Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

viernes, 22 de mayo de 2015

Unidos

Armand y Antoine deberían unirse y aceptar que se quieren. Me resultaría un alivio que encontraran cierta afinidad.

Lestat de Lioncourt 


Pude notar como su cuerpo quedaba detrás del mío. Sus manos se colocaron sobre mis hombros y percibí su aliento antes de sentir sus labios rozando mi cuello. Estábamos a solas. Tan sólo la música del piano seguía sonando. Él estaba allí, junto a mí, permitiendo que el momento se parara y la noche no prosiguiera como de costumbre. Mis ojos estaban fijos en varios pesados volúmenes que se hallaban mal colocados. Lestat había estado en la biblioteca y había revuelto todo. Aún podía oler su perfume, pero ya no estaba allí. Se había marchado de nuevo en busca de alguna pequeña aventura nocturna.

—Debemos hablar—su timbre de voz provocó que todo mi cuerpo se agitara. Me ruboricé y me sentí torpe.

—¿Sobre qué? ¿Quieres hablar sobre los celos insufribles de Louis sobre ti o la nueva composición que hizo Sybelle en tu compañía?—murmuré intentando apartarme, pero él me rodeó con sus largos brazos.

Sus dedos son largos, finos y muy atractivos. Posee unas uñas más largas que las mías, algo picudas, posiblemente ya las tenía largas cuando Lestat lo convirtió. Sus largos dedos son hábiles y me sentí un instrumento musical tocado con maestría. Desabrochó mis botones y me arrancó la camisa, arrojándola a mis pies para seguir besándome.

—No estamos hablando...—dije girándome de improvisto—. ¿A qué juegas?

—A quererte—respondió con una cándida sonrisa. Sus labios son carnosos y cuando sonríe parece un felino. Esos ojos azules, tan profundos, parecían ahogarme en la pasión que él desataba con cada nota de su violín. Podía escuchar la música de Sybelle, cada vez más ascendente, y mi corazón palpitaba de forma insólita—. Yo te amo y te admiro.

—Y yo preciso de tiempo para asumir todos los sentimientos que albergo hacia ti—comenté apartándolo.

—Estás huyendo, pero no sé si de mí o de tus sentimientos.

—De todo quizás—dije saliendo de la habitación.

Huía de mis sentimientos y de la imposibilidad de descifrarlos. No comprendía que ocurría con ellos. Siempre creí que mi único gran amor era Marius y que jamás me repondría. Hizo tantas promesas, me regaló el oído durante meses, pero fue incapaz de mover un dedo para buscarme. Se comportó como un cobarde, aunque siempre se disfrazó de hombre de honor y de valeroso guerrero. Pero no era otra cosa que un insufrible cobarde que jamás cumpliría sus escasas promesas. Nunca logré reponerme de mi error al amarlo y haberlo defendido durante tantos años. En mis sueños aún aparecía como el Mesías salvador, pero no era más que un recuerdo hiriente que seguía tatuado a fuego en mi alma y en mis recuerdos.

Antoine era distinto. Avivaba en mí los recuerdos de un pasado trágico. Nunca comprendí a Nicolas. Jamás tuve la oportunidad de soportar el tormento de sus palabras llenas de burla y odio. Los reproches que surgían de aquella boca perfecta, de sus manos delicadas y sus ojos irritantes eran continuos. Las obras de teatro eran una muestra de su locura, pero también de su genialidad. Él tenía algo de Nicolas. Era un genio. Las obras de Antoine poseían una gracia especial. Ni siquiera los mejores músicos de Notker habían logrado apaciguar mi destrozada alma como las obras de ese muchacho, pues sólo era un niño todavía en éste mundo incierto. ¿Y yo qué soy? Soy un niño. Somos niños y seguiremos siendo niños siempre. Antoine no sólo era distinto sino que sigue siéndolo.

La melancolía de Louis no es comparable a la de ningún otro, pero también posee ese matiz. Una vida dura, infectada de traumas y calumnias, me recuerda a la nuestra. Todos sufrimos cuando somos jóvenes y creemos que jamás vamos a superarlo, pero finalmente logramos surgir como si fuésemos fantasmas en Hamlet.

Me siguió. Lo noté de inmediato. Podía escuchar el murmullo suave de su corazón y sus pensamientos atolondrados. Quería reprocharme tantas cosas, pero no era capaz de decir nada. Tan sólo me miró como se mira a un sueño imposible. Se acercó a mí girándome suavemente, besó con ternura mis labios y me abrazó. El resto de la noche la pasó conmigo recostado en mi cama, con ratos de silencio y momentos de conversación sobre el arte, la vida y el amor.


Creo que le amo. He descubierto el amor a su lado. Sin embargo, tengo miedo.  

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Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt