas lluvias, con el cabello enredado en la hojarasca que cubría todo. Sus hombros parecían caídos, dándole una pose natural y relajada, pero sabía que estaba alerta. Jamás pude sorprenderlo. Su oído era magnífico, como el de cualquier inmortal, así como su nariz. Él era un vampiro completo. No podíamos comunicarnos mentalmente, pues era imposible por ser su creador, pero existía un vínculo que jamás se rompería. Sabía que él no comprendería mis razones, pero estaba allí dispuesto a permanecer a su lado por largo rato.

—Jamás pensé que volverías aquí—dije, quedando a su lado.

—Aquí nació lo que soy—respondió colocando sus manos sobre el tronco hueco—. Están mis raíces mezcladas con la tierra que pisamos.

—El bosque me parecía mayor antes, tenebroso y peligroso—murmuré.

—Ha empequeñecido, pero no son por nuestros recuerdos—sus ojos me perturbaron. Parecía un fantasma del padre de Hamlet. Aquellos ojos, profundos y ciegos de ira, me hicieron temblar. Buscaba venganza, pero no la hallaba. ¿Venganza de qué? No deseaba saberlo—. Realmente ha quedado convertido en un reducto minúsculo de vida.

—Me dijeron que estabas muerto—dije tomándolo del brazo izquierdo, rodeándolo con ambas manos, para tirar de él mientras inclinaba ligeramente mi rostro hacia el suyo.

—Desaparecido, pero no muerto—respondió jalando de su brazo, para liberarse.

—¿Por qué? ¿Por qué te expusiste al sol?—pregunté con cierto nerviosismo.

—¿Por qué te quedaste con ella y no conmigo? ¿Por qué no me buscaste antes? ¿Por qué sigues amando los libros? ¿Por qué? Tal vez no hay una respuesta para mis preguntas, como tampoco la hay para la tuya—una ligera sonrisa, cínica y cruel, se formuló en sus ojos mientras sus ojos hablaban de dolor.

—Uno no se expone al sol así porque...

Quería encontrar las palabras apropiadas. Esas palabras que me dieran fuerza. Había olvidado que era elevar mi tono de voz. Prácticamente no tenía que hablar con Zenobia. Ella se mantiene a mi lado, escuchando algunos renglones interesantes de los libros que conservo, guardando silencio contemplándome con esos enormes ojos que arrancan, todavía hoy, suspiros de mis labios.

—¿Por qué se expone? ¿Por creencias?—alzó ligeramente su ceja derecha, para luego dar un paso atrás. Elevó sus brazos hacia el cielo, como si quisiera danzar junto a un fuego imaginario, y rió. Estaba gozando ante mi preocupación y condena—. Tal vez por miedo a morir de forma poco digna y ver que el infierno se abre a tu paso, te abraza el demonio y te susurra que será la última vez que veas el mundo. Prefería hacerlo yo antes que sentirlo gracias a todos esos maníacos que están ahí fuera.

—La voz...

—Sí, la escuché ese día—atestiguó—. Pero no fue él quien me insistió—colocó sus manos sobre mis hombros, apretándolos como lo hacía en los viejos tiempos, para luego besar mis mejillas igual que Judas a Jesús—. Fue el dolor y la tragedia. Quizás fue todo. Tal vez quería tocar el cielo, ¿no me merezco ver esas maravillas con mis propios ojos?

—Aún las crees... ¿o no?—susurré.

—¿Te importa?—soltó una carcajada y se apartó.

—¿Por qué me tratas con ese desdén?

—¿Y cómo debería tratarte?—preguntó dándome la espalda—. Dime—dijo en un tono de voz contundente. Se giró hacia mí y me miró.

—Con respeto—dije.

—Te trato con la punta de mi bota porque tú me trataste así.

Echó a correr, con una velocidad propia de nuestra especie, y pronto desapareció de mi vista. Quise llorar, pero contuve mis lágrimas. Tenía razón. Fui un idiota.



miércoles, 7 de enero de 2015

La última vez que lo vieron decidía inmolarse, ¿pero lo hizo? No se sabe. Simplemente es demasiado viejo para que el sol le afecte de ese modo. Siguen llegando estas cartas, así que suponemos que está vivito y coleando. 

En definitiva, un texto de Mael

Lestat de Lioncourt



Muchos han contado quien soy, pero nadie ha perdido su tiempo en preguntar por mis sentimientos. Es posible que jamás se les haya ocurrido que yo tengo algo que contar, por miserable y escaso que sea. Quizás porque soy un hombre que no delata sus sentimientos o es posible que simplemente sea un crucial despiste del destino. Me convertí en lo que soy pensando que hacía un favor al mundo, pero en realidad sólo creaban a un monstruo que se tambalearía entre los límites del bien y del mal.

He cruzado desiertos de almas cubiertos de verde bosque, caudalosos ríos y empinadas colinas. Caminé bajo la tundra y he agradecido a la selva su humedad. A decir verdad, he conocido todo lo que podía conocer. Hundí mis dedos en el desierto cerca de las vieja ruinas donde todo comenzó y he dejado que mis pies pisaran por el asfalto más ennegrecido de New York. He visto construirse monumentos al ego de políticos carentes de razón, observado el culto a cientos de dioses en miles de lugares de este territorio tan extenso, escuchado a filósofos y mártires de todas las épocas, contemplado el arte naciendo de las manos de un pintor que sería inmortal por sus obras, sentido entre las mías las esculturas más abominables y he llorado mientras reía. La soledad ha sido mi brújula. Me han dado por muerto miles, algunos no lo han creído y gracias a ellos he mantenido la esperanza de comunicarme algún día.

Acepto que no soy un ser bondadoso, ¿pero existe la bondad pura? Más allá de los discursos religiosos, las manos abiertas de los niños al pedir un abrazo sincero y las palabras de un moribundo. ¿Existe la bondad? ¿La humanidad? ¿El perdón que nace del corazón de forma improvisada? Yo les diré que no. Son utopías que creemos con vehemencia pero que se destruyen con facilidad. Lo bueno sólo es una percepción, igual que lo malo. Las historias son parte de nuestras experiencias, pero para nada implican que sean ciertas. Tú no puedes saberlo todo. Nadie puede. Muchos lo han intentado y han fracasado terriblemente, llegando a sentirse confusos y derrotados.

No hay sabios, sólo sabiduría que puede ser acaparada por unos minutos y morir en el alma de cualquier iluso. Sí, porque ese es nuestro mayor pecado: el olvido. Olvidamos rápido lo que aprendemos, salvo lo básico. Aprendemos a sobrevivir y eso jamás se olvida. Es como si estuviese en nuestro código genético. Podemos olvidar una canción, pero no la canción que nos cantaban para perder miedo a la oscuridad y afrontar desafíos. Podemos olvidar un libro, pero no una frase que nos arrebató el aliento y nos hizo emprender un camino. Podemos hacer tantas cosas, recordar tanto con una simple chispa, que es increíble; sin embargo, a la vez, somos desmemoriados. No recordamos las sonrisas, sino las lágrimas.

¿Y a mí? ¿Me recuerdan? Algunos lloran mi desaparición, otros se extrañan al no verme cruzar el umbral de su casa para señalarlos con fuerza y sabor amargo, y el resto, quienes sólo me conocen de oída, les da igual como sea y lo que haya sido de mí. ¿Y a mí? ¿Me importa? No. No me importa. De haberme importado habría hablado antes. No me he reunido como la otra vez. No me incumbía. Decidí aislarme hace mucho tiempo más allá de las montañas de asfalto, hormigón y luces de bohemia. No. Ya no soy ese ser que intentaba adaptarse. Soy quien siempre he sido: un guerrero nómada.


lunes, 8 de septiembre de 2014

Dioses en los bosques

El druida sigue recordando cosas y mezclándolas con el presente. En fin, es normal que esté así con algo de añoranza ¿no? Desde que se quemó a lo bonzo no es el mismo. Culpa suya de salir al sol sin protección... ¡Ja! ¿Entienden el chiste? En fin, pasemos a su texto.

Lestat de Lioncourt 


Si pudiera escuchar nuevamente la pureza y la fuerza del bosque, tumbarme en el humus y hundir mis dedos entre las raíces. Disfrutaría de una lluvia torrencial o de una mañana fresca, en la cual pudiera tener la fragancia única de cada flor. Los árboles se alzarían gigantescos frente a mí, con sus gruesos troncos y sus altas ramas alzándose como un dios hacia los cielos. Extraño tumbarme cerca del arrollo y beber de sus cristalinas aguas. ¿Reconocería el reflejo que hay allí? Quizás. Hace demasiado tiempo que he dejado atrás todo aquel mundo, donde la fantasía podía crearse en leyendas y mitos tan poderosos como la verdad misma.

El ulular del búho, el sonido de los cascos de los caballos por los caminos, los insectos zumbando o simplemente el roce de la hierba alta en mis piernas eran una música única. Solía pasar largas horas en silencio, meditando, sintiendo a los dioses en el interior de cada tronco mientras mis pies se hundían en el fango y mi ropa se ensuciaba hasta llegada la noche. Era un guerrero, un guardián y un sabio para mi gente.

El pueblo se hallaba cerca del lecho del río, las mujeres lavaban allí las prendas y los muchachos más jóvenes practicaban con espadas de madera. El ganado siempre cercado, vigilado por sus dueños, y los cazadores curtiendo las pieles para el invierno era algo habitual. Podía decirse que la vida allí era tranquila, aunque luchábamos continuamente por seguir en nuestras tierras. Los dioses nos acompañaban en silencio.

Cuando estoy a su lado me encuentro en casa. Puedo sentir la misma mágica sensación que antes, sus manos ásperas aún parecen llevar la espada y sus ojos desafían a cualquiera con una bondad que pocos conocen. Guarda silencio cuando hablo, pero su ceño se frunce o sus ojos se desvían hacia el cielo poblado de estrellas. Jamás creí que volvería a compartir con él un par de minutos, pero ahí está con sus manos entrelazadas y ligeramente inclinado hacia delante. La hoguera se alza como una lengua de fuego gigantesca.

—En el fuego puedo ver aún sus almas—dijo hace unas noches—. Es como si jamás hubiese ocurrido.

Desconozco si habla de los dioses que murieron hace milenios, de los jóvenes que fueron arrasados por Akasha, de sus viejas guerras o simplemente de los viejos rituales funerarios que se dieron en varios pueblos a lo largo y ancho del mundo. No lo sé. No me atreví a hundir mis dedos en sus heridas, sólo me levanté y busqué el hueco perfecto entre sus brazos. Es un gigantesco inmortal que ha visto tanto, escuchado demasiado y sentido todo en su corazón justo donde se halla aún su alma.


Daría todo por volver al pasado y poder comer algunos frutos, caminar entre los árboles y dejar que mi alma retozara libre antes de caer en desgracia. Sin embargo, nunca ofrecería un segundo de su compañía como moneda de cambio.  

miércoles, 6 de agosto de 2014

El dolor de los milenios

Avicus y Mael pronto tendrán unas memorias propias, pero de momento dejan esto. Una escena que relata el dolor que puede sentir un milenario.

Lestat de Lioncourt 


—Recuerda el sol brindando calor, más allá de la colina, mientras que las flores cantaban su aroma y el mundo parecía estar en eterna quietud. ¿Por qué no lo recuerdas? El sol deslumbrando, bañándolo todo, mientras el cielo fulguraba belleza celestial. La noche había pasado, el campamento en silencio, la vida misma desbordándose en el susurro de la cascada mientras el río arrastraba los guijarros. Verde, tan poderoso color lleno de esperanza, era el manto que se extendía por las montañas y valles. A lo lejos, como si fuera un milagro, la nieve ya estaba completamente derretida dejando ver la cima marrón y verde, una cima que pronto se llenaría de nieves blancas y puras. Verano, un verano diferente al que conocemos ahora. ¿Lo recuerdas? Yo sí lo recuerdo, lo vi en tus ojos. No estuve allí y sin embargo pude saborear incluso las manzanas que saciaban tu apetito, el cereal que llenaba tu mesa y la caza que alimentaba a tus guerreros. Un hombre santo, o casi santo, con el pelo prácticamente plateado y ojos tan claros como el hielo. Albino, casi ciego en las mañanas de sol deslumbrante, y terco. Tan terco. ¿Por qué eras siempre tan terco?—mis palabras cayeron sobre su rostro serio y desafiante. El fuego se alzaba como si danzara sobre los troncos. Estábamos quemando las ramas que habíamos cortado de los árboles cercanos, sólo para aliviarlos y poder tener un rato de ocio distinto al habitual en seres como nosotros. Nos manteníamos atados a la naturaleza, como si fuéramos salvajes.

—Recuerdo tus ojos oscuros clavándose en mí, tu piel quemada y tu lengua herida. Tardaste en hablarme, pero luego abriste los brazos como una súplica—murmuró cerrando los ojos, llenando su mente con tantos recuerdos que le hicieron llorar. No podía leer su alma, pero podía ver sus gestos de dolor—. Un gigante de ceniza oscura, eso eras.

—Y tú me salvaste sacrificando lo que más amabas—respondí.

—¿Y? Lo hice por fe—quiso evadir el momento levantándose, caminando alrededor del fuego para luego alzar su rostro hacia las estrellas—. Me pregunto si veremos alguna estrella fugaz...

—Lo hiciste por amor y compasión—susurré levantándome para abrazarlo.

—¿Quién te hace creer ese absurdo?—respondió dejando su rostro frente al mío—. Yo sólo era un druida más.

—Uno de los más sabios, pero no el líder como dice Marius. Eras apenas un muchacho formado en las buenas artes, pero tu tío te había enseñado tanto... Mael, ¿por qué guardas siempre silencio cuando quieres gritar?—mis palabras le hicieron enmudecer de nuevo, agachar su cabeza y apoyarla en mi pecho—. Mael...

—Porque a veces las plegarias son más fuertes que los gritos, del mismo modo que una espada es más diestra si la empuña un hombre sabio—murmuró.

Besé su sien y acaricié su rostro con mis toscas manos. Aún había aspereza en ellas, como si hubiesen conservado la rudeza de la guerra en cada centímetro. Sus ojos se volvieron confusos, las lágrimas fueron evidentes y nuevamente miró a las estrellas. Queríamos pertenecer al mundo, pero llevábamos siglos fuera de él. Sin embargo, nos resistíamos a dejarlo. Él estuvo a punto de morir y yo de quedar perdido para siempre.



viernes, 1 de agosto de 2014

Todo se reduce a un par de sentimientos

Mael me ha hecho llegar esto, me ha pedido que lo comparta y que difunda su mensaje. En sí, estoy de acuerdo en muchas cosas. El mundo muere y la belleza natural parece que aterra al hombre moderno. 

Lestat de Lioncourt 



Los verdes bosques en los cuales crecí, de altos y robustos árboles, prácticamente han desaparecido. El hombre moderno no ve la belleza natural, el deseo imposible de abrazarlos y sentir la vida vibrando dentro de ellos sin necesidad de corazón. Los nuevos hombres, esos que se creen de desafiante inteligencia, no son más que monstruos que no respetan la vida. Ellos sólo ven madera y recursos para lograr alcanzar un nivel económico superior. Sin embargo, sus almas se pudren del mismo modo que se pudren los campos ante una plaga.

En muchas ocasiones he sentido el impulso de salir corriendo, ir en busca de mis viejas raíces y no mirar atrás. Sin embargo, me siento con paciencia en las paradas de autobús de las ciudades modernas. Veo el tránsito de todos y cada uno, tan centrados en sí mismos que no son capaces de alzar el rostro y dejar que otros ojos los escruten. Me concentro en observar las lenguas de asfalto recorriendo cada calle, el temblor del tubo de escape de los vehículos que nos matan con su humo y el continuo cambio de luces en los semáforos. Las ciudades de hormigón, cristal y plástico no son impresionantes. Muchos se golpean el pecho hablando de las grandes infraestructuras, pero yo sólo veo basura acumulándose con fervor.

A veces camino con las manos metidas en los bolsillos, sintiendo que mi pelo se mueve al son de la brisa contaminada e imagino que son los antiguos pastos cultivados de mi pueblo. Puedo sentir el sol incidiendo en mis mejillas, escuchar el murmullo de las arpas o las espadas chocando, y saborear los sabrosos frutos de la primavera. Puedo hacer todo eso porque mi memoria aún es excelente y me niego a olvidar quién fui. Tras miles de años es todo lo que tengo. Mis recuerdos acumulando polvo y sentimientos.

La única maravilla que he encontrado en el corazón de las ciudades, su pequeña dinamita, es que aún hay niños que dibujan el sol en todo lo alto, el cielo azul y hermosos campos que jamás han visto. Está en nuestros genes, sean cuales sean, encontrar el paraíso verde y fresco, la tierra húmeda, el canto de las aguas en movimiento y la vida surgiendo bajo nuestros pies. Lástima que, ya de adultos, todos olvidan ese instinto. El mundo se muere y ninguna de las almas, encerradas en sus ataúdes de mentiras y hormigón, es capaz de salir a reclamar la tierra como algo propio.


Hoy he encontrado un fresno, lo he acariciado recordando las viejas leyendas y el sabor de la hidromiel. He cerrado los ojos y he aspirado el aroma que cargaban sus hojas. Gracias a él he decidido emprender un nuevo camino, buscarlo a él donde sé que se encuentra y rogarle que venga conmigo a los bosques donde nos encontramos. Quiero sentir las caricias del viejo are que tan bien recordamos, aunque sea bajo la oscuridad y un pequeño puñado de estrellas. Su amor es mi único consuelo y apoyo. He aprendido que no importa el tiempo en el cual hemos estado separados, sino el momento en el cual hemos vuelto a estar juntos. Somos dos almas que se han encontrado en éste purgatorio moderno y que comprenden el dolor por el cual han pasado, el deseo que aún les invade y la nostalgia que muestran en sus ojos cuando se contemplan. Todo se reduce a esperanza y amor, como si fuera una vieja leyenda que surge entre las sombras de los edificios más caros y luminosos. Un mundo plástico para dos almas encerradas aún en un árbol, posiblemente una metáfora más de la vida que aún sostenemos. 

sábado, 7 de junio de 2014

¿Y si los dioses mueren?

¿Y si los dioses mueren? Es un relato de Mael, cuenta como empezó todo. Él lo pudo sentir, pues estaba conectado íntimamente con aquellos seres. 

Lestat de Lioncourt 

Ven hermano, ven conmigo.
Acércate al círculo.
Ven y alza las manos hacia los cielos.
¡Imploremos por nuestros guerreros!
Y por los dioses del árbol, nuestros hermanos.

Los árboles, como si fueran gigantes descansando sobre la tierra, se alzaban hacia el cielo de un espeso color plomizo. Las ramas, gruesas y cargadas de hojas, se movían. La tormenta se acercaba. La guerra se recrudecía. Los romanos aparecían allá donde pudieras posar tus ojos, con sus inmaculadas coradas y sus faldas de cuero. Nosotros intentábamos luchar contra ellos, librarnos de su implacable avance, para que nuestra descendencia no cayera en desgracia.

—Mael... —un hombre mucho más joven que yo, de apenas unos quince años, se quedó a mi lado apoyado en un tronco retorcido—. ¿Cantas alabanzas?

—Ruego a los dioses—dije girándome hacia él—Endovéllico se apareció en mis sueños y me rogó que protegiera los bosques, pues una desgracia acaecería sobre los Dioses de los Robles.

—¿Una desgracia?—murmuró asombrado y temeroso.

—No temas, ahora lo único que debes tener en mente es como ensartar tu espada en el enemigo—comenté abriendo mis brazos para estrecharlo—. Será tu primera batalla—murmuré besando sus mejillas—. Ve dentro, las mujeres ya están preparando la carne de los corzos.

Él sonrió asintiendo con energía, completamente despreocupado, y cuando se marchó caí de rodillas llorando, enterrando mis dedos en la tierra mientras rogaba. La desgracia sucedería, lo presentía. Mis cantos de nada servirían, aunque los alzara por encima de las copas de los árboles y me quedara afónico. No, nada podía hacer.


Nota: Endovéllico es un dios celta que protegía los bosques.


lunes, 14 de abril de 2014

Pensamientos de un viejo druida

Bonjour

Miren quien habla de sus sentimientos. ¡El druida tocahuevos! 

Lestat de Lioncourt 


Cuando caminas en soledad, como si fueras un alma en pena, aprendes a saborear los momentos en los cuales tus labios se despegan, emiten tu voz como si fuera un graznido y logras un diálogo más o menos fluido con un viejo compañero. Recuerdo que en alguna ocasión aparecí en el palazzo de Marius. Contemplé su más hermoso discípulo, al menos a sus ojos, moverse con desparpajo por sus opulentas fiestas. Sabía que era una tentación para ese maldito idiota. También sentía que toda su felicidad estallaría y se quedaría sin nada, pero claro era simple superchería de un druida.

Desde tiempos de Jesús llevo caminando por éste mundo en el cual se han librado batallas por dioses que han acabado siendo olvidados, momentos terribles de asesinatos entre hermanos y codicias de tierras que realmente pertenecen a los espíritus que allí aún habitan. Las almas se han alzado hasta los cielos y han hecho llorar a la naturaleza que ha quedado yerma. Nací en un pueblo guerrero, tachado de bárbaro y de ira maldita, pero he conocido a naciones mucho más salvajes.

En éstos momentos contemplo su rostro concentrado en las llamas que se alzan con furia. No puedo dejar de desear tocar sus labios algo finos, su mentón masculino y sus cabellos negros, largos y ondulados, parecen enmarcar su piel de mármol. Avicus regresó a mi lado por alguna oscura razón que no permite confesarme.

Mi amor por ese maldito gigante guerrero comenzó el mismo día que lo conocí encerrado en la corteza de un viejo árbol, el cual aún estaba cubierto de musgo y hermosas hojas verdes. Siento escalofríos todavía cuando sus ojos oscuros se clavan en los míos. Su sonrisa es franca y parece ser el reflejo de su alma tranquila. Las manos ásperas que recorren mi cuerpo son tentadoras y excitantes, pero intento apartarlas de mí porque mato a la soledad que siempre me ha acompañado. Por alguna extraña razón me he convertido en un ser dependiente y he dejado atrás mi pose de místico huraño; la misma pose que sigo reservando para aquellos que quieren conocerme.

Me arde el corazón, como si fuera un bosque en llamas, cuando su boca atrapa la mía y noto como quedo desnudo ante sus apasionados deseos. Tan calmado en apariencia y por dentro es un rayo que te atraviesa de pies a cabeza. Y por ello tengo miedo. Jamás me sentí tan dependiente de su figura, pues quizás en los viejos tiempos tenía mayor fortaleza. Después de mi locura y exposición al sol, de ver mi cuerpo condenado a terribles cicatrices, y del breve amor que desperté en Jesse quizás, sólo quizás, éste druida ha terminado aceptando su parte más vulnerable y él se aprovecha de ello. Aún así le amo inevitablemente pase lo que pase.


Mi terco corazón pertenece a un dios y no está en una cruz.  

sábado, 12 de abril de 2014

My liberty

Bonjour mes amis

Espero que la felicidad les acompañe en este hermoso fin de semana. Dicen que hará buen tiempo durante gran parte de la gran semana cristiana. La pascua ya está aquí así que les deseo a los creyentes lo mejor en sus días de meditación y a los que no creen pues buenas playas, cervezas en las terrazas y mucha diversión. 

¡Qué todos nos lo pasemos bien!


Y bueno, pasando a otro término, aquí dejamos otra poesía de Avicus que no volverá a publicar nada hasta la semana que viene. ¿Por qué? Creo que tendrá que tomar fuerzas para su fic. 

Lestat de Lioncourt

Abrí mis brazos como ramas
estirando mis dedos hasta el cielo
mientras el sonido del viento
parecía doblegarme con su encanto.

Quedé fascinado por los aromas
que transportaba la brisa...
era el perfume de la añorada libertad
que ya no tenía sentido en mi vida.

Fue tu sangre derramada en mis labios
la que me recordó que seguía vivo
y que podía poco despertar
de ésta pesadilla sin sentido.

Por favor, no te marches sin mí.
Por favor, piensa en tus pasos.
Por favor, medita por ambos.
Por favor, ¿qué haré sin ti?

Whispers, dreams and blood.
My liberty.

Agradecido besé tus pies
y coloqué en mi cabeza una corona...
las flores comenzaron a surgir
sin espinas y con pétalos carnosos.

Eran tus labios los que creaban el milagro
y el amor surgió de entre tus cristalinas aguas
que inundaban tu frívola mirada.
Tan sabio y perverso, tan libre y encadenado.

Fue tu voz quebrada por la emoción
la que me hizo despertar de la pesadilla,
y el bombeo incesante de tu joven corazón
el que doblegó al Dios que yacía en mi interior.
Por favor, no te marches sin mí.
Por favor, piensa en tus pasos.
Por favor, medita por ambos.
Por favor, ¿qué haré sin ti?

Whispers, dreams and blood.

Your god.  

miércoles, 9 de abril de 2014

Eternal Life

Bonjour

Avicus dedica ésta hermosa poesía a Mael. Mael pégate con un canto en los dientes porque esto es mítico.

Lestat de Lioncourt 


Abriste los brazos buscando la salvación
y encontraste la oscuridad de mis besos.
Mis labios rozaron tu piel y te hundiste
en aquellos misericordiosos sueños.

Forest, fire and blood

Te recuerdo postrado ante mí
con la mirada perdida en tus miedos
y como colaste tus dedos en la tierra
rindiendo tus fuerzas ante tu Dios, ante mí.

Forever in the darkness.
just in peace in the forest.
Your soul are mine.
Starting of your happiness...
Eternal life; our eternal life.

Tu cuerpo era la encarnación de la humanidad,
allí donde la fragilidad tiene su nido
y canta alegres canciones en el paraíso
donde tú y yo hallaremos al fin la tranquilidad.

Forest, fire and blood

Nos encontramos en el silencio de la noche,
las llamas se alzaban hacia el oscuro cielo
y tus manos ciegas tocaron mis mejillas
sintiendo al fin tu alma en aquel roce.

Forever in the darkness.
just in peace in the forest.
Your soul are mine.
Starting of your happiness...
Eternal life; our eternal life.

Te amé profundamente desde el primer segundo
y supe que ambos caminaríamos por senderos
más duros que nuestros vampíricos corazones.
Aún te amo sin importar nada; ambos somos uno.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt