Carta a quien corresponda:
Estimados mortales ¿por qué me odian
tanto? ¡Es decir! ¿Por qué odian el arte que yo les ofrezco? ¿No
soy vuestro amante y amigo? ¡Os he enamorado tantas veces! Y ustedes
¿no me han hecho amarlos con toda mi alma? He quedado seducido y
deslumbrado por tantos mortales y tantos momentos que ustedes me han
brindado. ¡Aún recuerdo los focos sobre mí! Y esos anuncios
repetitivos en la televisión, por supuesto. Recuerdo vuestras voces
coreando mis canciones, pero ¿por qué no corean mis victorias sobre
la vida y la muerte? ¿Dónde están ustedes que tanto me amaron y
ahora me desechan como si fuera una colilla? ¿Entendieron mis
últimas aventuras? Creo que no lo hicieron y por ello guardo
silencio.
Memnoch ha sido el libro más vendido
de todos los que he escrito ¿lo sabían? Tal vez sí o tal vez no.
Fue una auténtica revolución para mí y sin duda cambió mi vida.
¿Cambió la vuestra? Creo que sólo cambió vuestra percepción
sobre mí. ¿Por qué no debía hablar sobre Dios y el Diablo? ¿Por
qué debía callarme tal aventura como si nunca hubiese sucedido? Yo
mismo os hablé sobre el Diablo y sobre Dios cuando os describí mis
momentos de ebriedad junto a Nicolas, su violín y aquella pequeña
habitación rentada en Auvernia y posteriormente en París.
Pero no pudieron aceptar que viera el
infierno, conociera a Jesús, tuviera el velo de la Verónica en mis
manos, contemplara el cielo y me recluyera durante meses en un
silencio que os provocó dolor y también molestia. ¿Por qué se
molestaron conmigo? ¿Por qué? Y luego me dejaron rosas amarillas
pidiendo que volviera. ¿Por qué? ¿Eh? ¿Tenía que volver? ¿Para
qué? ¿Para más injustas críticas?
¡Ah! El único fan que tuve en estos
años, los cuales fueron cruciales para sobrevivir a mi lucha con las
visiones del ojo que me fue retirado y posteriormente entregado de
nuevo, fue Tarquin Blackwood. Mi hermanito apareció casi cuatro años
más tarde de la creación de Merrick Mayfair como inmortal, de ver a
Louis convertido prácticamente en cenizas y de contemplar el dolor
en los ojos de David. ¡Y qué dolor tan profundo! También contemplé
rabia y tristeza mientras se señalaba como el culpable.
Bien, no comprendieron nada. ¿Para qué
seguir escribiendo para ustedes? No debí hacerlo, pero lo hice.
Intenté mostrar mi deseo de sentir el amor puro, ese amor que dicen
que viene de Dios. Un amor tan dulce como la risa de un recién
nacido, tan fresco como el rocío de primeras horas de la mañana y
una sensación tan placentera como el sexo o la sangre brotando de
mis labios. ¡No entendieron un carajo! Sólo pensaron que me volví
un fanático religioso deseando ser Juan Diego y conversar con el
Papa. ¡Genial! ¡Púdranse todos! No comprendieron que sólo quería
sentir ese amor y ese mismo amor lo sentí por Rowan y ella por mí.
Por una vez no fui egoísta y permití
que ella se fuera para no condenarla, pero como soy un maldito
desgraciado la hice mía y la terminé enterrando en ésta oscuridad.
Julien Mayfair jamás me perdonará igual que no lo hará su hija y
nieta Stella. Ningún Mayfair perdonará a éste ser que se llevó a
dos de sus brujas. Aunque la conversión de Rowan ha sido al margen
de mis aventuras narradas en los libros. ¿Ven por qué no quiero
hablar con ustedes de mis nuevas aventuras? Sólo piensan en cómo
estaré vestido ésta noche, si soy elegante o no, si llevo aún la
moto aquella o si Mojo sigue a mi lado, aunque sea otro perro con el
mismo nombre. No, ustedes se quedan en detalles estúpidos y jamás
llegan a la profundidad de mis sentimientos. Y digo ustedes,
generalizo, porque las críticas vienen de forma general. Para
comprender Cántico deben comprenderme primero a mí, leer
profundamente los libros más de una vez y comprender las pistas que
he ido dejando.
Intenten comprenderme como yo intento
comprender vuestra sociedad, sentimientos y sueños. Háganlo, tomen
el libro de nuevo entre sus manos y pónganse en mi lugar. ¿Qué
harían si tuvieran a una mujer como ella con tanto misterio y dolor
a sus espaldas? Sólo quería estrecharla entre mis brazos y decirle
que todo iría bien. ¡Ah! Y Mona ¿a caso no querían conocer a la
criatura que tenía la fuerza de mi madre, la personalidad de
Claudia, la inteligencia de David y la pasión que yo mismo poseo?
Aprendan a ver más allá y conocer lo que tienen frente a ustedes.
No volveré a escribir porque no quiero volver a escuchar quejas de
ustedes. Sólo narraré sucesos que a mí me apetezca, pero no
esperen enormes historias sobre mis andanzas.
Lestat el Magnífico.
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