Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de junio de 2017

Arte

Bueno, estoy de acuerdo con él. No sé mucho de arte, pero sé cuando veo algo bueno.

Lestat de Lioncourt 



Siempre he reconocido que la vida está basada en números y los números logran formar conceptos matemáticos que influyen en el arte. No hay nada más natural que el arte y los números. La naturaleza está llena de grandes fenómenos artísticos que conmueven nuestras almas. Soy capaz de reconocer la belleza cuando la veo. Incluso en mitad de los grandes desastres soy capaz de palparla, observarla y sentirla en el fondo de mi alma. Mi corazón palpita cuando contemplo algo inusualmente bello o prodigioso.

Durante muchos años pensé que el arte estaba vinculado a los museos, pues allí podían conservar y exponer a los más grandes pintores, fotógrafos, escultores e incluso diseñadores de moda. Existen museos de objetos que revolucionaron la vida y el concepto de belleza como los museos de relojes antiguos, de huevos de fabergé, automóviles o hermosas cajas musicales. Contemplas historia, pero también el idilio con lo perfecto más allá de su función básica.

En estos días he decidido acudir a una exposición de “Arte Moderno”. Pensé que encontraría grandes influencias que me harían revivir la magia del arte y lograrían que probase nuevas técnicas. No obstante he visto cosas absurdas como basura regada por el suelo convertida en arte, sillas simples de plástico colgadas del techo representando la soledad o vasos de agua convertidos en obras emblemáticas. Ya no sabes si estás ante un objeto abandonado en mitad de la sala o realmente algo hecho a propósito.

Ayer me puse mi mejor traje, aunque siento que sigue siendo ropa bárbara y no me acostumbro a llevar pantalones, para pasear por una galería de arte muy cercana a la vivienda que ahora ocupo. Pensé que encontraría algún lienzo que me conmoviera. Si bien, sólo encontré objetos sin forma y fotografías mil veces reproducidas en cualquier otra parte. No hallé el alma de artista, salvo si el alma se compone del dinero que cuesta un jarrón inservible.

Por eso me marché indignado. Eché a caminar por las calles más céntricas y acabé, no sé como todavía, por uno de los barrios más empobrecidos. Hay numerosas casas abandonadas, una vieja fábrica destartalada que antes producía cartones y embalajes de gran calidad, y me detuve frente a un enorme muro. Había color, pasión en cada forma, y rostros de distintos rasgos con ojos profundos así como frases motivadoras. Me quedé asombrado. Contemplé la belleza de frente sin tener que pagar un sólo dólar. Mis manos temblaron y mi corazón se llenó de una excitación insana. Artistas callejeros, que suelen ser llamados vándalos por injustos y estúpidos que no ven más allá que un spray sobre un muro, me demostraron que ya el arte no se halla en los museos y que debe vivirse. Hacemos mal en guardar o refugiar el arte para que sea inmortal, cuando si realmente merece la pena ser conservado lo haremos. El arte debe vivirse, debe sentirse, debe fluir de forma natural y no tiene precio.



lunes, 13 de marzo de 2017

Arte

Yo la verdad es que en parte le doy la razón...

Lestat de Lioncourt 

Ya no existen las grandes proezas. La mayoría de supuestos artistas son capaces de hacer una mancha en un lienzo y proclamar que es su venganza contra la sociedad injusta, clasista y vacía de moral. Si bien, venden estos cuadros por el precio de un Dalí. Se quejan que muchos no ven su sufrimiento, pero ¿qué sufrimiento van a tener si ni siquiera son capaces de despegar sus rostros de la pantalla del ordenador? La sociedad de hoy en día vive en la cuerda floja y no se sonroja en admitir que las penas de otros son inocuas.

La estupidez supina de algunos llega hasta creencias baratas e injustas. Hay quienes creen que los pobres lo son porque no persiguen metas, que los niños de la guerra toman un rifle porque así lo han decidido ellos, que el musulmán siempre es violento, y que una virgen, si la saca en procesión, lloverá así como que la homosexualidad es moda. Contemplo este mundo que fue cuna de grandes conquistadores, de reyes injustos pero eficaces, y de batallas donde la sangre de hermanos fueron derramadas por un pedazo de pan y siento lástima. Cometen los mismos errores, aislan, embrutecen su discurso de miedo injustificado y aplauden el diálogo que parece más apropiado a sus necesidades. Ya ni piensan por sí mismos.

Hace tiempo que la sociedad dejó de tener respeto hacia otros, pues no se respeta siquiera hacia sí misma. Estoy en un mar de escándalos y mentiras. Todo es demasiado mediocre. Y el arte, mi adorado arte, se ve ahí hundiéndose en brea absorbiendo la oscuridad de almas que sólo crean por dinero, fama y prestigio.

Muchos han olvidado que los verdaderos artistas murieron de hambre, locura o injustos castigos. Hay miles que tuvieron que ser enterrados fuera de cementerios porque hablaban de poderes demoníacos o que no poseían alma, así como muchos actores de otras épocas cercanas a la época medieval. Han desterrado de su léxico la revolución para hacer vibrar almas, pues lo único que desean es que vibre el teléfono móvil por los “like” y “compartidos” en redes sociales. Así viven, así los crean, y así son. Mediocres.

Hace tiempo leí que un imbécil dejó un vaso de agua sobre una estantería y dijo que era arte. ¿Eso es arte? Miguel Ángel se retorcía en su tumba al escuchar semejante insensatez. Hay quienes toman un televisor y lo destrozan a martillazos, echan un cubo de pintura por encima y la llaman “Ira hacia la sociedad” y también es arte. ¿Cuál arte? Recuerdo vivamente como algunos pasaban años frente a un lienzo, cosa que hacen todavía artistas relevantes y apegados a la belleza de un realismo extremo, para así plasmar cada pedazo de sus almas o las almas de quienes han posado para ellos aunque fuese en sueños. Sigo manteniendo la esperanza en el disparo de una fotografía en mitad de una guerra, entre la naturaleza muerta o los altos edificios donde la mayoría dejan que su tiempo muera malgastado.


Algunos dirán que quién soy yo para juzgarlos. Es cierto, ¿quién soy yo? Sólo soy un demonio que pintaba ángeles, un ser que todavía coloca a su musa en los cuerpos de las Venus que va pintando en murales extraordinarios o el vándalo que en Brasil pintaba hermosas flores silvestres en casas abandonadas. Sigo siendo yo, Marius Romanus, adicto al arte y ajeno a las modas pueriles. Yo, el amante del pincel.  

viernes, 1 de abril de 2016

Arte

Acepto que Marius tiene razón ahora por muy mal carácter que tenga.

Lestat de Lioncourt


Observaba con descaro el cuadro sin apartar ni un momento su atenta mirada de las extrañas y numerosas formas que allí se agrupaban. Parecía perdido y casi angustiado en la maraña de colores que se extendían hacia las cuatro esquinas. Ni siquiera era una gama de color agradable. Allí, de pie con los brazos echados hacia atrás y la muñeca izquierda garrada por la mano derecha, suspiraba disconforme con el título y la representación que allí se daba. Él no veía que el artista hubiese tomado un tiempo para reflexionar sobre el lienzo vacío, ni observaba pasión en el trazo, sino que contemplando la cifra con la cual estaba puesto en venta comprendió de una vez que deseaba decir el artista: Vendo cara mi alma porque mi arte es barato.

Había visitado cientos de galerías de arte. Estuvo frente a arte vanguardista y extraño, por no decir casi alienígena, pero no había visto tal abominación en ninguno. Uno sabe cuando un cuadro está hecho con pasión, necesidad o por dinero. Contempló incluso gigantescas láminas donde se representaban pequeños muros de ladrillos cargados de tinta en spray. Esos cuadros, de artistas urbanos, le recordaban los días en los cuales asaltaba viejas casas en ruina para pintar lirios en medio de un jardín similar a una jungla.

—Disculpe...—dijo al propietario de la galería que revoloteaba como mosca desde hacía varios minutos—. ¿Por qué es tan cara esta obra?—preguntó como si fuese un niño estúpido desconocedor de la belleza y la nobleza de un pincel.

—Es uno de los mejores pintores que existen en este siglo. Es joven y muy intuitivo. ¡Sólo mire la mezcla de colores!

—Sí, la vomitiva mezcla...—masculló.

—¿Cómo dijo?—el empresario se sintió sumamente ofendido como si fuese el dueño de la obra, pero en realidad sólo era otro idiota convencido que cuanto más rara fuese la obra más valor tenía.

—¿Ha venido alguno de sus cuadros?—dijo algo inquisitivo.

—¿Bromea? Es el pintor favorito de cientos de famosos. Victoria Beckham tiene varios cuadros suyos en una de sus viviendas—comentó aquello como una auténtica proeza provocando que se echase a reír a carcajadas—. ¿De qué se ríe?

—Sólo gente ignorante compraría ese horror—afirmó.

El director de la galería acabó echándolo provocando que su ira aumentara. Marius aguardó unas horas más para que la galería cerrase sus puertas. Esperó fuera, en la acera contigua, con un maletín cargado de pintura y la mirada cargada de sentimientos que podían atravesar cualquier corazón como balas sagaces.

Eran alrededor de las once de la noche cuando cayó sobre el director y lo hizo abrir la puerta una vez más. El hombre pataleaba rozando con la punta de sus pulcros mocasines el mármol de su tienda. Marius imponía respeto con sus manos de artista rabioso, las mismas que agarraron un par de sogas que guardaba en su maletín y unas resistentes esposas. El pobre mortal quedó atado frente a la obra barata como muchas otras únicamente hechas para vender, no por amor o por belleza.

Allí sentado tuvo que observar como Marius tomaba una paleta de pinturas y garabateaba sobre el lienzo. En cuestión de horas tenía una hermosa pintura de un paisaje bucólico de una costa mediterránea que ya no existía, no al menos tal y como él la había pintado, y de fondo había una galera con numerosos detalles. La arena tenía tanto detalle que se podía contar sus granos amontonados por doquier mientras la espuma del mar se precipitaba sobre ella con cierta violencia.

—Ahora sí pagaría esa absurda cifra y sí podría llamar a esto... “Esclavitud mediterránea”—dijo arrojando la paleta a los pies de aquel pobre mortal, para luego desaparecer tras un par de pestañeos.


sábado, 27 de febrero de 2016

Arte

Miró al muchacho a los ojos sintiendo que su alma al fin reaccionaba, pero era incapaz de mostrar sus extraños y fuertes sentimientos. Observaba su rostro como quien contempla una de las séptimas maravillas del mundo. Él conocía bien sus sentimientos, pues realmente  sólo era capaz de amar el arte y su pupilo se lo había dicho. Aquel tritón estaba hecho para crear arte y él lo amaba. Su piel podía ser un lienzo perfecto en el cual dibujar sinuosas caricias. El joven estaba hecho para tentarle e incitarle a crear las fantasías más irresistibles. Él estaba lleno de belleza que evocaba por sí mismo una paleta de sensaciones. Se proyectaba como un ser nuevo nacido para ser torturado provocando una melodía deliciosa que haría llorar a los ángeles.

Deseaba alimentarse de esa obra infinita desenfrenado durante el sexo hasta llevarlo al borde de la muerte, pero jamás le mataría. No podía acabar con aquella maravilla pese a ser un demonio que se alimentaba del placer y del dolor ajeno, consumiendo así las almas de sus víctimas. Sin embargo le haría conocer el filo de la muerte y en esa muerte anunciada, en ese asesinato, también habría arte aunque sería un arte terrible, grotesco y sangriento.

Abarcó su cara con ambas manos y le miró acariciando con los pulgares la comisura de sus labios. Pensó en sus gemidos, igual que en el silencio de su boca amordazada. Su cuerpo retorcido y marcado por miles de injustas caricias sería arte. Y arte terminaría siendo si pintara sobre la espalda con el pincel de su látigo, cincelando marcas terribles que nadie podría borrar. Arte era y sería por siempre.


Su miembro quedó erecto entre sus manos, siendo acariciado como se acaricia el barro para darle forma. Porque el sexo para él era arte y más cuando se hace con una criatura digna para ser contemplada en su estado más salvaje. Tomó su mano derecha del muchacho entre las suyas y la llevó a su miembro. Arte también era atender a un hombre tan anciano, a un demonio que conoce bien los placeres hedonistas, con sólo mostrar ese rubor en sus mejillas. El sexo es arte, profundo y sincero, cuando se tienen sentimientos hacia la obra. Él ansiaba que su pupilo fuese su mejor obra.

domingo, 21 de febrero de 2016

Arte

Daniel muestra sus inquietudes.

Lestat de Lioncourt

La vida moderna ha creado diversas influencias en los vampiros. Lentamente ha generado cierto interés en los más antiguos como en aquellos que todavía pueden señalarse como jóvenes. No obstante la forma de vestir sigue teniendo gustos muy personales y provoca ciertas disputas con la moda actual. Hemos podido leer en numerosas ocasiones las discusiones internas que tienen algunos inmortales.

La ropa es algo muy personal así como los perfumes, joyas o libros. Cada época tiene un estilo y cada vampiro ha logrado plasmar en algún complemento lo que fue y seguirá siendo. Para Marius es aberrante llevar pantalones porque para él es algo “bárbaro”. Posiblemente jamás encuentre cómoda esa prenda pese a que suele usarlos. Algunos vampiros tienen mayor fortuna y logran encontrar prendas que se adaptan a su forma de ser, sentir y ver la vida. Lestat es quien mejor ha sabido adaptarse a los tiempos modernos usando chaquetas de cuero con tachuelas o gafas de sol bastante llamativas. Sin embargo, incluso él ha llegado a añorar las camisas de chorreras con elegantes encajes.

Pero, si no les importa, en ésta ocasión nos centraremos en la literatura. Para todo inmortal los libros son una fuente de cultura, información y ocio. Muchos de ellos suelen vivir aislados por algún tiempo, debido a problemas con el resto de la sociedad o porque se encuentran heridos. Hay autores que siempre les traerá grandes recuerdos y evocará a épocas en las que ellos eran humanos. Flavius, al igual que Pandora, sigue leyendo a Ovidio y dejándose arrastrar por  su concepto de amor. Por el contrario, Armand ha optado por probar autores que no habían sido próximos a él o que han influido en otros inmortales, así como en la cultura social, como es el caso de Shakespeare que es nombrado en sus memorias. Lestat ama la novela de acción e intriga quizás por su forma de ser tan intrépida e irresponsable, pero termina leyendo cualquier obra que tenga un estilo cultivado y pueda sacarle beneficios.

Si preguntas a un inmortal, sea cual sea, sobre literatura moderna verás que tuerce ligeramente el rostro. Estamos viviendo en un tiempo en que el dicho “cualquiera puede escribir un libro” es un hecho. Sin embargo que se pueda escribir no implica que el contenido sea agradable, importante o simplemente interesante para un ser que ha visto el mundo cambiar con sus propios ojos. Hay autores reverenciados que doblegan a nuestros compañeros, pero también hay otros que provocan la ira de muchos de ellos.

La música es también muy importante, por no decir imprescindible. Hemos podido presenciar el auge de la radio para vampiros, aunque los mortales piensan que sólo es ficción y una hermosa performance que los mantiene en vilo. Si bien ahí tenemos el piano de Sybelle y el violín de Antoine, así como las voces de los coros de “El Sabio”. Ya se sabe que “la música amansa a las fieras” y “calma las heridas del guerrero”. Pero no toda la música es apta para nuestros oídos. El rock no es apreciado para los más antiguos, salvo si es música proveniente de los aullidos de Lestat porque narran la historia que todos conocemos a la perfección. Todavía se recuerda y tararea las estrofas que animaron a Akasha y la hicieron despertar para convertir el mundo en un infierno aún más terrible.

Los gustos no cambian porque nosotros no cambiamos. Nos sentimos cómodos en lo conocido por mucho que capte nuestra atención. Terminamos rodeados de objetos que nos recuerdan a los buenos tiempos. Armand ha decorado su refugio en Nueva York como si fuese un palazzo veneciano. En cada habitación hay un pasadizo al pasado y al arte que predominaba aquellos tiempos, también posee dos hermosas bibliotecas plagadas de libros que ha leído en más de una ocasión. Es el vampiro que mejor se ha adaptado aunque cuando lo conoció Lestat era torpe, vestía casi como un cadáver recién salido de la tumba y era incapaz de relacionarse correctamente. Es un caso excepcional. Gregory también lo es pues ha logrado crear un imperio farmacológico y envolverse en un halo de misterio, lujo y paz. Sin embargo, el caso más llamativo será como el líder de una secta oscura y abominable, como era Armand, ha logrado cambiar hasta llegar a ser un empresario de éxito envuelto en viejos recuerdos que sosiegan sus heridas.


El ser humano no da la importancia necesaria a vestir como uno desea, como uno es realmente, porque desean ser aceptado en una sociedad que necesita gente que no piense por sí mismo, que no sea diferente, y que premia lo común. Las grandes empresas roban la imaginación a los jóvenes desde edades tempranas ayudados por una educación poco flexible. La literatura, la música y el arte en general se están convirtiendo también en puntos útiles para la uniformidad de la sociedad. En ocasiones el autor más vanguardista, aquel que es criticado hasta la saciedad, es mucho mejor que un autor de éxito que sólo crea libros para ser comercializados. El arte, pese al paso de los siglos, sigue siendo más puro cuanto más hambre y miseria pasa el artista. Tal vez es cierto que para ser amado, usado incluso por los inmortales, se precisa haber sufrido. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Hambre

Daniel ha decidido dejar por escrito sus pensamientos sobre la sociedad actual. No todos estarán de acuerdo, pero para mí es un punto clave: estamos hambrientos. 

Lestat de Lioncourt 

El ser humano actual está enfermo desde hace décadas. Tiene una enfermedad que carcome su alma y la pudre lentamente. Los primeros casos aparecieron hace más de cincuenta años. La sociedad apenas estaba empezando a sumirse en una profunda oscuridad. Ésta enfermedad del alma es la pérdida del interés por la cultura realmente influyente o que contribuya a un enardecimiento del intelecto. Nos encontramos ante una sociedad que busca un arte fácil de digerir, simple y carente de profundidad igual que la mayoría de las almas que pueblan sus calles. Es un arte desechable, como la mayoría de los enseres, y muy consumista. Lo que valía ayer ya no vale hoy y hay que conseguir nuevos intereses que nos sacien, pero son tan endebles que jamás contribuyen a llenarnos. Nos convertimos en meras máquinas carentes de felicidad.

Hace algo más de cien años ir a un café no era un acto tan cotidiano. Sólo las personas influyentes podían darse el lujo de quedarse amodorrados con el humo del tabaco, el aroma profundo del café y del periódico de primeras horas de la mañana. Los empleados de las fábricas corrían agitados, igual que hormigas, de la casa a la industria y, por supuesto, cuando se asomaban al café introducían sus pensamientos con ahínco y desesperación. El bar, la taberna, los lugares de culto a la conversación se llenaban a media noche con encuentros de todo tipo. Los pensadores, escritores y artistas se camuflaban entre los airados y desesperados. Todos se unían en una mezcla distinta que los invitaba a dialogar. Hoy vas a un bar y pocos están conversando profundamente de temas artísticos o políticos, y quien lo hace no tiene idea de lo que está hablando. Seamos sinceros, la mayoría va a los cafés para tomar algo y ensimismarse en la televisión, la cual te dicta qué debes pensar, comprar e incluso cuantas veces al día debes respirar. Se ha perdido la cordialidad, el respeto al prójimo, la conversación fluida más allá de la manida charla del tiempo y hemos convertido al camarero en máquinas expendedoras. Ni siquiera miramos a la cara a quien nos sirve el café, té o cualquier refrigerio. Pocos son quienes dan los buenos días, tardes o noches. Aún más escasos son los que dejan alguna miserable propina.

Somos terriblemente hedonistas, y cuando digo somos incluyo también a todos los vampiros de éste perverso mundo. Disfrutamos de la diversión, pero ¿es de calidad esa diversión? ¿Se divierte nuestra alma recogocijándose con el arte y las vacías conversaciones de ascensor que se dan en los numerosos cafés? ¿Se ha perdido el impulso revolucionario? ¿Desde cuándo nos conformamos con acumular tiempo que luego malgastamos frente a la televisión? No usamos el tiempo y vivimos contra las manecillas del reloj. Viajamos apresuradamente por las calles y no contemplamos el cielo, aunque si lo hiciéramos veríamos una densa neblina que nos impide ver las estrellas o intentar soñar.

El arte está desapareciendo y el que renace, como si fuese un pequeño brote de esperanza, sólo se mantiene por intereses económicos. Además, como no, nos dicen cual es el más importante, el que debe representar a toda una generación como siempre y no en ser nosotros mismos quienes decidamos cuales son los más influyentes. Nos dejamos deslumbrar por artistas del circo metidos a domadores de espectadores, los cuales van a conferencias ilusionados y atraídos por falsas propuestas de mercenarios industriales. Compramos más de lo que necesitamos en vez de invertir el dinero, tiempo y esfuerzo en algo que realmente merezca la pena.


Los vampiros más jóvenes sufren ésta tendencia insana, pues han nacido en una sociedad capitalista e infame. No digo que el comunismo sea la solución, pero ¿un capitalismo tan salvaje es necesario? ¿Dónde quedó el mirar por la sociedad y sus verdaderas carencias? No, para qué. Es mejor, y más productivo para las grandes fortunas, generar necesidades que nunca se verán del todo cubiertas. Estamos insatisfechos y no lo sabemos, pues es nuestra alma la que clama y eso, señores, no lo pueden llenar los billetes amontonados a la hora del pago en un supermercado. Eso lo hace una conversación amena, un abrazo sincero, un libro que realmente nos cambie y un cuadro que nos recuerde a nuestra infancia... Una película que realmente posea un guión sólido, aunque no sea la típica que veas en una sala de cine. Algo especial, pues somos especiales y no nos pueden vender a todos lo mismo... ¡Pero lo hacen! Por eso estamos desesperados y aceptamos cualquier cosa convenciéndonos que es cierto, pues la desesperación genera que nos involucremos en guerras absurdas, divagaciones inconsistentes y aplaudamos a vendedores de humo.  

lunes, 16 de marzo de 2015

Iguales

Quizás Marius encontró en Daniel la horma de su zapato.

Lestat de Lioncourt


A primera vista era un animal herido. Un pequeño animal asustado por la tragedia que había visto frente a él. Temblaba entre la emoción, de saberse vivo, y la desesperación, por los sueños que aún le perseguían. Sus manos blanquecinas, igual que su cuerpo, hablaban de noches en vela pulsando las teclas de su máquina de escribir, bolígrafos que estallaban en sus manos mientras notaba notas y grabadoras que terminaban sin cinta para cubrir los pensamientos más desesperantes. Era aberrante saber que Armand había cometido su primer y mayor pecado. Él no tenía una mente estable, pero el miedo le había impulsado a crear un monstruo con el cerebro tan torturado como su alma.

Decidí quedarme con él. No fue una decisión generosa, sino necesaria. Aún amo a Armand demasiado, sabía que si Daniel perecía la conciencia se volvería más turbia y él padecería. Opté por sostenerlo como quien sostiene el corazón de su ser amado, intentando salvar su vida en un acto desesperado.

Ofrecí un lugar para quedarse, reservado de todo recuerdo que pudiese afectarle, materiales para que se concentrase en el arte y dotarle del conocimiento adecuado. Las primeras semanas fueron de silencio, observación mutua y desdén. Pero entonces habló. Me habló como si fuese su padre.

—¿Alguna vez has tenido sueños?—preguntó en un tono educado, aunque generaba cierta distancia entre ambos. Sabía que yo era su superior, su benefactor, pero no su amigo. Los padres son así. Son benefactores para muchos, pero no son cómplices de sus deseos.

—Miles—respondí.

—¿Has cumplido alguno?—dijo con cierto interés.

—Sí, pero no siempre permanecen a tu lado—expliqué sentándome en la mesa con él, frente a frente, mientras un centenar de minúsculas casitas se hallaban como únicos testigos de aquella conversación.

—Yo tenía el sueño de no morir. He tenido ese sueño desde que conocí a Louis, pero ahora es una pesadilla—susurró.

—Porque así lo deseas. Si me permites guiarte podrás sostener en tus manos las pesadillas, aplastarla con tus dedos y enviarlas a un rincón tan lejos que no te hagan daño. Te daré fortaleza, Daniel—comenté mientras tomaba una de las casas—. Tienes talento.

—Es para no pensar, para no sufrir.

Creo que en ese momento supe que él hacía sus casas del mismo modo que yo pintaba cuadros. Hacía aquello para no sufrir. No pensaba en el daño, ni en los sueños rotos, mis víctimas o mi orgullo desmedido. Tan sólo era feliz dando pinceladas a cada obra. Cada pincelada significaba una lágrima menos, una disculpa no dada, un sueño roto y un poco de esperanza.

Terminé apartándome de la mesa, para quedar a su lado y apoyar mis manos sobre sus hombros. Mis ojos contemplaron el valle de pequeñas casas, las siniestras sombras que proyectaban, las numerosas calles amplias y los parques. Era una ciudad en la cual no interesaba un nombre concreto, una localización, sino que era un cúmulo de recuerdos. Me incliné sobre él, besé su mejilla derecha y sentí que por primera vez deseaba amar, no olvidar y ser maestro de alguien más allá de un simple título eterno.


Con el tiempo el lazo se ha hecho más fuerte, el amor es evidente, y me he hecho adicto a su compañía. Sus escuetas preguntas, sinceras y concisas, su mirada profunda y sus labios rozando los míos son sensaciones placenteras para un hombre que aún arrastra consigo las numerosas cadenas del orgullo y la ira. 

martes, 10 de marzo de 2015

Mi peor pupilo

Oye, se agradece, Marius. Todo esto se agradece. Sin embargo, no sé si es halago o crítica ¿o qué?


Lestat de Lioncourt


Entre las maravillosas esculturas, libros amontonados y monstruosos frescos de mi vivienda, alejado de todo y todos, recuerdo su cuerpo esbelto y sus ojos grises tan llamativos. Poseía la fuerza que yo había perdido, tenía una mente fresca y un espíritu rebelde perfecto. Quería moldear su alma, acariciándola con mis largos y marmóreos dedos, pero me equivoqué. No podía controlar a la bestia que yacía en su interior, tan despierta e inquieta, que estaba a punto de lanzarse en mi contra.

Recuerdo vivamente el tono de su voz, las pausas dosificadas de sus palabras, el acento de cada una de ellas y lo agradable que fue alejar la soledad por unas horas. Había elegido a ese jovenzuelo, que apenas comenzaba a comprender la pesada carga de la inmortalidad, con la ansiedad de un padre sin hijos. Estreché su cuerpo joven y puro, besé su rostro y deseé que terminase brillando en medio de la oscuridad. Sin embargo, él ya lo hacía.

Del mismo modo que me enfrenté a las reglas impuestas, él lo hizo. Tomó conciencia de quien era y sus deseos. No podía usarlo como una marioneta, ni ayudarle a manejar sus emociones. Él era desafiante, temerario y lo demostró. Bajó donde se hallaban Padre y Madre y los animó como jamás los había visto. Sentí rabia. Creo que jamás me había sentido tan colérico. Tuve celos. Admiro que fueron unos terribles celos que no pude controlar. Aunque creo que jamás deseé hacerlo. Pedí que se fuera y permití que el dolor agujereara mi alma.

Décadas más tarde lo vi dando aullidos en la televisión. Los inventos modernos siempre llamaron mi atención, pues podía lograr desarrollar nuevas formas artísticas. La música sonaba continuamente en mi vivienda, como lo hizo más tarde su voz frente a Akasha. Ella despertó y yo casi muero, pero sobreviví. La ira de la mujer que amaba, el vampiro más antiguo, casi arrasó con todo lo que yo amaba.


Lestat es como una pintura. Cuando comienzas no sabes cómo será, pero poco a poco vas vislumbrando su verdadero espíritu. Sólo su autor puede decir cual es el trozo de su alma que ha dejado allí, como una huella imposible de borrar, pero todo aquel que ve la obra puede comprender parte de su amor, pasión, miedos y fracasos. He seguido cada uno de sus pasos. Afirmo que detesto ser comparado con él, pero puedo ver en su fuerza y curiosidad algo que aún vive en mí. Sólo espero que el peso que cae ahora sobre sus hombros, uno mayor al que cualquiera pudiese soportar, no aplaste sus deseos de seguir luchando.  

martes, 3 de marzo de 2015

Arte en la vida

Sybelle habla pocas veces de Marius, pero para ella Marius es pasión y arte. Creo que muchos pensamos igual, aunque temamos su ira.

Lestat de Lioncourt


Si se pudiese resumir mis sentimientos en una sola pieza de piano sería un desastre. Son tantos mis sentimientos, enfrentados en colérica batalla unos contra otros, que no tendría armonía. Debería sentirme libre, pero siempre habrá un lastre. Creo que es cierto eso que dicen, que la felicidad completa no existe. Ni siquiera existe el completo silencio, pues siempre estará el sonido de nuestra respiración y el latido del corazón. Sin embargo, observo el mundo con un amor apasionado y, poseo unas alas invisibles que me impulsan contra los fuertes tornados que giran a mi alrededor.

La vida es como una melodía, aunque esté desafinada o las notas sean un desastre. Caminan a tu alrededor obras intensas, suaves o simplemente maravillosas que añaden a la tuya cierta pasión, elegancia o sutileza. Aprendes de la composición del alma que posee quien te abraza, escucha o permanece a tu lado en los momentos más difíciles.

He aprendido de todos, aunque ha sido complicado aceptar tantos cambios en un espacio de tiempo mínimo. Hace unas décadas era una joven pianista atada a un ogro que poseía su propia sangre, sus gigantescas manos me asfixiaban y torturaban, pero ahora soy un vampiro con una fuerza innegable y cierta astucia que me han dado estos escasos años. No he tenido un maestro, sino varios. Incluso yo misma he descubierto cosas por mi propia cuenta y riesgo.


En estos momentos estoy frente a una de esas criaturas, una de esas maravillosas obras, mientras pasa su pincel por el lienzo y contempla su obra inacabada. Sus ojos son fríos, pero su corazón es apasionado. El rojo es su color favorito. Él es Marius. Muchos han hablado de él, otros le han odiado o temido. Por mi parte ni lo odio, ni lo temo y tampoco puede decirse que he tenido largas charlas sobre temas trascendentales. Sin embargo, lo contemplo y veo amor. En cada movimiento de su muñeca veo un amor innegable. Igual que veo amor en sus ojos cuando contempla sus obras, sean cuadros o un muchacho eterno de cabellos de fuego. Toco hoy para él, para inspirar una pintura. El arte es lo que nos vincula y una sangre demasiado poderosa, nada más. Sé que no me ama como al resto, pero me conformo con cierto cariño y cuidado en su trato hacia mí.  

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Mi corazón es tuyo

Marius ya perdió los calzoncillos por Pandora. A ver cuanto tiempo duran juntos esta vez ¿unas horas? ¿unas semanas? Se aceptan apuestas. Mael ya abrió su timba y todo mortal, e inmortal, que se precie irá apostando los días u horas de estos dos... 

Yo soy optimista y digo que una noche entera. 

Lestat de Lioncourt


Ayer pude contemplarla entre los visitantes de una concurrida galería de arte. Vestía uno de esos trajes femeninos, elegantes y que me recordaban a las viejas vestimentas que solíamos llevar en la antigüedad. Su largo cuello poseía un collar de perlas blancas, cautivadoras y perfectas, que lucían como diamantes ciegos sobre su lechosa piel. Sus largas piernas estaban ocultas por la larga falda del vestido, pero podía imaginar sus pies ataviados en unas cómodas sandalias elegantes. Parecía sacada de otra época, colocada allí para mi peculiar gusto, sacándome del pecho todo el dolor y el vacío que había sentido durante años.

He aprendido a vivir sin ella. O más bien, he aprendido a sobrevivir con sus recuerdos. La fiereza de sus ojos, su forma de amar tan salvaje y sus palabras inquietantes sin tabú. Siempre ha sido paraíso indomable, un volcán incontrolable, que deseo tener entre mis brazos. Extraño tener su perfume prendido en mi boca y contagiando cada uno de mis sueños. No he podido escapar de mis sentimientos y he permitido que el amor me dominara entre sus brazos que buscan pasión, locura y libertad. Por eso mismo permití que ella se aproximara si quería, pues sabía que la última vez que habíamos discutido ella huyó. Si me preguntan si ella tenía motivos podría decirte que sí, pero no recuerdo bien como comenzó la tormenta que nos separó.

Pasados unos minutos, de miradas que me sumergían en la locura, decidió aproximarse hasta mí. Con elegancia colocó sus manos sobre mi torso, acariciando las solapas negras de mi chaqueta, mientras me mataba con una ligera caída de pestañas. Esas cejas perfectas, sus maravillosos ojos de diamantes bañados en café, y esa sonrisa ligera envuelta en unos carnosos labios me cautivaron. Era tortuoso controlar los impulsos que surgieron en mí, pero toda tortura tiene su lado placentero.

—Pronto nos veremos, Marius—susurró inclinándose hacia delante. Su nariz prácticamente rozaba mi mentón—. Mi alto, guapo y extraño, Marius... ¿podrás esperar ese día?—dijo alejándose de mí, de mis brazos que intentaron en vano retenerla.

—¿Por qué no ahora?—pregunté angustiado.

—Porque aún recuerdo tu torpeza—se colocó de puntillas y besó el lado derecho de mi cuello—. Nos vemos, amor mío.

Se alejó de mí, entre la multitud, y por alguna extraña razón, quizás por miedo a provocar una nueva discusión, me quedé allí de pie observando como se perdía entre los estúpidos críticos de arte, idiotas que creen ser sofisticados artistas e intelectuales sin remedio. Metí mis manos en los bolsillos, pues estaba tan nervioso que mis manos temblaban, y en ese instante noté la tarjeta. En ella Lydia había marcado una fecha, una hora y una dirección.


La veré pronto y la tendré conmigo. Esta vez nadie evitará que llegue puntual a la cita.  

domingo, 21 de septiembre de 2014

El dios de tu mundo

Marius ha decidido hablar de nuevo sobre sus sentimientos, o más bien sobre sus cagadas. 

Lestat de Lioncourt


El amor no es todo. La sabiduría busca consuelo en el corazón, pero la razón y el orgullo provoca que nos alejemos. Mi camino se ha marcado hacia otros rumbos, aunque es cierto que todos los caminos conducen a la perdida de conciencia y al influjo de los sentimientos. He aprendido a vivir en soledad, del mismo modo que desde joven tuve que soportar las comidas sociales y las fiestas joviales. Mis ojos fríos reducen a polvo a todo aquel que perturba mis emociones. Me he convertido en un monstruo colérico, a pesar de mi paciencia y mi deseo de sentir cerca a todo aquel que necesito.

Él fue para mí la redención. Igual que un ángel concede el amor, puro y exótico, él lo hizo. Abrió sus brazos como si fueran alas, me rodeó con euforia y permitió que lo besara encendido como una antorcha. El calor que sentí en mi pecho hacía siglos que no lo percibía. Su cabello rojo era la mecha de una pasión que sigue perdurando. Aquellos ojos castaños, tan profundos y llenos de vida, me arrojaron al paraíso de los pecados más complacientes. Sus labios, de pétalos de rosa, se convirtieron en la fuente de todo mal. El mal de los sabios asechaba. Quería ser su Dios, tal y como pedía, llegando a ser el Mesías en mitad del desierto proclamando al mundo la belleza del arte. Sin embargo, me convertí en el monstruo de sus pesadillas.

No puedo pedir disculpas. He hecho tanto daño que no puedo pedir siquiera su perdón. Juzgué mal sus sentimientos, dejé a un lado su dolor y jamás fui a buscarlo cuando lo arrebataron de mis brazos. He intentado poner remedio a mi torpeza, pero sólo divido nuestros mundos como su Moisés las aguas del mar muerto. Él cree en los santos, yo sólo creo en lo que pinto. Se ha alejado de mí por completo y preferido abrazar la fe, otros cuerpos y el tiempo.


Hoy lo vi. Sentado en los peldaños del hall de entrada de uno de los edificios más carismáticos de New York. Ha huido de mí. Busca un emplazamiento distinto cada cierto tiempo. Él viaja. No me informa de dónde está y cuando me aproximo me mira con rencor. El amor que me profesaba se está perdiendo y el dolor me está lacerando el alma. Pronto no quedará nada. Convertiré en polvo todo lo que he amado por terquedad, ceguera y terribles males. Quise acercarme, besar su frente, y rodearlo con mis brazos como tantas veces. Sin embargo, él no lo deseaba ni me necesitaba. He perdido.  

martes, 29 de octubre de 2013

El arte y yo

Armand
El Jardín Salvaje
Bajo Licencia LCC y SG


El arte y yo



En ocasiones me he concentrado en miles de esculturas observando cada minúsculo detalle. Me gusta ver como éstas hermosas obras no cambian su aspecto, salvo problemas de mala conservación. Son inmortales y hermosas, como si el mundo hubiese decidido que se mantuvieran firme ante el desastre que aguarda cada día en cualquier esquina de sus calles. Ellas son como nosotros. Las pinturas también son un canto a la perfección, incluso cuando se dibujan garabatos inconexos y de difícil comprensión que dejan a más de uno insatisfecho. Mis obras favoritas son aquellas que muestran la vida tal cual, con sus defectos y virtudes, como si fueran capturadas por una cámara.

Claudia odiaba a los mortales porque ella deseaba tener fotografías y nosotros no podíamos salir en ninguna de ellas, pues se necesitaba la luz del sol y ésta siempre fue nuestro mayor enemigo. Sin embargo, no paro de tomar fotografías a todo ahora que poseo una cámara. Saco fotografías incluso a lugares que he visitado y visto miles de veces. Quedo fascinado en la quietud que se muestra en algunas instantáneas y el bullicio que puedes hallar en otras.

Marius siempre opina que el arte es uno de los inventos que el hombre debería conservar impertérrito. Sin embargo, el arte era más hermoso verlo crear por sus manos aunque tenían nuevas tonalidades muestras de una visión que va más allá de los detalles superfluos, que se sumerge por completo en detalles que pasan desapercibidos por los mortales.

Mi amor por el arte es también mi odio por éste. Estaba destinado a pintar retablos de Dios en su representación humana, Jesús, pero el destino influyó junto al azar y caí en manos perversas. Sentí el azote del miedo, la depravación y el dolor lacerante que cubría mi cuerpo con golpes brutales mientras el mar movía el barco que me llevó a Venecia. Aquella ciudad era la cuna del arte en aquellos momentos, parte de la vanguardia y el desenfreno de fiestas pomposas y artistas brillantes.

Marius deseaba que tomara el pincel y creara para él, pero mis obras eran muy distintas al refinamiento que él deseaba. Trazos toscos, miradas frías y poca expresividad. Me sentía devastado porque no lograba recordar algo más que el viaje en barco hasta que un día los recuerdos llegaron, me arrancaron el aliento y permitieron que volviera a Kiev siendo Amadeo y no Andrei.

Mi mundo gira entorno al arte, como al fuego. Ver destruidas las obras de mis compañeros y maestro me llenó de odio, igual que de un miedo que me recorría la columna vertebral hasta llegar a mi cráneo. Recuerdo como me alzaban por los aires deseando que dijera la verdad que tan afanosamente Marius incluso ocultó de mí. Me sentí vendido, menospreciado por no haber sido conducido al misterio que él custodiaba y también solo. Esa sensación de soledad sigue embriagándome, sin embargo cuando admiro una obra de arte, sea cual sea, siento que la belleza sigue en pie y que yo debo seguir mi camino.


Creo que por ello siempre he intentado estar presente en el arte fuese como artista, modelo, director de un teatro o finalmente amante del nuevo arte de comprender los objetos modernos. Pero también el fuego, porque el fuego me ha arrebatado lo que más he querido o he tenido como baluarte, aunque también he condenado a otros a saborear sus llamas y el dolor que estás ofrecen.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt