Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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domingo, 13 de septiembre de 2015

Dolor, dolor...

Esto lo encontró Jesse hace unas noches y me lo envió por Fax. Creo que es de las últimas noches de Khayman. Lo comparto con ustedes.

Lestat de Lioncourt


Busco el remedio para éste dolor. Intento encontrar en sus palabras la verdad que creía olvidada, desterrada de mi camino y enterrada en la cuneta de una vieja carretera. Eché cal a mis heridas, dejé que apareciera el hueso y acepté el dolor como único camino. El amor vino precedido de una muerte, igual que la paz. La locura no me deja pensar. Escucho una voz. La voz me habla con ímpetu, me seduce, hace que crea que todo está bien y lo que yo deseo sólo es hipocresía barata. Quiero llorar. Te juro que quiero llorar. Ahora mismo estoy llorando. Redacto ésta carta y estoy llorando. La vista se emborrona, las letras se pierden y el hilo de mis pensamientos parece confuso.

Ya no sé el motivo por el cual redacto ésto en una vieja libreta. La he tomado de la repisa, me he sentado en la mesa y he empezado a escribir. Ni siquiera sé cuál es el idioma en el que me expreso. No es mi idioma natal, es uno extranjero, pero desconozco su nombre. No sé quién soy ahora mismo, sólo sé que tengo sed y quiero matarlos a todos. Ellos causan mi dolor. ¿Cuál dolor? Sólo siento un terrible dolor de cabeza. Un terrible dolor. Alguien agujerea mi alma, mi pecho... ¿o es mi cerebro?

Sangre. Tengo sed. Quiero sangre. La sangre se acabó. Pero noto su delicioso sabor en mi lengua, entre mis dientes y rezumando de mi camiseta. Huele a humo. También huele a humo. Me pierdo. Debo leer las líneas anteriores para entender lo que quería contar. Tengo miedo. Estoy perdiendo el juicio y ya no sé si lo merezco. Noto el cansancio en mi cuerpo, pero no quiero dormir. Si duermo al despertar estaré frente a una pira funeraria de miles de vampiros. Ellos chillan, me culpan de su muerte, pero no entiendo porqué lo hacen.

Que alguien me ayude. Que alguien ayude al mundo.


Creo que soy Khayman. ¡Sí! ¡Así me puso mi madre!  

domingo, 12 de julio de 2015

Supervivientes

Daniel Molloy ha decidido compartir con nosotros esta reflexión. Esperamos que os interese.


Lestat de Lioncourt 


El mundo tiene demasiadas escalas sociales, aunque esto ocurre desde sus albores. Sin embargo, en los primeros años del hombre sobre la tierra poseían una organización similar a la que disfrutamos los vampiros hoy en día. Era una pirámide marcada, aunque simple. Los ancianos eran quienes destacaban entre los moradores de los pueblos, ellos eran los dirigentes y se escuchaba también a los guerreros. El resto participaba, pero era una participación más nimia donde tan sólo dejaban ciertos matices ante los puntos de vista de las esferas superiores.

Actualmente el ser humano arrincona a los ancianos en horribles edificios donde los abandonan y olvidan. Ellos se quedan desconsolados contemplando las paredes vacías de recuerdos, algunos con la mente perdida en viejas fotografías que ya ni siquiera existen y cientos con la angustia de saberse un trasto inútil que se irá apagando lentamente. Se han convertido en escombros de aquello que fue parte de la civilización. Muchos apartan la vista sin saber que ese pasado, el que les intenta hablar, pronto serán ellos y se verán en las mismas penosas circunstancias. Sin embargo, los jóvenes no piensan en el tiempo perdido y en las oportunidades concedidas. Ni siquiera creen que las arrugas y la muerte son algo habitual en todo ser humano, si bien el miedo los alienta a desear ser inmortales.

Nosotros tenemos una civilización que está basada en el diálogo. Se tiene en cuenta a los más antiguos y en aquellos que poseen ciertas capacidades especiales. No se olvidan a los jóvenes, así como a los más débiles, porque es para ellos por quienes luchamos. En los últimos tiempos tuvimos un conflicto que provocó que muchos murieran. El dolor fue terrible, la pérdida incalificable. Actualmente nos movemos con los pies de plomos y acatamos unas normas, una forma de vivir y unas necesidades delimitadas por aquellos que nos dirigen.


El mundo que estamos construyendo no sólo servirá para los más ancianos, sino también para los jóvenes. Hay cabida para todos entre los nuestros. Desconozco porque los seres humanos olvidan y aíslan a muchos de sus mayores. Quizás es el miedo de verse reflejado en la inevitable muerte.

viernes, 5 de junio de 2015

Skeleton...

Benedict vio un esqueleto quemando todo, con una túnica similar a la de Santino, y al parecer sí era él.

Lestat de Lioncourt


Solía escuchar que el tiempo cura las heridas, las cuales terminamos lamiéndonos cada cicatriz en la oscuridad. No todo va bien. Nunca marchará como deseamos. El mundo no te regalará nada. Nuestro llanto, dolor y amargura puede ser eterna si nuestro camino es retorcido. Lo fácil jamás será gratificante, pues en cada golpe de fusta hay un rayo de esperanza para el descanso de nuestra alma. Nos empeñamos en seguir viejos sueños, aunque ya estén desgastados, porque si nos rendimos perdemos parte de nosotros en el camino. Somos incapaces de renunciar.

Las heridas de mi cuerpo son infinitamente menores a las que siente mi alma. Siempre juzgué a otros creyendo que era lo correcto, mi deber y la misión que me había sido encargada por el mismísimo Dios a través de las fuerzas oscuras que dominan el Infierno. Sin embargo, acabé saboreando el dolor, la penuria, la rabia, la impotencia y la ira. Di con mis huesos a las celdas de la oscuridad. Me sentí condenado. Sólo un ángel y una mujer con aspecto de virgen María, o Santa salida de los frescos de una iglesia, salvaron parte de mis años más terribles. Él hizo que el mundo se quebrara y ella terminó destrozando los escasos muros que se sostenían en pie. El vacío fue terrible y me precipité al abismo, allí donde las almas penan y los sueños parecen convertirse en cenizas.

Busqué mis viejas aspiraciones, la bondad perdida y no hallé nada más que viejos recuerdos. Enterré mis lágrimas junto a viejas reliquias y caminé por la tierra con una vida impía. Me alejé de Dios, el Demonio y cualquier versículo que pudiese recordarme lo estúpido que llegué a ser. Caminé sin rumbo durante mucho tiempo, pero finalmente encontré el hogar en los brazos de la muerte de cada una de mis víctimas.


Era un vampiro antiguo, poderoso y solitario. Muchos no llorarían mi pérdida. En sí, jamás pensé que alguien pudiese sentir lástima por mi destino. Cuando estallé en llamas y fui dado por muerto pensé que jamás debería reaparecer. Me enterré en la tierra fresca y fértil, busqué cuidar mis heridas y aceptar el maleficio de mis viejos actos. Sin embargo, acabé despertando con ideas terribles y destructivas. Hice arder a jóvenes y antiguos. Me convertí en un esqueleto que danzaba cortejado por las llamas del Infierno.  

viernes, 8 de mayo de 2015

Corrupto

Nicolas nos ofrece uno de sus poemas.

Lestat de Lioncourt


Corrupción


Soy la manzana que mordió Blancanieves,
el ángel redentor que jamás volvió a los cielos
y el egoísta ejecutor que murió en soledad.

Soy retazo de una marioneta de blanca tez
que se mueve por el mundo moviendo sus hilos,
y en estos momentos represento en tu ciudad.

Pétalos de sangre, margaritas deformes,
amapolas de verde envidia desatada,
son las perturbadoras flores a santos disconformes.

Cree en mí, en ésta dulce mentira, por favor.
Yo bailaré con aquel que no es justo de corazón.
Te haré reír mientras pierdes tu orgullo y amor.

Borraré al fin lo que fuiste una vez,
y tu pasado quedará sin mácula.
Sólo desea y al fin serás el gran pez...

Devorarás el mundo conmigo.
Perderás el alma a mi lado.

Ven, toma mi mano, amigo.

Dolor

Santino fue un gran maestro para Armand, aunque Marius no lo ve así.

Lestat de Lioncourt

—El dolor es eso que nos carcome a todos como si fuéramos muebles cargados de polillas. Sin embargo, esas polillas son parte de nosotros. Es una infección que puede fortalecernos. Nuestros pasos pueden volverse más inseguros, torpes e incluso erráticos. Con el tiempo nos volvemos fríos, temibles y audaces. Cada pisada nos aproxima a la reconciliación de nuestras heridas—su rostro estaba ligeramente iluminado por el fuego.

Jamás había visto a un hombre con sus facciones tan duras, pero atractivas. Tenía unos ojos castaños muy intensos, con pestañas muy pobladas y ligeramente almendrados. Poseía una boca carnosa y un mentón fuerte. Tenía el rostro mal rasurado y la piel ligeramente tostada.

—El dolor nos impulsa a recorrer el mundo y buscar nuestro sendero—sonrió amargamente—. Para los seres como nosotros, cargados de dolor y miseria, sólo queda un camino. Somos los hijos de Satán. Tenemos que seguir a la serpiente que nos echó del Paraíso y nos dotó de una capacidad sobrehumana.

Recordaba los frescos que había pintado Marius. Vino a mí el olor del óleo, las pinturas, la mezcla con el huevo, el ruido del pincel sobre el lienzo o el muro, las luces y sombras, la ira de los dioses, los hermosos ángeles, la Natividad representada de mil formas, mis alas negras cubriendo mi espalda desnuda y mis ojos clamando piedad a una corte celestial y también, porqué no, recordé a los clérigos encerrados en sus celdas sin disfrutar la belleza de la vida, el sabor amargo del vino y del pan recién horneado. Vino a mí, como por arte de magia, el sabor del salitre y las lágrimas derramadas en las inmundas bodegas. Pude escuchar el crujir de las tablas del barco, y como casi zozobraba, mientras los golpes venían de un lado a otro y mis piernas tenían que abrirse ante los placeres de otros y las crueldades de muchos.

—Puede volverte loco—susurré.

—No si eres fuerte. Y tú lo eres. Harás de tu corazón la piedra angular de tu poder—se incorporó de su silla de respaldo alto, acarició con cuidado un cráneo de uno de los mortales que había lanzado a las llamas y me lo dejó entre mis manos—. Mira sus cuencas. Hace unas noches tenía vida y ahora sólo es el símbolo de la muerte. Nosotros somos ese símbolo—me tomó del rostro y me miró a los ojos profundamente. Era inquietante ver a un hombre tan atractivo con esas facciones tan duras, pero a la vez bondadosas. Me recordaba a un santo. Quería pintarlo, pero estaba olvidando incluso ese pequeño placer. Jamás fui un grande ni consideré ese mi oficio. Pero quise hacerlo—. Si deseas amor que sea el de Satán, no el de tus víctimas. Los mortales deben temernos, pues ahora nos desprecian y se burlan de nosotros disfrutando de una vida que nos fue injustamente arrebatada. Nosotros los condenamos en nombre de Dios y del Diablo.



domingo, 23 de noviembre de 2014

Dolor

Armand empieza a intentar dejar a Marius, pero dudo que lo logre. 

Lestat de Lioncourt 


—Debería olvidarme de ti, de mis sueños y todo lo que una vez quise tener. Mi vida se ha convertido en un terrible enjambre de dolor y decepciones. Sin embargo, siento que me fundo en ti lentamente cuando me tocas. Mi alma tiembla mientras me mientes, besas y juras que me amas. Quiero creerte, pero sé que debería huir antes de sentir tu rabia—dije apretando los puños.

—Olvidar es terriblemente complicado—contestó sin bajar el pincel. Sus ojos fríos y azules se concentraban en las numerosas pinceladas de su nueva obra. Parecía una estatua de mármol, pero sus elegantes movimientos le conferían una vida extremadamente sensual. Sus labios parecían cincelados, al igual que sus pómulos y su mentón. Tenía el cabello suelto y rozaba su pecho por encima de su túnica borgoña.

—Aún lo es más amarte—respondí.

Dejó el pincel sobre un pequeño soporte, se apartó del caballete y se aproximó a mí. De inmediato di un par de pasos hacia atrás, mirándole con cierto temor. No quería que me tocara, besara y susurrara palabras tan falsas como las estrellas del fresco que estaba sobre nuestras cabezas.

—Te amo, querubín—dijo tomando mi rostro entre sus manos, abarcándolo con una delicadeza inusitada en un gigante como él.

—Mientes—chisté a punto del llanto. Contenía mis lágrimas intentando ser todo lo fuerte que jamás había sido. Una fuerza que se debilitaba con su sola presencia. Quería sentir sus brazos rodeándome. Si bien, quería convencerme a mí mismo que ya no había nada por lo que luchar.

—No. No dudes de mi palabra—musitó inclinándose hacia mí, pero retrocedí. No acepté su beso. No podía aceptar que me besara.

Podía sentir sus labios rodando por mis mejillas, igual que mis lágrimas. Si bien, me alejé. Sabía que él amaba a otros, que tenía el corazón dividido mil veces. El mío, mi frágil corazón, se estaba quebrando. Esperaba aún que me buscara, pero sólo se alejaba aún más. El mundo nos había dividido. El amor que teníamos se estaba esfumando.

—Dudo de tu amor—susurré—. No dudo sólo de tus palabras, sino del amor que alguna vez me tuviste.

—¡Cómo te atreves! ¡Te lo di todo!—gritó furioso.

—No—dije tembloroso. Temía su ira, pero a la vez deseaba sentir que se molestaba ante mí. Necesitaba creer que me amaba y que le molestaba saber que me alejaba.

—¡Te di el mundo entero! ¡Te salvé y coloqué mis sentimientos a tus pies!—me agarró de los brazos sacudiéndome con fuerza, provocando que mis largos cabellos pelirrojos cayeran sobre mi rostro.


Rompí a llorar quejumbroso. Me dolía. Era terriblemente doloroso. Como pude me aparté de él y huí. Corrí por el palazzo buscando la salida, pues no deseaba escuchar ni una mentira más. Estaba tomando una terrible decisión. Sabía que su ira me alcanzaría y me torturaría durante años. Si bien, necesitaba huir. Al encontrar la puerta principal, tomando el pomo para abrirla de un empujón, y sentí la liberación final en el aire turbio de los canales. Pronto noté que mi alma se hundía en la miseria, del mismo modo que una barca que se pudría tras años de olvido. Amarlo siempre me había condenado, pero después de todo lo ocurrido ya ni siquiera era capaz de mantenerme en pie aceptando la verdad.  

domingo, 28 de septiembre de 2014

Corazón de piedra

Y aquí ataca Armand de nuevo con su momento emo. Por favor, clinex para el muchacho. 

Lestat de Lioncourt 


Tal vez mi corazón se está ennegreciendo, convirtiéndose en una esmeralda oscura o un trozo de alquitrán. Es posible que el rencor que anida en mí me convierta en un monstruo, cada vez más horrendo y perverso, que camina entre los hombres con el aspecto de un muchacho. Estoy perdiendo la batalla. Mis sueños se han ido muriendo, igual que el mundo, convirtiéndose en humo para después disiparse. Veo la verdad en los ojos de otros, pero en los míos sólo muestro una máscara perfecta.

Creen amarme. Realmente creen amarme. Me dicen palabras tiernas, rodean mi cuello y besan mis mejillas como si fuese su ángel de la guarda. Sin embargo, sólo soy la muerte con hermosos ojos castaños. Soy quien trae para ellos el último momento. Sus besos, sus palabras cargadas de pasión, se convierte en veneno mientras dreno sus venas. Quedo convertido en el miserable que soy. Cada vez más abatido. Por eso, y por muchos otros motivos, me deleito con la sangre de otros como yo. Me he convencido que es lo correcto y con ello puedo vivir, por eso puedo permanecer firme.

¿Qué queda del niño que había sido bendecido por Dios? ¿Queda algo de él en mí? ¿Sigo siendo el futuro monje que quedaría recluso, casi a pan y agua, para ver a Dios en sus sueños y pesadillas? No lo sé. Creo que él murió hace mucho tiempo en Kiev, quedó sepultado por las últimas nevadas del invierno y su corazón, tierno y soñador, quedó cubierto de una pátina de hielo. He sentido tanto daño, he conocido la maldad en su más pura expresión y, por último, la bondad más misericordiosa y limosnera de las manos de un amante.

Él fue mi Dios. Él me liberó y a la vez me arrancó las alas, pluma por pluma, cuando me convenció que jamás volvería a sufrir. Pero no fue así. No sólo tuve que sufrir mi destino en un burdel, las palizas de aquellos que me secuestraron de los brazos de mi padre, y las humillaciones de los clientes. No. Tuve que asumir que él había desaparecido de mi vida, y con él los lujos y lisonjas. Todo lo que llegué a amar en Venecia quedó reducido a cenizas, humo y sueños.

¿Qué fue lo peor? Saber que seguía vivo. Él, tan grandilocuente y aventurero, pudo salvarme y no quiso. Me convertí en un lastre, una figura desdibujada en su historia, y narró las maravillas que vivió mientras yo sufría. Me despojaron de todo lo que creía, me arrojaron a una fe cargada de retorcidas afirmaciones y quedé vacío. Me vaciaron el corazón. Mi alma quedó en una celda confinada.


Ahora, después de siglos de sufrimiento y momentos trágicos, me miro al espejo y sigo sin reconocerme. Soy una bestia sedienta, un ser grotesco, con una encantadora sonrisa que enloquece a todo aquel que me observa. Soy el cazador y el lobo, la noche es mi reino y en mi reino arranco los corazones de los cuales bebo sin descanso. El mío, como he dicho, quizás se está convirtiendo en piedra.  

viernes, 1 de agosto de 2014

Todo se reduce a un par de sentimientos

Mael me ha hecho llegar esto, me ha pedido que lo comparta y que difunda su mensaje. En sí, estoy de acuerdo en muchas cosas. El mundo muere y la belleza natural parece que aterra al hombre moderno. 

Lestat de Lioncourt 



Los verdes bosques en los cuales crecí, de altos y robustos árboles, prácticamente han desaparecido. El hombre moderno no ve la belleza natural, el deseo imposible de abrazarlos y sentir la vida vibrando dentro de ellos sin necesidad de corazón. Los nuevos hombres, esos que se creen de desafiante inteligencia, no son más que monstruos que no respetan la vida. Ellos sólo ven madera y recursos para lograr alcanzar un nivel económico superior. Sin embargo, sus almas se pudren del mismo modo que se pudren los campos ante una plaga.

En muchas ocasiones he sentido el impulso de salir corriendo, ir en busca de mis viejas raíces y no mirar atrás. Sin embargo, me siento con paciencia en las paradas de autobús de las ciudades modernas. Veo el tránsito de todos y cada uno, tan centrados en sí mismos que no son capaces de alzar el rostro y dejar que otros ojos los escruten. Me concentro en observar las lenguas de asfalto recorriendo cada calle, el temblor del tubo de escape de los vehículos que nos matan con su humo y el continuo cambio de luces en los semáforos. Las ciudades de hormigón, cristal y plástico no son impresionantes. Muchos se golpean el pecho hablando de las grandes infraestructuras, pero yo sólo veo basura acumulándose con fervor.

A veces camino con las manos metidas en los bolsillos, sintiendo que mi pelo se mueve al son de la brisa contaminada e imagino que son los antiguos pastos cultivados de mi pueblo. Puedo sentir el sol incidiendo en mis mejillas, escuchar el murmullo de las arpas o las espadas chocando, y saborear los sabrosos frutos de la primavera. Puedo hacer todo eso porque mi memoria aún es excelente y me niego a olvidar quién fui. Tras miles de años es todo lo que tengo. Mis recuerdos acumulando polvo y sentimientos.

La única maravilla que he encontrado en el corazón de las ciudades, su pequeña dinamita, es que aún hay niños que dibujan el sol en todo lo alto, el cielo azul y hermosos campos que jamás han visto. Está en nuestros genes, sean cuales sean, encontrar el paraíso verde y fresco, la tierra húmeda, el canto de las aguas en movimiento y la vida surgiendo bajo nuestros pies. Lástima que, ya de adultos, todos olvidan ese instinto. El mundo se muere y ninguna de las almas, encerradas en sus ataúdes de mentiras y hormigón, es capaz de salir a reclamar la tierra como algo propio.


Hoy he encontrado un fresno, lo he acariciado recordando las viejas leyendas y el sabor de la hidromiel. He cerrado los ojos y he aspirado el aroma que cargaban sus hojas. Gracias a él he decidido emprender un nuevo camino, buscarlo a él donde sé que se encuentra y rogarle que venga conmigo a los bosques donde nos encontramos. Quiero sentir las caricias del viejo are que tan bien recordamos, aunque sea bajo la oscuridad y un pequeño puñado de estrellas. Su amor es mi único consuelo y apoyo. He aprendido que no importa el tiempo en el cual hemos estado separados, sino el momento en el cual hemos vuelto a estar juntos. Somos dos almas que se han encontrado en éste purgatorio moderno y que comprenden el dolor por el cual han pasado, el deseo que aún les invade y la nostalgia que muestran en sus ojos cuando se contemplan. Todo se reduce a esperanza y amor, como si fuera una vieja leyenda que surge entre las sombras de los edificios más caros y luminosos. Un mundo plástico para dos almas encerradas aún en un árbol, posiblemente una metáfora más de la vida que aún sostenemos. 

lunes, 2 de junio de 2014

Dolor

Nicolas ha creado estas pequeñas memorias donde deja claro el vacío que ya sentía y mi estupidez... lo reconozco, fui estúpido.

Lestat de Lioncourt 

DOLOR

Gota tras gota la cera caía sobre el papel, para manchar por siempre su blanquecina figura, antes de colocar el sello. Dentro de aquel estrecho sobre, el cual había cerrado con ciertas dificultades, había una carta de amor que nadie leería salvo él.

—Cada verso, cada verso... —murmuró antes de colocarlo en una palangana de latón, la misma que había usado por la mañana para lavar su rostro, junto a otros documentos que hasta ese momento pensó que eran importantes.

Había derramado tantas lágrimas, sufrido tanto, que a veces se preguntaba como podía mantenerse en pie. Quizás era una de esas marionetas a las que solía escribirle melodías tétricas y confesar con sus labios, tan perfectamente pintados, cientos de misterios que no debía conocer. Era un músico simple, pero con una mente tan torturada como retorcida. Guardaba en su pequeño cajón obras completas repletas de dolor, amargura, venganza y pasión; pues para él, para Nicolas, la tragedia era el encanto de la vida y su verdadero misterio.

—Nicolas—su propio nombre en sus propios labios—. Nicolas de Lenfent—musitó—, el ser más patético de París.

Buscó la caja de cerillas que estaba en la mesa, prendió una y la arrojó al montón de documentos. Después, con aire solemne, se sentó frente al fuego para ver como se consumía cada palabra. Creía que así se libraría de sus pensamientos más grotescos, o al menos de ese modo lo había leído en un libro prohibido. Posiblemente si lo tomaban con él entre sus manos, sus delicadas y hermosas manos, terminaría siendo acusado de brujo.

Cuando todo terminó se deshizo de las cenizas, decidió vestirse apropiadamente y tomó su violín. Sin embargo, nada más cruzar la puerta lo vio. Era él, Lestat, vestido de forma elegante y con una sonrisa en sus labios. Había carta de su madre, el dinero ya había sido repartido para todos los músicos y actores del teatro, y se sentía dichoso. Esa maldita sonrisa, tan llena de esperanza, le hizo caer de nuevo llorando en silencio sin lágrima alguna. No había remedio, pues la condena del amor es así... pecado tras pecado.


Te di mi corazón entre mis dedos de magnolias,
convertí mi alma en una lámina de pecado
que envolvió la tuya captando la luz de tus ojos.
¡Ni siquiera te diste cuenta cuanto dolía!

Fue terrible ver como de tus dedos surgían espinas
y que la luz no era más que tinieblas ancestrales
cubriendo mi sonrisa, mi talento, mi libertad...
¡Ni siquiera pusiste precio factible a mi vida!

¿Qué fui para ti? Sólo era un demonio.
Tú, el ángel de los cielos y príncipe de todo...
Sonreíste iluso mientras me consumía el odio.

¿Alguna vez me amaste de algún modo?

jueves, 7 de noviembre de 2013

Limpiando el dolor

Bonsoir mes amis

Les ofrecemos en esta ocasión a Armand en sus pensamientos previos en una noche de caza distinta. 
Lestat de Lioncourt


Limpiando el dolor


Puedo asegurar con total rotundidad que mi vida no ha sido una obra de arte maestra, sino un camino lleno de desafortunados errores que han tenido su respuesta a lo largo de los años. He comprendido como el fracaso más absoluto puede crear heridas que jamás se salvan y como un corazón trémulo puede llegar a convertirse en mármol. El amor ha estado rodeándome, bailando junto a mí y quemándome como si fuera el fuego de una enorme hoguera donde limpiar el mundo de impíos pensamientos.

Cada caricia que me han ofrecido he tenido una bofetada, herida nueva o insultos crueles. He ganado como perdido y he reconocido fracasos tan terribles que hubiesen destruido a otros. Sin embargo, lo único que he logrado hacer ha sido sacudir mi túnica, mirar a mi alrededor y acomodar mis cabellos de sangre. Mis ojos tienen un toque dorado que cautiva a todo aquel que los contempla, se quedan hechizados con mi aspecto y sonrío como si aún tuviese la inocencia que me fue arrebatada el día de la ira.

No soy un chiquillo abandonado a su suerte, más bien soy un asesino que se maneja con astucia mostrando la faceta que más le agrada ver a otros. Muchos me admiran por mi belleza, otros por mi inteligencia, algunos me tienen lástima por todo el dolor que he soportado como una enorme losa en mis espaldas desprovistas de alas y la minoría me temen. Los más sabios son los últimos pues soy un monstruo cruel y desgarrador que sonríe con encanto mientras juego con todos como si fueran figurillas.

Posiblemente he olvidado muchos detalles de mi vida y por más que intente recupera estos sólo son borrones. Puede que eso me mantenga sereno, aunque sólo en apariencia, y provoque liberación cuando doy muerte a alguien con un futuro espléndido. No me interesa la bondad paupérrima y superflua que muchos dicen tener. El verdadero don está más allá de la superficie y hay que indagar sobre ello.

Hoy observando el glorioso espécimen que está situado sobre la camilla metálica y fría de mi escondrijo, al cual he denominado laboratorio especial, me pregunto por unos segundos si sentirá miedo ante mí. Sus ojos vidriosos me hablan de recuerdos llenos de luz de sol bañando las costas que tanto ama, esas mismas que no volverá a ver, y de mujeres hermosas que han visto sus corazones rotos por sus crueles mentiras. Ahí, refugiado en su pecho, hay un corazón que aún palpita mientras que su cuerpo se retuerce. Quiere liberarse, pero eso no le hace especial ni particularmente interesante.

En cuanto beba su sangre me desharé de él arrojándolo al pantano, escavando una tumba sin nombre en el jardín del patio trasero o simplemente incinerándolo en una hoguera. Nadie más volverá a verlo. Yo seré la muerte, sacerdote, enterrador y quien sepa realmente donde está hasta que me olvide de su estúpida belleza y sus cabellos dorados.


Seguramente él no me aporte consuelo al nuevo desplante de Marius, pero al menos calentará mi piel y dará rubor a mis mejillas. Se sacrificará por darme la oportunidad de ver la noche desde otra perspectiva saboreando su dolor.  

domingo, 20 de enero de 2013

Dulce Infante






Dedicado a la Damita Inmortal... Claudia
Dedicado a Anne Rice


¿Qué hay más allá del dolor?
¿Qué es la tristeza absoluta?
¿Existe el verdadero triunfo?
Mírame, atrapada aquí para siempre.


Dulce nana de muerte para ti, padre.
Madre y padre, amargos sean vuestros pasos.
¡Lanzad vuestros cuerpos al fuego!
¡Necesito que sentáis mi dolor!


Siempre una eterna dama en miniatura,
la muñeca perfecta para dos estúpidos.
Reíais a mi alrededor y yo era infeliz...
¿Por qué vosotros sí y yo no?


Miradme a los ojos y no balbuceéis...
No, no quiero estúpidos lloros otra vez.
¿No me habéis llorado bastante?
¡Y sin embargo eso no me sacia!


¡Quiero más de vuestro dolor!
¡Quiero vuestros corazones rotos!
No merecéis ser felices, no lo merecéis.
Vosotros cometisteis este caprichoso crimen.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt