Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 22 de julio de 2015

Decisiones

Su tía me recuerda a mi madre. Ellas quieren lo mejor para nosotros, pero a veces se equivocan. Hablo de la tía de Quinn, claro. Aquí un fragmento de sus días de viaje, por no decir más de dos años.

Lestat de Lioncourt


—Deberías quitarte esa absurda idea de la cabeza—decía mientras se miraba en el espejo de su lujoso tocador.

Había alquilado una de las mejores habitaciones en uno de los hoteles más deslumbrantes y céntricos de Londres. Allí me sentía fuera de lugar, aunque no me importaba. Me agradaba el ambiente. Disfrutaba inclusive del frío que hacía en las calles, de la ligera llovizna y las mañanas grises. Sin embargo, mi conciencia no permitía que me callara mis sentimientos. Estaba lejos de ella, de mi hogar, de lo que realmente me interesaba y sólo huía como un cobarde de un monstruo que podía aparecer en cualquier momento.

Tía Queen insistía en que olvidara mi compromiso con aquella joven, con Mona Mayfair, porque creía que no era lo correcto. Pero, ¿qué era lo correcto y qué era lo incorrecto? ¿Acaso ella tenía que decidir todo lo que debía hacer en la vida? Yo entendía sus sentimientos, pero ella no parecía comprender los míos. Me había enamorado y había decidido que sería de mi vida en un futuro.

—Es una joven enferma, su familia tiene trapos sucios que jamás han sido lavados ni lo serán por su posición, y, por lo que sé, no tiene buena reputación—comentó girándose suavemente hacia mí—. Encontrarás a una muchacha que pueda ser de tu agrado—intentaba dulcificar aquel acto dictatorial.

—¿Acaso aceptaste casarte con otro hombre tras la muerte de tu esposo?—aquella pregunta le sorprendió—. Muchos quisieron que cambiaras de idea, te casaras y olvidaras al hombre que murió por hacer el idiota con un deportivo—mis ojos se quedaron clavados en los suyos y pude notar cierta impotencia. Odiaba ser así con ella, pero estaba hartándome—. Por mucho que la odies, por mucho que detestes el saber que me he comprometido en cuerpo y alma con ella, voy a casarme con Mona. Mona será mi mujer. Ella será mía y yo seré suyo, porque nuestros corazones están unidos y lo sabes. No vas a detenerme. Ya no soy un niño. Soy un hombre—me incliné hacia ella, la tomé del rostro y besé su frente—. Buenas noches, tía Queen. Espero que puedas descansar.


Me marché de su habitación y me encerré en la mía. Escribía apresuradamente un e-mail a Mona. Quería que ella supiera que seguía en pie mi decisión. Lucharía por estar con ella y por ser amado por su alma. Había decidido a quién amar y no cambiaría de opinión.  

sábado, 20 de junio de 2015

Los deseos de un príncipe hacia su hermano.

Estaba frente a mí con su rostro de líneas suaves. Aún no poseía el semblante maduro que le hubiese dado la edad. Tenía todavía los ojos llenos de una esperanza que parecía exótica en un mundo como el nuestro, donde se cosecha miseria y condena. Somos seres que hemos sobrevivido a la muerte y conocemos íntimamente el crimen y la soberbia. Deseamos la inmortalidad mucho más que los grandes artistas, los ególatras dirigentes y los empresarios que amasan fortuna creyendo que el dinero podrá comprar la eternidad.

Su aspecto era elegante, pero no sofisticado. Poseía una elegancia que había aprendido con el paso de los años, imitando quizás a su tutor y a los grandes hombres de otras épocas. El traje era a medida y su camisa de algodón blanco realzaba su largo cuello, pues no había corbata rodeándolo. Sus manos, largas y finas, tenía las uñas cuidadas y descansaban sobre los brazos del sillón. Sí, era el señorito Blackwood.

Quinn poseía una belleza muy atractiva. Sus casi veinte años le ofrecían una imagen soberbia, idílica y atractiva. Podía ver en él lo mejor de un hombre y un niño. Sentía curiosidad y deseos, poseía una pasión desatada y se mantenía con una serenidad medida. Era hermoso. Poesía riquezas, una historia, experiencia, poder, juventud eterna y un corazón noble que había logrado enternecer al mío.

Allí, sentado en aquel sillón, lo contemplé durante varios minutos. Teníamos muchas cosas que contarnos. Había motivos para conversar como aquella primera vez. Debía pedirle, o más exigirle, que me contara la verdad sobre sus años lejos de mí. Me había perdido por las selvas, cruzado desiertos, vivido entre escombros y grandes edificios del más arrebatador lujo; pero él ¿qué había hecho? No se había puesto en contacto con mis abogados. Ni siquiera Maharet me había informado de sus pasos tras marchase para investigar en su gran biblioteca. Durante meses temí por su vida, lloré por él y por su compañera. Sin embargo, ella no estaba allí. Mona no se encontraba a su lado mirándome inquisitiva y seductora. Sólo estaba él. Había entrado en la sala principal del castillo, tomado asiento y esperado con calma a que yo apareciera.

¿Dónde quedó su pasión? Ni siquiera se movió para estrecharme y llorar en mis brazos, como hubiese hecho el muchacho que yo conocí tan íntimamente. No. Él se comportaba como aquel viejo fantasma que tantos malos momentos me hizo pasar. Un ser que todavía, a día de hoy, extraño. Julien fue un enemigo mordaz, pero necesario. Comprendí que la vida no es tan placentera y que uno puede encontrar trabas en su camino al éxito, el amor o los negocios. Con su historia comprendí que debía vivir más, buscar más y marcharme de New Orleans buscando mis raíces; igual que él hizo cuando se encontró con la maldad frente a frente. ¿Y no era Quinn un descendiente suyo? Lo era. Era descendiente de aquel hombre de ojos azules, como los suyos, y de cabello canoso que una vez fue similar al que poseía mi joven amigo. Sin embargo, pronto me percaté que mi hermano, mi amigo, mi compañero y mi pupilo por unas semanas no estaba allí.

Mi deseo era tan terrible que lo había imaginado. Imaginé su presencia como si fuese una vieja fotografía en un lugar en el cual jamás fue tomada. Apreté los puños y deseé no llorar, pero mis lágrimas aparecieron manchando mis mejillas.

—Desahógate, lo necesitas—escuché la voz de Amel como si me susurrara al oído, aunque él estaba en mi interior—. Hazlo, pues sé lo que sientes por esos muchachos.

—¿Está vivo o está muerto?—al fin le hice aquella conmovedora pregunta, pero él guardó silencio—. Quien calla otorga—dije apretando los dientes.

—Hay vampiros que se enteraron cuya conexión no es tan fuerte, recuerda que él es joven. Es más fácil dar con los más cercanos a la reina, que con aquellos que están más alejados de mi línea de sangre—explicó—. El tiempo lo dirá.


—Más vale que esté vivo...


Lestat de Lioncourt  

sábado, 23 de mayo de 2015

Amor

El amor es importante para nosotros. Amamos la belleza, pero también amamos a otros que nos hacen sentir emociones que muchos creen que no deberíamos tener. 

Lestat de Lioncourt


Creo que todavía no soy consciente de todo lo que ha pasado en las últimas horas. Mi cabeza da vueltas. Quizás no he sido consciente hasta ahora de todo lo vivido, pues no he llegado a comprender del todo la suerte y la maldición que cabalga por mis venas como si fuese la droga más pura. No puedo creer que ella esté a mi lado. Es un sueño hecho realidad. Ella siempre fue mi esperanza, aunque creí que no volvería a tenerla entre mis brazos. Sin embargo, la hubiese acompañado al infierno si era necesario. Habría caminado por las ardientes brasas y contemplado los más terribles horrores.

Hoy por primera vez puedo decir que descansaré con el alma tranquila y el corazón palpitando. Mis emociones, las cuales parecían náufragas en un mundo de silencio y oscuridad, vuelven a sentirse vivas y surgen de su tumba para entrelazarse con las suyas. Dicen que estamos muertos, pero soy firme defensor que no hemos estado jamás tan vivos como en estos momentos. Puedo contemplar sus labios carnosos, sus mejillas llenas salpicadas de pecas, el rubor que éstas poseen, la magia de su cintura retorciéndose mientras busca hacerse hueco en mi pecho y sus ojos profundos, de un verde intenso como la esmeralda que una vez estuvo colgando de su cuello, revolviendo cada uno de mis recuerdos. Sus dedos juegan con mi cabello rizado, se deslizan desde mi frente hasta mi nuca. Sé que ella está experimentando la emoción de una nueva vida.

Jamás creí que el amor existiese. Pensé que no estaba dispuesto a encontrarlo. Deseaba evitar por todos los medios fundirme con otro ser. No buscaba el amor. Creo que nunca tuve la oportunidad de experimentar un abrazo sincero, más allá de alguno reconfortante pero carente de emociones. Ella se abrió a mí como una hermosa flor de fuego en medio de un jardín oscuro, tenebroso e infestado de insectos cargados de dolor. Ya nada importa. Todo lo que quiero está en mis brazos, tumbada a pocos centímetros, siendo mi esperanza y la solución a todas mis lágrimas. No esperaba que ella apareciera, pero lo hizo provocando que surgiera en mí la felicidad de la cual no creía ser merecedor.

A pesar de haber estado rodeado de personas me sentía solo. Su recuerdo era lo único que me reconfortaba. La verdad que ella me ofreció, el misterio que siempre llevó en sus palabras, y la complicidad de sus besos eran lo único que me hacían seguir caminando buscando una solución. Sin embargo, no podía ir al hospital. Era un vampiro. Los brujos y los vampiros no suelen tener relaciones cordiales. Sabía que podía terminar desterrado de éste mundo. Pero eso no me impedía imaginar mis pasos por los pasillos, caminando entre las salas, transportando flores silvestres en un gigantesco ramo y dejándolo en la cama donde ella yacía adormilada. Allí la secuestraría, la llevaría conmigo y la haría mía. Si bien el resultado de éste cuento ha sido mejor. No he tenido que romper cadenas. Ella las ha roto, ha venido a por mí y me ha buscado como fuente de verdad y eternidad.


Si tuviese que definir lo que estoy viviendo sería felicidad, pero la verdad es que tan sólo es amor. Y la palabra amor engloba todos los buenos sentimientos, emociones y recuerdos que uno puede hallar en la vida... aunque la vida sea eterna.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt