Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 30 de abril de 2016

El rock purifica

El último bastión de libertad se llama rock. Reconozco que es una droga dulce que se inyecta con facilidad y provoca un placer incomparable. He recorrido el mundo con cientos de canciones aullando las miserias de mi alma. Disfruto echándome en la cama de cualquier hotel, por mediocre que sea, con los auriculares puestos susurrándome versículos prohibidos sobre placeres carnales, destrucción y libertad. El rock es rabia, placeres y seducción de las masas. La protesta social se ha mezclado con letras profundas y otras suaves que endulzarían cualquier corazón hasta provocar que el cuerpo caiga rendido.

Conocí por casualidad esta música y ya no sé vivir sin ella. Es increíble que me deje llevar por su eléctrica sensación teniendo en cuenta que no soy humano, que mi época quedó atrás hace tiempo y que debería alejarme de sus canciones cargadas de voces desgarradas. Sin embargo, no es así. Quizá me convertí en vampiro porque debía conocer este tipo de sensaciones. La rebeldía del rock me ha hecho fuerte y ha logrado que rompa cada uno de mis miedos en mil pedazos.

Suelo tomar mi Harley para hacerla rugir y permitirle al mundo que conozca mi pasión. He recorrido las carreteras como un alma endiablada mientras gritaba libertad. Jamás he usado las medidas de seguridad porque no voy a morir, nunca moriré. Mi dorada melena al viento, completamente revuelta y enredada, es como un símbolo de locura y placer.

Admito que la música siempre me hechizó potenciando mis sentimientos, adentrándome en un valle de lágrimas o de coros celestiales, hasta límites que ni siquiera puedo explicar. He experimentado un placer infinito en mitad de grandes eventos pero sobre todo cuando subí a ese escenario, grité mi nombre y todos comenzaron a corear mis canciones. A veces me pregunto qué hubiese pasado si Akasha no hubiese matado a cientos de jóvenes ese día o si fue ella la única que controlaba sus pensamientos.

Hoy me da fuerzas distintas cada canción, pero en ocasiones recuerdo únicamente a una persona cuando la música se vuelve turbia, las letras torcidas y las voces parecen lamentarse por tiempos pasados que parecen mejores. Su silueta aparece de la nada frente a mí con el rostro cubierto de rabia contenida. Puedo ver con claridad a Nicolas moviéndose por la habitación y retorciéndose con su violín que se eleva incluso por encima de las canciones que yo tarareo.

Reconozco que no soy capaz de olvidarlo. Amo profundamente a Louis. Sé que mi vida sería miserable sin él. He aprendido a aceptar que no soy capaz de vivir sin pensar en sus ojos verdes, sus labios de palabras profundas y tristes, sus constantes consejos que caen en saco roto y sus brazos confortables que me rodean ocasionalmente. Me gustaría que dejase de llorar por mi culpa pero soy incorregible. Sin embargo, si me pongo a pensar no hubiese conocido a mi gran amor si el primero de todos, aquel que nos moldea y se queda por siempre tatuado en nuestra alma, no hubiese muerto.

Bajé a los infiernos buscando respuestas. No sólo quería hablar con Memnoch. Reconozco que quería encontrarlo y pedir disculpas una y otra vez, aunque él no las aceptara y me destrozara el corazón una vez más. También contuve la respiración y la esperanza entre mis manos mientras me mostraba la casa de Dios. El Cielo parecía placentero alejado de la tortura física y la escasa certeza de que todos compartían. No lo encontré. No hallé a nadie que pudiese darme una pista. Él tampoco ayudó. Al parecer Memnoch no se percató de mis ansias de volver a ver a Nicolas.


Esta noche he escuchado una canción que me ha destruido por completo. Estoy escribiendo esta carta en un motel barato de carretera. La música suena con fuerza en mis audífonos y dejo que mis lágrimas manchen mi rostro una vez más. Jamás había escuchado a este artista y creí que el rock estaba decayendo desde hacía algunos años. He necesitado ordenar mis pensamientos y dejarlos plasmados. Detesto que muchos crean que el rock no muestra sentimientos y que sólo es vanidad. Hay estúpidos que aún creen que las revueltas sociales se dan por puro capricho y no por el sentimiento de impotencia, ira y dolor que siente el pueblo. La rebeldía es una muestra más de un sentimiento de disconformidad. El amor de sus baladas y el murmullo de canciones como estas que me hacen recordar lo estúpido que fui, lo ciego que estuve y lo torpe que sigo siendo.


Lestat de Lioncourt   

jueves, 15 de octubre de 2015

Rock

Noté la música rugiendo en las calles, junto al motor de las pesadas harleys, y quise salir. Podía escuchar el bullicio de miles de almas buscando un guía, la luz dentro de la oscuridad, y yo poseía esa luz. Tenía una verdad que contar y ahí fuera, lejos de mi encierro, yacían nuevos sueños que conquistar, metas que alcanzar y sangre que saborear. Mis largos y huesudos dedos escarbaron hacia la superficie, los animales que fueron apareciendo saciaron ligeramente mi sed, y al surgir me sentí más fuerte e invencible.

Dije adiós a la pesadilla, las heridas, las cicatrices, el dolor, el humo, las mentiras y el silencio. Saludé al asfalto, los altos edificios, las luces de neón que brillaban más que el sol mismo y recorrí las calles buscando víctimas como un gato cerca de una alcantarilla. Me deslicé por las sombras y robé vidas, tantas como pude, para luego contemplarme en uno de los espejos de los vehículos apilados en la acera aledaña a mi propiedad. Hermoso, volvía a ser hermoso. Di la bienvenida a todo lo que amaba y reí. Creo que me jacté de nuevo del destino y dejé que mis oídos prestaran atención.

¡Música! Maldita y entregada al caos, desprovista de creencia alguna más allá del triunfo y la gloria temprana, que tanto me apasionó. Era la recompensa a años de silencio. Corrí por las calles y llegué hasta un grupo de mortales. Ellos no creían lo que veían ni creyeron mi historia, pero aceptaron mi dinero y talento.


El rock me despertó, me trajo la savia nueva, y me llevó al límite del placer. ¡Cuánto le debo a esa música del demonio! Porque gracias a ella me hice guía de almas, comunicador de escéptico y desperté a la Bella Durmiente. Aquello que hoy somos es gracias a mi descubrimiento, que en realidad fue la canción de cuna que terminó dándome las energías necesarias para aullar en un escenario... ¡Casi dos siglos después!  

Lestat de Lioncourt 

jueves, 13 de noviembre de 2014

I'm gonna live forever

Cada noche es una nueva canción que sólo se interrumpe con los primeros rayos del sol. La oscuridad puede seducirnos hasta provocar que nos perdamos por las diversas sendas del jardín salvaje. Nos movemos como si fuéramos ángeles, pero no somos más que demonios esclavos de las pasiones más mundanas. Sigo buscando la belleza como si fuera un oasis. Me fascina la capacidad humana para sobrevivir y vencer sus miedos. Quedo anonadado por la increíble inventiva. Si bien, siguen siendo frágiles y se deshacen fácilmente entre mis colmillos. Son unos encantadores soñadores de los cuales extraigo sueños, recuerdos y sangre. Me deleito con sus últimos momentos, saboreo el punzante sabor de la maldad que ellos contienen como si fuera su escapatoria fuera de este mundo, y finalmente, cuando ya no queda nada, los dejo a un lado como si soñaran.

Suelo viajar solo. Me gusta ser un rebelde. Soy el rebelde de siempre. Llevo conmigo mis propias leyes y pactos, las cuales quebranto únicamente por mera diversión y contradicción a mí mismo. Jamás me gustó los altos muros que otros han ido colocando. Me gusta derribar cualquier frontera, sea cual sea, y desafiar incluso a la muerte. Una vez coqueteé y luché contra quien dice ser el Diablo. Reconozco que no fue del todo agradable, pero no me fue mal.

Sin duda, si tuviera que confesar ahora mismo alguno de mis pecados, los más terribles y crueles, es que me encanta ser malo. Me gusta mentir para atraer a mis víctimas seduciéndolas hasta perder completamente la cabeza. Sus almas se convierten en mis mejores presas. Ellos sonríen embelesados por mi belleza, la sutileza de mis palabras y el trato amable que les ofrezco. Camino entre ellos como un joven más, lleno de rebeldía y con una perfecta sonrisa. Nadie puede imaginarse que soy la muerte misma.

Esta noche ha sido diferente, pero tan común como cualquier otra. He decidido romper todas las normas de tráfico, conduciendo como un auténtico descerebrado, mientras la música de Bon Jovi sonaba a todo volumen. Creo que me obsesiona. Su música es pegajosa, fascinante y tiene un aire rebelde que me entusiasma. He perdido la cuenta de los conciertos a los que he ido, como cualquier otro mortal, disfrutando del sudor, los pisotones y el chillido general. Pero hoy tan sólo he conducido durante horas recordando a todos los que he amado, estén o no conmigo, y me he dado cuenta que soy afortunado.

Aunque soy el mismísimo demonio, por mis actos y caprichos, he logrado amar y ser amado. Muchos me llaman Príncipe, pero yo me siento Rey. Soy el Rey de millones de corazones. He llegado a dominar los sueños de cientos de jóvenes y provocar que decenas de vampiros me aclamen. Ningún otro vampiro puede compararse a mí en ese sentido.

Ahora, cuando está a punto de amanecer, me tumbo en mi cama y pienso en todos ellos. La última sonrisa del día no es para enamorar, sino para dar las gracias. Gracias por un amor que tanto deseaba y que al fin poseo. Sin embargo, aún extraño los días en los cuales mi inocencia me hacía ser aún más imprudente. Hay momentos que no aproveché como debía, dejé escapar a Rowan, permití que Claudia se alzara en mi contra o acepté, sin más, que Nicolas quedase atrás. Debo pagar por esos pecados, pero no puedo dejar de sonreír. Tengo lo que merezco y es el amor de aquellos que realmente han deseado conocerme, seguirme como a un Mesías y convertirse en mi voz a lo largo de los años.


Mi canción prosigue aunque mis párpados cedan. Mi voz continua. La verdad se alzará como una bandada de murciélagos en pleno anochecer. La lluvia llorará por todos lavando el pecado de los cuerpos que he dejado atrás. Y yo, el príncipe de todos, volveré a alzarme en la siguiente noche dispuesto a conquistaros.  


Lestat de Lioncourt

domingo, 26 de octubre de 2014

Magnífico

Por una vez Marius me dice algo más allá que cretino...

Lestat de Lioncourt


Te has convertido en un ídolo de masas. Eres alguien que ha rozado las estrellas con tan sólo alzar la mano. Tus gritos en aquel concierto no llegaron a disiparse. Muchos siguen coreando tus canciones, alzando los mecheros en señal de pacto con un demonio distinto. No fuimos jamás los seres grotescos que muchos retrataron en sus obras, pero tampoco los ángeles bondadosos que los moribundos añoran. Somos seres que cubren la verdad con un rastro de sangre, muerte y desesperanza. Aún así, tú eres el deseo de millones. Has transformado la idílica idea de un vampiro, el terror que generábamos, en una ilusión cargada de héroes, villanos y proscritos.

No has permitido que te hundieran. Me siento orgulloso de ese espíritu de guerrero que late en tu pecho. Sin embargo, reconozco que tu irresponsabilidad nos ha causado problemas. Pero, pese a todo, lo has hecho buscando la verdad.

Cuando te conocí creí que sería sabio por siempre. Mi sabiduría crecía. Me mantenía a salvo del mundo gracias a mi deseo insaciable de conocimiento. Apreciaba cada libro como si fuera la fuente de mi poder. Si bien, me equivocaba. No sabía nada. Ni siquiera sabía como afrontar la verdad que yacía dentro de la figura de nuestra Madre. La oscuridad me susurraba hermosos versos falsos sobre el mundo. Un mundo al que di la espalda y mantuve lejos de mí. Tú me enseñaste que debía abrazar cualquier posibilidad, hundirme en sus entrañas y dejar que mi espíritu quedara seducido.


La sinceridad de estas líneas es terrible para mí, pues dejo al descubierto mis deseos de ver nuevas y peligrosas aventuras. Sé que alguna de ellas serán posiblemente aún más terribles que las anteriores. No creo ni una palabra de tu vía crucis, si bien, fue una experiencia que creó en ti una pátina distinta. Si algún día lo deseas podemos conversar sobre tu vida, mi vida y el mundo que yace bajo nuestro dominio.  

domingo, 14 de septiembre de 2014

El regreso del Príncipe

Ya estoy aquí, ya regresé. Amen a este príncipe travieso. ¡Traigo la mejor opción para su aburrimiento!

Lestat de Lioncourt



La música del local sonaba a todo volumen y hacía vibrar las escasas, y sucias, ventanas que poseía. La barra estaba atestada de jóvenes que iniciaban la noche con un poco de alcohol, un cigarrillo y miles de sueños rotos por ahogar con whisky, cerveza y ron barato. Las chicas se paseaban como gacelas frente a cientos de leones hambrientos, aunque más bien eran leonas siguiendo su instinto y sus marcados deseos de desinhibirse hasta perder la conciencia de su vida responsable. La magia del sábado noche les confundía, les inducía en un salvajismo demencial, y la música contribuía a darles la oportunidad de contagiarse unos a otros.

El bajo demostraba su gran habilidad marcando el ritmo junto al batería, ambos melenudos y cargados de sudor, mientras que el guitarra y vocalista intentaba seducir con más encanto que talento. El único que parecía más entusiasmado con pasarlo bien era el chico nuevo de la banda, con una guitarra eléctrica vieja que le había cedido su padre. Aquel pequeño grupo de cuatro jóvenes, aún con barrillos en la cara, intentaban plantar una semilla de esperanza y rock en sus desastrosas vidas. Frente a ellos todo una manada salvaje de entusiasmados y desastrosos clientes de uno de los tugurios de la ciudad.

Entre ellos. Sentado a un lado con un vaso de whisky con hielo, el cual ya estaba derritiéndose, se hallaba un habitual. Su sonrisa se ensanchaba mientras sus ojos se clavaban en todos y cada uno. Leía sus mentes y se divertía con sus sucios secretos, con sus insignificantes misterios, con chistes y chismes. Su aspecto era de lo más común entre todos ellos. El pelo largo y revuelto, de un color rubio muy llamativo, su camiseta de un grupo rock de la prodigiosa década de los 80's y unos jeans desgastados. Tenía una de esas botas con espuelas, que acababan en punta, y que le daba un toque de cowboy urbano cuyo único complemento tenía que dejar en la acera, su harley. Las gafas de sol que llevaba, colocadas en la punta de la nariz, eran de aviador y parecía una estrella de esa música estridente que se daba en el escenario. Allí, situado en la marabunta, era uno más. Sin embargo, sólo era un cazador buscando una nueva víctima.

—Sabía que te encontraría aquí—dijo alguien a sus espaldas.

—¿Quieres que te firme un autógrafo?—preguntó jugueteando con el borde del vaso.

—¿Por qué no me das mejor una explicación razonable de porqué lo estás haciendo de nuevo? Creí que habías olvidado tus viejas manías—a su lado tomó asiento un joven distinto, de piel algo tostada y ojos ligeramente rasgados. Tenía una expresión afable, pero tranquila. Su presencia era distinta. Aquel traje de ejecutivo, perfectamente confeccionado, le daba un aire de agente de bolsa perdido en un mal barrio a altas horas de la noche.

—David, ¿qué te hizo creer eso?—dijo girándose hacia su derecha para verlo bien, con esos ojos casi violetas—. ¿Es que has rezado por mí?

—Sabes que sigo sin poder creer del todo en Dios...

—Pero bien que maldices y suspiras su nombre—alzó la copa e hizo como si bebiera—. ¡Salud! ¡Por mi buen amigo David! ¡El santo!—se había puesto de pie y algunas mujeres habían reparado al fin en ambos.

—¡Lestat!—exclamó tirando de él para que se sentara.

—David, el libro saldrá a la venta. Yo volveré a ser popular, aún más que antes, y tú, amigo mío, tendrás tu momento de gloria. Todos tendremos nuestra gloria. Brillaremos como el sudor de esos jóvenes, casi adolescentes, y nos divertiremos... Además, ¿crees que alguien va a tomarse la molestia de investigar si existen los vampiros? Ya no hay chalados que crean en nosotros.

—Estás loco—murmuró, para luego suspirar cansado. No había nada que se pudiese hacer.

—¿Escuchas eso? ¡Es un clásico de AC/DC!—exclamó.

Salió directo hacia el escenario y se subió junto al joven comenzando a cantar. Al principio los músicos se asustaron, pero finalmente terminaron cantando a coro. El local entero vibraba. David observaba todo recostado en la silla, aunque pronto dejó de estar solo. Algunas mujeres lo rodeaban pensando que era la oportunidad que habían estado buscando. “You shook me all night long” reventaba los tímpanos de todos los presentes quedándose encerrado en el recuerdo de esa noche.


David no podía hacer nada. Ya nadie podía detener a Lestat. La suerte estaba echada. El mundo conocería la verdad, la mágica verdad, y nadie creería nada. Literatura para amantes del misterio, los colmillos y la locura enfervorecida hacia la fantasía más febril.  

martes, 15 de abril de 2014

Simpatía por el diablo

Y vendrá el hermoso demonio
para arrastrarte a la oscuridad
besando tus labios y jurando su amor
llevándote a su ciudad,
allí donde reina el fuego y la desesperación.

¡El caos te hará preso y te retendrá!
Querrás llorar, pero no hay lágrimas suficientes.
Sentirás en tu piel las más intensas llamas
y querrás consumirte en tu propio jugo.
¡No tendrás libertad ni podrás siquiera pestañear!

“Encantado de conocerte, di mi nombre”
Escucharás con desasosiego a tus espaldas.
“Éste es mi juego y de él nadie te salva”
Te dirá mientras buscas la salida.
¡Pero no hay escapatoria! ¡Él te esperaba!

Sus ojos serán los de un hombre
y sus labios tersos como los de una cortesana.
Aprenderás de tu desconcierto y sufrirás
por tus caídas y por cada uno de tus aciertos
creyendo que vas a morir y perder tu alma.

Sus alas negras cubrirán la noche
y se transformará en su propio manto,
pero sin estrellas que puedan guiarte,
mientras él sonríe con encanto
y tú sufres tu destino más incierto.

“Encantado de conocerte, di mi nombre”
Escucharás con desasosiego a tus espaldas.
“Éste es mi juego y de él nadie te salva”
Te dirá mientras buscas la salida.

¡Pero no hay escapatoria! ¡Él te esperaba!



Lestat de Lioncourt
Para Memnoch
Con "afecto"

martes, 29 de octubre de 2013

Aquí no

Sentados ambos frente a frente con la mirada perdida el uno en el otro, como si se reconocieran en un reflejo imposible en un espejo de ópalo o quizás se hechizaban en silencio escuchando el murmullo del discurrir de sus deseos. Completamente enfervorecido quería gritarle cuanto había extrañado tenerla a su lado, abrazarla y besar sus labios una y otra vez hasta provocar desgastarlo. Pero, ella se mantenía firme con aquellos ojos grises que parecían avecinar tormenta. Quería llorar, veía que rompería en un llanto silencioso y cruel. Una belleza como la suya, tan firme y serena en apariencia, quedaría consumida a una mueca horrible por las lágrimas sanguinolentas que ahora, y desde que era inmortal, producían sus lacrimales. Allí, parados sin tan siquiera moverse, se preguntaban que hacer con sus manos, pies y cuerpos si deseaban unirse de nuevo.

-Hace días que no sé de ti-pronunció finalmente-¿Dónde has estado?

-No quería ser un estorbo. He pensado que podía darte tu espacio, como bien querías- replicó frunciendo sus cejas doradas mientras sus largos cabellos rizados caían desparramados por su chaqueta de cuero.

-¡Me has dejado sola!-vociferó-¡Decías que te quedarías a mi lado y no lo has hecho!-lo señaló deseando abofetearle, pero a la vez quería besarlo y rogarle que la disculpara.

-Simplemente, creí que el hospital te necesitaba para investigar esa dichosa bacteria-replicó con tono calmado mientras se levantaba.

-¡Mírate! ¡Pareces un niño que acaba de salir de un concierto en el garaje de su casa!-exclamó al ver una vez más la ropa que llevaba.

Lestat se había personado con una camiseta negra agujereada, una chaqueta de cuero con tachuelas metálicas y unos pantalones también de cuero con unas botas que sólo a un roquero se le ocurriría llevar. Su pelo era una maraña imposible de acomodar, aunque se veía suave y limpio. Aquel hombre elegante con traje había quedado atrás. Pero ella sabía que incluso así era Lestat, porque él era así.

Ella vestía unos sencillos pantalones de vestir, una camisa blanca y una bata del mismo color con su nombre en letras azules. En sus pies sólo había unos zapatos cómodos que pudieran permitirle estar caminando sin problemas. A pesar de ser una inmortal, como él, decidió seguir sus viejas costumbres con discreción.

-Ya cielo-susurró intentando de calmarla-Cariño, ya. Ya no pasa nada cariño. Todo irá bien mi amor. Verás que todo se soluciona-comentó quedando junto a ella para tomarla del rostro, pero antes que pudiera hacerlo sintió una bofetada-¡Por qué!

-¿Crees que es sitio para que vengas vestido así?-siseó molesta- ¿Crees que es lugar para que vengas así vestido? Es un hospital.

-Seguro que hay más de un rockero que se encuentra por aquí debido al consumo excesivo de alguna sustancia y no precisamente tiene que ser cocaína- comentó desenfadado- ¿No te gusta?

-Me has tenido abandonada ¿para qué? ¿Para ir por la calle vestido así?-lo agarró de las solapas de la chaqueta y lo zarandeó- Dime.

-He estado lejos de ti para que tú pudieras estudiar esa bacteria que se come la carne humana y que está atacando a muchas personas en Florida. Te han pedido colaboración a ti y a la clínica. No puedo hacer otra cosa. ¿Qué querías que hiciera? Sé cuanto odias cuando revoloteo por aquí conversando con las enfermeras y distraiéndolas simplemente porque tú rellenas y rellenas informe tras informe-los ojos de Rowan cambiaron y dejaron de estar llenos de dolor, aunque Lestat no pudo ver ese cambio porque agachó la cabeza buscando un lugar confortable en su pecho.

Ambos quedaron abrazados en silencio. Un silencio agradable en aquel lugar tan frío a pesar de las obras de arte, y tan aseptico. Era la oficina que ella poseía en la Clínica Mayfair. Era el sueño que una vez tuvo y que Mona mandó seguir, el cual finalmente vio la luz y ella decidió tomar su lugar como directora y también especialista.

Una mesa simple pero resistente, la cual estaba cargada de libros, una vieja fotografía de la casa llena de invitados que le recordaba que por ellos seguía en New Orleans, además de por Lestat, y un ordenador portátil que contenía numerosa, y por supuesto valiosa, información de cientos de pacientes que aún se encontraban con las carpetas abiertas o que ya habían terminado su tratamiento.

A sus espaldas una ventana de un tamaño mediano, sin cortinas y con unas persianas metálicas que tenían la cuerda algo pasada por el sol. Las sillas parecían cómodas aunque eran un tanto tortuosas, las estanterías perfectamente ordenadas y la planta necesitaba que la regara. Un lugar común, discreto y no muy ostentoso a pesar de ser el lugar que ocupaba la directora.

-¿Me amas?-preguntó pasando sus brazos alrededor de su cuello- Dime ¿me amas?

-Si no te amara no estaría aquí, Rowan-dijo buscando su boca para besar sus labios con una pasión que únicamente él podía otorgarle. Un beso lleno de deseo contenido.

-Entonces si me amas- murmuró parando el beso para mirarlo a los ojos con una sonrisa tímida en sus labios- Si me amas espérame cinco minutos y nos marchamos a casa. Pero por favor, deja en paz a las enfermeras y no armes escándalo.

-No lo haré-dijo sin poder soltarla-Creo que tengo un problema y es que no quiero apartarme de ti.

-Lestat... aquí no-respondió-En casa.

Ella se giró forcejeando con él y terminó dándole la espalda. El brazo izquierdo de Lestat rodeaba la cintura de su bruja, la cual rápidamente sintió como la mano derecha de su amante acariciaba sus senos por encima de la ropa. En ese momento jadeó pegándose a él lo máximo posible, mientras si brazo derecho se alzaba buscando con su mano el pelo enmarañado del incorregible príncipe malcriado. Sus dedos se hundieron en los rizos dorados, mientras su cabello rozaba la chaqueta de cuero, y la mano derecha de Lestat desabrochaba su camisa.

Sin embargo, Rowan intentaba recobrar la compostura y huir del deseo. Pero pronto descubriría que quien ahora era su compañero, su amante, su esposo y el vampiro que la deseaba de forma erótica era mucho más persuasivo de como lo recordaba. Acabó sin bata y sin camisa, con ambas prendas arrojadas en el piso de mármol, mientras su sujetador de encaje pronto era arrebatado por las hábiles manos de Lestat.

-He dicho que no-chistó regañándolo como si fuera un niño.

Tenía las mejillas algo sonrojadas, pues había tomado algo de sangre de un cretino que empezó a seguirla en el aparcamiento y pensaba atracarla. Ese rubor se debía a que la sangre ingerida se agolpó en su rostro por motivo de vergüenza.

Sin embargo, la imagen de quinceañeras acariciándole el torso, abrazadas a él, subiéndose en su moto y pidiendo que las arrullara con sus gritos infernales de estrella del rock la desquiciaron y se aproximó a él besándolo en los labios. Su lengua se coló traviesa y él hizo lo mismo.

Sus pechos empezaron a ser acariciados por los las manos de largos y fríos dedos de su amante, pero él sabía que sus pezones eran sensibles y que estaba deseando que se los llevara a la boca. Él también tenía sus celos y podía imaginarla conversando con Michael, incluso con Pierce aunque ese bobalicón no tenía ojos para nadie más que para Mona aunque no le hacía caso alguno, y con cualquier paciente que tratara con algo más de amabilidad. Esos celos lo enjaulaban y provocaban que sus succiones fueran más intensas. Rowan empezó a gemir bajo intentando no montar ningún espectáculo.

Rápidamente desabrochó el pantalón de cuero y después el suyo. El miembro de su amante surgió de entre la tela salpicado de algo de pelo rubio, algo más oscuro que el de su cabeza, y completamente erecto. Ella se sentía húmeda sólo por los besos y mordiscos en sus pezones, pero eso no era lo único que pensaba hacer Lestat. Nada más verla liberada de sus pantalones, aunque lo hizo con algo de esfuerzo, apartó la tela de sus pequeñas braguitas y hundió dos de sus dedos.

Su vagina estaba cálida y húmeda dispuesta a recibirle sin más rodeos. Era un sexo rápido, en un lugar donde podían verlos y que provocaba en ambos una excitación tremenda. Volvió a besarla mientras la tomaba entre sus brazos, levantando sus piernas del suelo y ayudando a la vez, con algo de cuidado y mucho deseo, a enterrarse en ella. Su miembro se hundió sintiendo rápidamente debido a la lubricación por los fluidos de su Rowan, su bruja... la mujer que tanto amaba y deseaba.

El movimiento de pelvis que ambos llevaban no era pausado, se escuchaban suaves golpes desde fuera de su despacho y algunas enfermeras se preguntaban que demonios estaba sucediendo. Ninguna fue a mirar, pues sabían que no eran de su incumbencia y más aún cuando escucharon los largos gemidos de la directora acompañados de otros masculinos, los cuales identificaron rápidamente con los del joven rubio con el cual se había casado.

El rumor de una mujer de su edad abandonado a su esposo para ir con un jovencito provocó que muchas la envidiaran. Pero Rowan se veía hermosa a pesar de su edad y para siempre quedaría congelada con esa imagen de mujer de mundo, firme, de ojos hermosos y piel de porcelana. Y esa noche la envidiaban aún más a pesar que todas la adoraban.

-Así, así...-gemía- Te extrañé Lestat... no vuelvas a dejarme por ocupada que me encuentres-casi no podía hablar y le costaba articular palabra, pero creyó que debía saberlo.

-Je t'aime-dijo con sus hermosos ojos violetas cerrados mientras la hacía retorcerse de placer, al igual que él- Cherie... Cherie... Oui... Oui... Mon Dieu!...


Y finalmente, en un largo gemido de ambos tan alto como desesperado, llegaron al orgasmo pegados a la pared y notando que uno de los cuadros se descolgaba. Ambos se besaron notándose empapados por el sudor sanguinolento que manchaban su ropa, rostro y parcialmente la papel pintada de un color azulado que recordaba al del cielo de verano.  

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt