Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta hombre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hombre. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de junio de 2016

Humanamente soy así.

Admito que amaría conocer a Petronia. Estoy seguro que no me llevaría mal con ese "monstruo". Para mí me parece valiente porque ha seguido defendiendo la verdad, su verdad, más allá de lo que otros puedan creer. 

Lestat de Lincourt 



—Ya carezco de la ingenuidad que poseía cuando era joven. He dejado atrás la inocencia para adentrarme en el dolor y la amargura aceptando la realidad que me ha tocado vivir. De nada vale soñar cuando es imposible cambiar la verdad que cargas como un estigma pesado. Sólo codicio deseos, o pequeños cambios en mi preciado mundo, cuando son posibles o creo que puedo alcanzar la meta. Quizá muchos dirán que soy un ser descontento, pero sólo soy realista—dije en voz alta dictándole a Manfred. Quería dejar constancia de mis sentimientos de una buena vez.

—Petronia, ¿crees que es bueno empezar así tus memorias?—preguntó dejando sobre el folio el bolígrafo entretanto se reclinaba en la silla y me observaba de soslayo.

—Agarra de nuevo el bolígrafo o te lo comes—contesté.

Rápidamente volvió a la postura inicial de escritura mientras pensaba la forma en la cual proseguir. Tenía que contar lo que sentía sin hundirme en la angustia. Así que simplemente me senté a su derecha, usando un pequeño taburete que me ayudaba como mesa auxiliar cuando trabajaba, y apoyé la cabeza en su hombro.

—No soy lo que todos ven. Ni siquiera soy lo que yo quiero ver. Simplemente este monstruo respira esperando que un día alguien, además de su creador, se de cuenta que ama. Sí, poseo bondadosos sentimientos, pero pocos quieren aceptarlos. De hecho, creo que nadie acepta que yo los tenga—él paró dejando de nuevo el bolígrafo sobre el papel, se giró hacia mí y me abrazó besando mi frente. Fue un gesto íntimo y tierno que pocas veces aceptaba.

Cerré los ojos imaginando mi vida de haber sido un hombre normal. Pensé en mi trabajo labrando el campo, pescando o simplemente marchando a la guerra. Nadie me hubiese golpeado, abusado de mí o lanzado contra otro gladiador. Sonreí dibujando en mi mente hijos que no tuve, un mujer a la que amar y un amante masculino al que visitar porque mi sexualidad sí que está definida. También, claro está, me he imaginado como mujer. He aceptado la condición de ese género mil veces en mis fantasías y también poseía familia, una vida digna y momentos agradables. Quizá jamás habría acabado siendo un vampiro, pero al menos habría sido absolutamente feliz. 

Sabía lo que era. Me habían negado desde nacimiento tener un género. Era una hidra con dos géneros que acabó entre gruesos barrotes llorando. Si ya es terrible sentirte despreciado aún lo es más tener que asumir ese dolor siendo esclavo.

Admito que durante siglos en mi despertar deseé ser mujer, pero luego me di cuenta que sólo quería serlo para parecer frágil frente a Arion y conseguir así su amor. Es algo que tengo que aceptar. Mi lado masculino es el más cómodo, con el que más me identifico, pero tengo que combatir la verdad y asumir que no soy ni lo uno ni lo otro. Ahora a todo lo que vivo lo llaman intersexualidad, pero la verdad es que ya estoy cansado de luchar para comprender qué demonios soy. En estos momentos sólo quiero sentir algo de amor y paz. 

Me eché a llorar en silencio y él me rodeó con firmeza. Podía notar la tela de su chaqueta acariciar mis mejillas, su suave colonia golpeaba mi nariz, mientras escuchaba su voz tararear bajo viejas canciones que a veces ponía en el gramófono de la sala. Sé bien que me quiere aunque no me comprenda del todo. El único que logra comprenderme con todas las malditas consecuencias es Arion y justamente no estaba. Hacía algunos días que se había marchado mi maestro porque quería que mis camafeos se vendieran por todo el mundo. Yo sólo quería fabricarlos para él, pero tenía razón que podía ser un buen negocio otra vez justo ahora que volvían a estar de moda para los modistos en las pasarelas más sofisticadas.

—¿Quieres seguir tus memorias?—preguntó.

—Más tarde... ahora sólo abrázame—dije—. Pero como me eches esto en cara dentro de unos días, o incluso dentro de unos años, soy capaz de partirte en dos como una ramita seca—advertí incorporándome para advertirlo mirándole a los ojos, después volví a recostarme sintiendo la calidez de su abrazo.



domingo, 13 de marzo de 2016

Ensayo sobre lo "femenino" en el vampirismo

Un ensayo que puede traer discusión entre hombres y mujeres... Daniel Molloy ha querido dar su opinión sobre el problema del hombre y la mujer. 

Lestat de Lioncourt


Hace unos días fue el “Día internacional de la Mujer” y muchas mujeres alzaron la voz por aquellas que están mudas por el miedo, la muerte o la indefensión. Sin embargo también acudimos a bochornosos espectáculos de mujeres que humillan a hombres en comentarios carentes de respeto. El feminismo ya no posee el mismo valor y respeto en la sociedad debido a la imparcialidad creciente en las últimas décadas. La denominación se ha convertido en un impulso hacia lo obsceno, estúpido y aberrante. Muchas mujeres creen que el sexo débil es el masculino y deben incluso abortar si el ser que llevan en su vientre, que se alimenta de ellas y puede ser fruto de una nueva esperanza, es varón.

En el mundo de los vampiros el feminismo evolucionó hacia otras vertientes. Son muchas las mujeres que se desligaron de lo femenino o clasificado como tal, igual que muchos hombres se atrevieron a destruir las normas que había establecidas a su alrededor. El feminismo no es cosa de mujeres, es cosa de hombres y mujeres. El feminismo es una lucha constante por un equilibrio, por una verdad, por unos valores que aún no se han establecido del todo en la sociedad y por quebrar la frágil línea que hay entre hombre y mujer. Una línea, que todo sea dicho, se inventó alguien en algún momento y ha seguido marcada como si realmente hiciese falta.

¿Qué es lo femenino o lo masculino? ¿Acaso saben algunos hombres, o mujeres, que el color rosa se estableció como masculino en el inicio del siglo XX en una revista de modas? Tal vez no. El rosa es un color más fuerte y por lo tanto se denominó masculino, pero ¿realmente tiene que ser fuerte un hombre y débil una mujer? ¿Qué nos hace fuertes o débiles? ¿Es la fuerza bruta, la inteligencia, la forma de solventar un problema o todo a la vez? Podemos ser fuertes con nuestros brazos pero nuestra mente, o el espíritu de lucha, estar en banca rota. La fortaleza no debería ser juzgada sólo por la resistencia física, pues puedes tener mayor fortaleza mental o espiritual y lograr más metas que alguien que simplemente es bueno usando la fuerza de sus extremidades.

Los hombres son los grandes perjudicados del machismo impuesto en la sociedad. Muchos luchan por la igualdad salarial de la mujer, por su visibilidad en todos los puestos de trabajo, pero se olvidan que hay hombres que aún son insultados, amenazados o vistos como “raros” al elegir profesiones típicamente femeninas. También son vilipendiandos muchos hombres que deciden ser quienes eduquen a los hijos, cuiden del hogar y se dediquen a tareas “femeninas”. Hay miles de leyes que amparan a la mujer a la hora del divorcio cuando el matrimonio no funciona, pero no tantas para el hombre. Y por supuesto, aún la sociedad no castiga de igual modo, con rechazos o manifestaciones públicas, los insultos o golpes de una mujer a un hombre que los de un hombre a una mujer.

El machismo hace ver al hombre como objeto de fortaleza, como alguien que debe ser fuerte incluso mentalmente sin dejarse llevar por sus impulsos primarios de llorar, reír cuando lo desea o mostrar cierta sensibilidad hacia actos terribles. El hombre debe ser una roca que esté contra vientos y tempestades, un ser inamovible que muestre terquedad y firmeza, pero eso no es así. Los hombres que ocultan sus sentimientos son infelices, los que quieren ser fuertes por sí mismos, sólo por haber nacido varones, son arrastrados por la corriente y terminan ahogados. Hay muchos hombres que no piden ayuda porque se les educó que un hombre no pregunta, no pide respuestas, no clama por un salvavidas cuando se está muriendo en mitad de un mar de penurias, pues un hombre debe ser fuerte y ser débiles es de mujeres.

El mayor ejemplo de ruptura de todas esas reglas sociales es Lestat. Lestat ha mostrado a toda La Tribu, la cual incluye a los humanos y otras formas de “vida”, que un hombre debe llorar cuando lo necesita y eso le fortalece. Es el mismo que ha clamado por ayuda incluso a su madre. Poco a poco ha demostrado que la soledad es una enfermedad terrible y siempre desea rodearse de todos los que ama, pues sentirse solo lo debilita y odia sentirse débil. Él necesita amor, ¿y no es una premisa que dicen que sólo busca amor la mujer y que el hombre puede vivir sin él? No. No es así. Si Lestat se ha levantado mil veces es porque se ha apoyado en otros, ha buscado respuestas a sus preguntas y ha hecho que sus lágrimas vacíen de sufrimiento su alma para continuar luchando. También ha demostrado que un verdadero guerrero no busca la el enfrentamiento sino la paz, sin embargo es algo que también podemos ver en otros viejos guerreros.

Así mismo podemos encontrar ejemplos diversos entre hombres y mujeres inmortales. De Avicus o Flavius, por ejemplo, hemos podido observar que hay hombres que aman la literatura y se emocionan con su lectura. Khayman siempre buscaba consuelo en Maharet pese a ser su guardián. Armand ha demostrado fragilidad desde el primer momento pese a la entereza de seguir hacia delante. Louis es el claro ejemplo de la sensibilidad extrema hacia ciertos asuntos. Del mismo modo muchas mujeres han demostrado ser luchadoras y romper los estándares establecidos. Quizás el mayor ejemplo de todos es Gabrielle. Ella ha decidido por sí misma vestir ropa ambigua y recorrer el mundo en solitario durante gran parte de su vida, ha ido y venido escuchando a otros, aprendió a observar y actuar acorde a lo que sentía o creía que debía hacer. Sin embargo, ha mostrado también sentimientos hacia las desgracias de su hijo y cierta ternura cuando se depositó el cadáver de Mekare en su tumba. ¿Y qué decir de Pandora? Ella no fue educada como una mujer. Su padre decidió que tendría los mismos privilegios que un hombre y lucharía con su educación sobre el poder establecido por los varones.

Los sentimientos no saben de género ni de sexo. El género es mental y el sexo es únicamente el símbolo de los genitales. Petronia es el claro ejemplo de ambigüedad. Es un ser que destruye con sus puños todo lo que podemos imaginar. Las ecuaciones no salen con la creación de Arion ni con los preceptos que se han generado en la sociedad. Como bien dijo Benjamín a Armand en “Príncipe Lestat”: No todo es blanco o negro.

Por eso mismo me molesta que se alcen voces el “Día de la Mujer” para clamar sólo por el feminismo hacia el bienestar de la mujer, pero se olvide del yugo que muchos hombres tienen por culpa del machismo y el feminismo mal encaminado. El “Día de la Mujer” debería ser una fiesta para celebrar la vida que da la mujer en la naturaleza, el abanico de color que esta ofrece, y para educar a las futuras generaciones en no caer en errores del pasado. Este día debería ser para recordar que lo femenino no es el rosa, pero que tampoco lo es el azul. Debería hablarse menos de las diferencias entre hombres y mujeres… ¡Pues no existen! Este día debería mostrar mayor acercamiento del hombre a la mujer y la mujer al hombre. Tal vez me gano enemigo al escribir estas líneas pues piensan que desprecio la lucha feminista y no es así. Simplemente os estoy demostrando que lo que tacháis de femenino no lo es y lo que ensalzáis como masculino tampoco lo es.


Quizás la inmortalidad nos hace más libres, más sabios, más poderosos… pero somos igual de débiles si no estamos unidos. Nos hemos unido hombres y mujeres de todas las especies para luchar contra una gran catástrofe. ¿Por qué los humanos no deberían empezar a hacer lo mismo que han leído en nuestros libros? Quizá se acabarían así las absurdas guerras de sexo y dejaríamos de necesitar días especiales para clamar por justicia y respeto. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Tecnología

Daniel Molloy ha vuelto a dejar su columna semanal. Gracias por recordarles a todos que soy un inútil con los teléfonos móviles...

Lestat de Lioncourt

La tecnología nos rodea y se ha convertido en algo imprescindible. Todos los días despertamos con una nueva noticia sobre ésta. Es como si nos atacara sin previo aviso y nos dejase claro que no podemos vivir sin ella. Todo está informatizado hoy en día. Las familias se comunican mediante las redes sociales y las tediosas reuniones, aunque necesarias, ya no son tan habituales. Los amigos cada vez son más lejanos. Vivimos atrapados por la pantalla de un pequeño ordenador que cabe en nuestra palma de la mano, el cual llevamos en nuestro bolsillo y que se ideó para llamar a otros, escuchar su voz y sentirlos cercanos. Seamos sinceros, el teléfono móvil se usa para cualquier cosa menos para llamar. Pocas llamadas realizamos y son cientos los mensajes que hacemos al día.

Cuando conocí a Armand apenas sabía lo que era un teléfono fijo. Era impresionante que una criatura de algo más de cinco siglos desconociera como llamar. Todavía recuerdo como me perseguía con la guía telefónica deseando que marcara teléfonos al azar. Deseaba conocer el mundo a través de los nuevos inventos, los cuales había pasado por alto porque no conocía a nadie que le ofreciese dicha información. Se convirtió en un pequeño vicio y ese vicio ahora es virtud.

La mayoría de los vampiros jóvenes, y no tan jóvenes, sabe manejar un teléfono móvil. Lestat es un caso a parte, pues es incapaz de recordar su uso por más de unas noches. Armand, como he apuntado antes, es un adicto de las nuevas tecnologías. Se siente atraído por los nuevos electrodomésticos igual que una mosca a la luz. Está completamente extasiado por las nuevas videocámaras, grabadoras, ordenadores personales, e-book y todo lo que pueda conseguir. Para él la tecnología avanza demasiado rápido, pero el ser humano no.

Los mortales usan la tecnología para su beneficio, pero a veces ese beneficio está destinado al armamento. Se crean numerosas armas, cada vez más cualificadas para destruir al mundo entero únicamente pulsando un botón, pero no se desarrolla con éxito máquinas que puedan salvar vidas. Pocas son las que terminan desarrollándose, vendiéndose y utilizándose. Tanta tecnología para nada, ¿verdad?


Aunque no suelo coincidir con Armand, pues somos polos opuestos, os aseguro que comprendo su inquietud y sus palabras sobre el hombre moderno.  

martes, 25 de agosto de 2015

Cyril y el mundo

Cyril sigue rondando el mundo y, por desgracia, no ha contactado aún conmigo. Amel quiere hablar con él y yo también.

Lestat de Lioncourt


Todavía intento hacerme a la idea de éste nuevo mundo. Estoy aprendiendo a los juicios precipitados de la muerte, las luces de neón iluminando la noche hasta convertirla en una prolongación del día, y el aroma del pecado en cada esquina. La Sangre nos volvió locos y nos enterró en una demencia cruel de fuegos, gritos y lágrimas. Todo lo construido, en silencio, a espaldas del hombre moderno se quedó reducido a humo. Nuestra soledad no lo era tal y la verdad ha sido procesada en tubos de ensayos en un laboratorio clandestino.

Han pasado tantos siglos. Tantos que veo a los jóvenes vampiros como niños desnudos, los cuales corretean por la senda del mal balbuceando incoherencias y estúpidas creencias que ya han sido desmontadas. Las almas, esas que sólo aparecían en murmullos lejanos, ahora poseen poderes tan antinaturales como los nuestros. Esos espíritus, de fallecidos o de otra realidad, se pasean por el mundo con naturalidad mortal. Ellos incluso tienen un corazón, tan falso como sus rostros, que bombea una sangre inexistente.

La humanidad está al servicio del misterio, completamente esclava. Los mortales con poderes metales superiores acaban como trabajadores, de archivos precisos e impecables, de una Orden fundada por uno de los nuestros y dos seres sin cuerpo real. No debería extrañarme. Igual que no me extraña que la mayoría de humanos crean que la radio del joven vampiro Benjamín, un ser con rasgos inocentes pero que pasan por los de un adulto, es tan sólo un espectáculo lleno de arte, pero carente de verdades. Ilusos. Jugamos frente a ello a cazar a los villanos, igual que los héroes de sus comic, bebiendo el pecado original.

Subido aquí, en lo más alto de éste rascacielos de Tokyo, puedo juzgar a la ciudad que yace seducida al capitalismo más puro y estúpidos rituales, como también a pensamientos de miedo difundido entre ellos como si fuésemos bestias. No hay peor bestia que ellos, pero eso es algo que jamás comprenderán. Ves una ciudad, una sociedad, y las ves todas. Aunque tengan matices, y diversas diferencias, en el fondo no dejan de ser una colmena siendo explotadas por el poder desmedido de gobiernos interesados en las monedas de plástico, como sus risas hirientes, que en el bien de sus ciudadanos. El mundo moderno es igual de terrible que aquel en el cual los reinantes se creían dioses.

Alguien allí abajo ahogará sus penas en alcohol, otro golpeará a su pareja hasta que los recuerdos felices se conviertan en una tumba llena de flores, una madre matará a sus hijos por venganza hacia su esposo, hay quienes robarán en una pequeña tienda matando a los dependientes y todo eso sucederá sin la necesidad de unos colmillos. Los desprecio a todos, pues todos tienen la maldad en su corazón. No hay ni un ser humano bueno en éste mundo. Y yo, la verdad, me dejo llevar por mi instinto. ¿Por qué debería hacer caso a un supuesto líder?



domingo, 16 de marzo de 2008

El hombre de las rosas


Mamiya Oki

El hHHombre de las Rosas

Dicen que las rosas son el mejor regalo para un amante, representa el símbolo del amor por completo. Las espinas son la tortura de la lejanía, de los momentos de furia e histeria desatada por los celos. Los pétalos son la suavidad de las caricias. El aroma es la fragancia desatada del sexo. Por ello las rosas son especiales.

Era una mañana de lluvia intensa, el olor a tierra mojada inundaban mis pulmones y el viento siseaba entre las ramas de los árboles. El invierno se recrudecía y se sentía bien dentro de casa con la calefacción a una temperatura adecuada. Era sábado y no tenía gran cosa que hacer que leer el periódico, escribir algún nuevo párrafo para mi libro o quizás tomar alguna película clásica de mi vitrina especial de filmografía. Ya pasaba el medio día y aún seguía en bata con el pelo revuelto. Había tenido una noche agitada y bastante devastadora. Me estiracé como un gato y dejé la taza de café en una mesilla auxiliar de mi despacho, para tomar una ducha.

El olor a tabaco se impregnaba en mi piel, el alcohol aún rondaba por mis venas y aquella música machacona aún aturdía mis neuronas. Me despojé de la bata y abrí el grifo. No llevaba nada de ropa, siempre me había gustado dormir desnudo y más en un día tan frío fuera. El agua acariciaba mi cuerpo, tan cálida y purificadora que me transportaba a un lugar distinto al del redil con azulejos donde me hallaba. Tomé un poco de jabón y comencé a lavar mis cabellos, apestaban a discoteca. Después de aclararme empecé a frotar mi cuerpo, paso a paso. Primero mis pectorales, deteniéndome en mis pezones para luego bajar sensualmente mi mano hasta mi miembro. Me gustaba jugar conmigo, recrear fantasías y masturbarme hasta la saciedad. Lentamente con el jabón entre mis dedos mi virilidad comenzó a cobrar vida. Sobre mi pecho caían chorros a presión de agua casi hirviendo, pero no lo notaba por culpa de mi excitación. El ritmo de mis movimientos aumentó hasta volverse delirante y eyacular sobre el mármol blanco del azulejo. Después sonreí y abrí mi boca para que el agua entrara en ella junto con un poco de aire. Continué lavándome minuciosamente para después salir y secarme concienzudamente, tanto los cabellos como el cuerpo. Me afeité, rocié con colonia y lavé bien mis dientes. Al acabar eran casi las dos de la tarde, no tenía hambre y sí estaba poco descansado. Me fui a la cama, aún revuelta, y me arropé como si fuera un niño pequeño.

Cuando desperté eran las diez de la noche y tan sólo tuve que vestirme, peinarme un poco e ir de cacería. Hoy iría a un lugar nuevo, algo exótico y excitante. Parte de mi novela se ambientaba en un sitio de alterne y por ello me dirigía a un nuevo que recientemente habían abierto. Me coloqué mi camisa de algodón blanco, mi chupa de cuero y unos jeans gastados. Me dejé los cabellos rubios sin ataduras, sueltos y echados hacia atrás. Miré mi reflejo en el espejo de la entrada y sonreí irónicamente, esta vez me había arreglado más que cuando iba a algún antro a bailar y beber.

Monté en mi automóvil que aparqué en el parking del edificio, cercano a los jardines, y conduje durante unos diez minutos. Al llegar y ver tanto coche me sorprendí. Era una zona mal vista, de homosexuales y putas de bajo costo. Allí delincuentes, personas de mala vida y borrachos se agolpaban cada noche. Aparqué cerca de la puerta y recé porque al regresar estuviera sano y salvo.

Al entrar en aquel tugurio de buena pinta me di cuenta que allí la sutileza no existía. Los muchachos y muchachas destinados al servicio de satisfacción personalizada, lo que se conoce como prostitución, iban desnudos de mesa en mesa. Era un lugar distinto, mágico y excitante. Su dueño pensó que este estilo sería lo idóneo para su local. Todo estaba decorado de forma minimalista y enfocado a un nivel adquisitivo medio y alto. Un pelagatos no podría entrar ni pagar el precio por lo que allí se hacía.

Una muchacha se colgó de mi cuello y me besó en la mejilla, era bastante hermosa pero yo gozaba más con los hombres. Por muy buenos senos que tuviera, por muy perfumada o bien maquillada que se encontrara…un hombre me era más erótico. En el fondo de la sala había un chico que bailaba desnudo con un descaro impresionante. La aparté sin decir nada y me dirigí hacia donde se encontraba. Le tomé del brazo y lo pegué mi pecho. Él simplemente comenzó a frotase su virilidad con uno de mis muslos, mientras sus manos se anclaban con maestría sobre la mía.

-¿Vamos a mi cuarto? ¿o te la como delante de todos?-preguntó desabrochando mi bragueta.

-A tu cuarto.-dije llevándomelo hasta las escaleras, luego el me guió.

-Es esta.-dijo tirando de mí.-¿Qué quieres? Son veinte euros la mamada, cien un completo y si luego quieres algo más morboso y dependiendo de qué cobro más o menos.-susurró divertido lamiendo mi oreja derecha.

-Todo lo que tú me puedas dar.-respondí empujándolo hasta la cama, donde cayó con violencia haciendo que los muelles se movieran. Me quité los pantalones y el resto de la ropa. Tiré entonces de él y lo arrodillé ante mí mientras me masturbaba.-Veamos que sabes hacer.-susurré tirando de su cabeza para que me mirara, luego le introduje con violencia mi miembro. Se arqueó con algo de fatiga al tocar su garganta con mi virilidad. Mi ritmo comenzó a ser frenético, quería que mi placer llenara su garganta. Estuve durante minutos tirando de sus cabellos, empujándolo, asfixiándolo y dejándole temblando por mi forma de pedir que succionara mi virilidad. Me vine en su garganta, llenando por completo su gaznate con mi simiente. Lo tiré al suelo y me recosté a su lado masturbándolo. Su cuerpo se convulsionaba y tosió manchando las losas.-Lame lo que derrames.-dije con mirada aviesa.

-Sí.-logró decir lamiendo sutilmente el suelo.

-¿Tienes juguetes?-pregunté tirando de su virilidad con toda la velocidad que alcanzaba hacer.

-Sí, en aquel mueble.-dijo señalando un armario.

Lo abrí y observé todo un armamento. Reí maliciosamente al observar un vibrador de gran envergadura, pero yo tan sólo quería uno pequeño que acomodara sus entrañas para mí. Tomé uno de tantos que parecía funcionar con un mando a distancia. Él me aproximó un frasco de gel y cubrí el aparato, después se lo introduje observando el placer que en él se empezaba a forjar. Cuando me recuperé del primer asalto él liberaba su esencia en aquel frío suelo.

-¿Dónde están los preservativos?-pregunté y él tan sólo pudo indicarme el cajón de la mesilla con su mano tambaleante.-Está bien.-mascullé levantándome para colocarme uno de tantos que había en aquel mueble.-Prepárate.-comenté abriendo sus piernas, sacando el vibrador y sumergiendo mi virilidad. Mis movimientos fueron rápidos desde el principio hasta el final, tocaba el paraíso entre sus nalgas y él parecía hacerlo al igual que yo. Fue algo inolvidable, jamás había estado en un lugar así y sin embargo no tuve el menor pudor de tomar a uno para que fuero mi conejillo de indias.

Desde aquella noche aparecí en el lugar cada día, a veces tan sólo para tomar una copa. Sin embargo siempre le buscaba a él. Solía llevarle una rosa, un poema a su magnífico cuerpo y poco a poco lo tuve enamorado.

-Mi jefe tiene miedo.-dijo besando mi cuello.

-¿Por?-pregunté acariciando su cuerpo con erotismo.

-Teme que un día deje el trabajo por el hombre que amo.-susurró con una sonrisa pletórica, jugando con sus dedos en mis cabellos. En ese instante me sentí culpable, pero lo hacía por el bien de mi novela.

-¿Lo harás?-dije serio parando las caricias.

-Sí, en un mes termina mi contrato y esperaba poder iniciar algo contigo.-su sonrisa lo delataba.-Podríamos ir a vivir a un piso aunque fuese pequeño, buscar un trabajo mejor para mí y ser feliz a tu lado.-dijo dándome un pequeño beso en los labios.

En nuestros últimos encuentros él no quería practicar el sexo, prefería pasar la noche junto a mí conversando sobre un futuro mágico para ambos.

-Suena tentador.-comenté pensativo, también odiándome por jugar así con sus sentimientos. Durante los dos cuatro meses que estuve desarrollando el juego mantuve mis sentimientos al margen, además comencé a salir con un muchacho y tenía planeado mudarme a vivir con él.

-Suena a realidad.-dijo acomodándose en mi pecho.-Mi madre pensó que por el camino en el que iba jamás me iban a amar, nunca iba a tener un novio que me amara. Ella admite que sea gay, pero no que trabaje en un antro.-comentó jugueteando con mi pecho.-Cuando cambie de vida por completo quiero que la conozcas, quiero que vea que sí encontré a alguien y que soy feliz.-se recostó por completo sobre mí y comenzó a reír.-Dios mío parezco un adolescente y ya tengo veinticinco.-susurró besando mi cuello.

-Son las ilusiones, a todos nos hacen sentirnos unos críos.-respondí secamente.

Desde ese mismo día comencé a no ir todos los días, buscaba excusas de que tenía un segundo trabajo para alquilar un piso para ambos y entonces él me llamaba a cada instante. Tuve que cambiar de tarjeta del móvil, buscar otro número. Mi novio no sospechaba nada y parecía encantado con mi novela.

-Javier esta novela es muy realista.-dijo un día sentado ante el ordenador.

-Sí.-los remordimientos de conciencia me podían.

-Pobre chico.-comentó.-Que alguien juegue así con sus sentimientos, da igual que sea un personaje de ficción.-dijo leyendo con rapidez los últimos renglones.-¿Qué final le vas a dar?-preguntó mirándome con minuciosidad, como si intuyera algo.

-No lo sé, aun no tengo idea para el fin.-respondí a su interrogatorio.-¿Puedes dejarme el asiento? Quiero seguir.-argumenté para que me dejara a solas con mis pensamientos.

Habían pasado dos semanas desde que no había buscado al muchacho, estaba aislado con mi novela y mi relación amorosa. Sin embargo decidí regresar para poner un cese en mi enamoramiento falso.

Cuando llegué pregunté a una de las chicas y su rostro se volvió dolido, cargado de odio.

-¿No ves las noticias?-preguntó haciéndole un gesto al camarero que se hallaba tras la barra. Este sacó un periódico y ella me lo extendió a mí.-Lee, en la página seis.-dijo con asco hacia mi persona.

-De acuerdo.-dije extrañado, sin embargo lo entendí todo.

“muere joven del pub “La Dulce Noche” tras un atracón de barbitúricos mezclado con vodka y whisky.”

Ya no eran remordimientos de conciencia, ya no era dolor por un mal pago a su amor, ya no era nada de eso…sino una intensa sensación de haberlo asesinado…de haberle destrozado sus esperanzas sin compasión alguna.

Al día siguiente fui al cementerio y busqué su tumba, estaba plagada con pequeños ramos de flores de sus compañeros, algunos algo secos. Yo dejé una rosa roja en aquella inmaculada lápida, junto a las otras.

-Lo siento, lo siento.-susurré amargamente, derrumbándome por completo. Me apoyé sobre la losa y dejé que el dolor inundara mi alma. En ese instante comprendí que Marcos era un parche para lo que sentía por él, que realmente le amaba y que no lo demostraba por miedo a circunstancias que podían acontecer.

Aquel día me convertí en el hombre de la rosa, siempre vestido de inmaculado blanco y con una de estas flores en mis manos… caminando en el cementerio para visitar a alguien que no supe tratar. Dejé mi novela aparcada, aunque la terminé pero no la edité. Cesé mi noviazgo con Marcos y no he vuelto a meter a nadie más en mi cama. De todo esto hace ya cuatro años y sus palabras no logran irse de mi cabeza…me torturan.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt