Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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sábado, 27 de febrero de 2016

Arte

Miró al muchacho a los ojos sintiendo que su alma al fin reaccionaba, pero era incapaz de mostrar sus extraños y fuertes sentimientos. Observaba su rostro como quien contempla una de las séptimas maravillas del mundo. Él conocía bien sus sentimientos, pues realmente  sólo era capaz de amar el arte y su pupilo se lo había dicho. Aquel tritón estaba hecho para crear arte y él lo amaba. Su piel podía ser un lienzo perfecto en el cual dibujar sinuosas caricias. El joven estaba hecho para tentarle e incitarle a crear las fantasías más irresistibles. Él estaba lleno de belleza que evocaba por sí mismo una paleta de sensaciones. Se proyectaba como un ser nuevo nacido para ser torturado provocando una melodía deliciosa que haría llorar a los ángeles.

Deseaba alimentarse de esa obra infinita desenfrenado durante el sexo hasta llevarlo al borde de la muerte, pero jamás le mataría. No podía acabar con aquella maravilla pese a ser un demonio que se alimentaba del placer y del dolor ajeno, consumiendo así las almas de sus víctimas. Sin embargo le haría conocer el filo de la muerte y en esa muerte anunciada, en ese asesinato, también habría arte aunque sería un arte terrible, grotesco y sangriento.

Abarcó su cara con ambas manos y le miró acariciando con los pulgares la comisura de sus labios. Pensó en sus gemidos, igual que en el silencio de su boca amordazada. Su cuerpo retorcido y marcado por miles de injustas caricias sería arte. Y arte terminaría siendo si pintara sobre la espalda con el pincel de su látigo, cincelando marcas terribles que nadie podría borrar. Arte era y sería por siempre.


Su miembro quedó erecto entre sus manos, siendo acariciado como se acaricia el barro para darle forma. Porque el sexo para él era arte y más cuando se hace con una criatura digna para ser contemplada en su estado más salvaje. Tomó su mano derecha del muchacho entre las suyas y la llevó a su miembro. Arte también era atender a un hombre tan anciano, a un demonio que conoce bien los placeres hedonistas, con sólo mostrar ese rubor en sus mejillas. El sexo es arte, profundo y sincero, cuando se tienen sentimientos hacia la obra. Él ansiaba que su pupilo fuese su mejor obra.

martes, 28 de abril de 2015

Si supiese...

Michael ama a Rowan más que a él mismo. Me gusta que así sea. Me encanta que así sea.

Lestat de Lioncourt 


Si supiese cuantas veces la he mirado a escondidas, como si fuese uno de los fantasmas de éstas cuatro paredes que llamamos hogar, mientras ojea los informes absorta por completo. Su cuerpo pide un poco de descanso, pero su mente se activa irrefrenable. Carga sobre sus espaldas la tensión de todo el día, los problemas habituales de un hospital y aquellos que pocos sospechan. Sus ojos, grises como las nubes de una tormenta, parecen cerrarse ocasionalmente y, tras un ligero parpadeo, se enfoca en cada párrafo. Palabra por palabra las bebe como si fueran un sorbo tras otro de café. Ella, la mujer que amo. Una mujer distinta. Mi bruja.

Hoy, como otra noche más, he terminado de redactar algunos proyectos. Durante horas he estado frente a la luz de la pantalla del ordenador, la mesa de proyectos tiene algunos trazos de un edificio que estoy rehabilitando, y en la papelera se hallan dos latas de cerveza. He trabajado duro. Ahora quiero estar con ella. Quiero retenerla entre mis brazos, susurrar a su oído que la amo y necesito, pero me mantengo al margen esperando que se de cuenta. Tengo paciencia suficiente para ese ligero cruce de miradas, con esa sonrisa breve y pícara, que me hará sentirme el hombre más afortunado de la ciudad.

La vida me ha demostrado que de nada vale esperar algo del futuro. Hay que vivir cada día como si fuese el último en el calendario. He estado a punto de morir en muchas ocasiones, pero sigo aquí. La contemplo con una necesidad innegable. Quiero decir su nombre, pero muere en mis labios mientras sonrío satisfecho. Ella es feliz con su trabajo, con las prisas por los pasillos y la satisfacción de salvar unas pocas vidas a la semana. No soy el único que la ama o admira. Muchos hombres lo han hecho. Me consta que también hay mujeres que la han deseado, admirado y codiciado. Ella parece no apreciarlo, pero mis celos aumentan con los pensamientos de todos y cada uno de quienes la contemplan. Y, sin embargo, no digo nada. Me muerdo los celos, los trago sintiendo lo amargos y estúpidos que son, para luego ver esa mirada, ese cruce, que termina de derrumbarme frente a ella.

Anoche sucedió. Esperé por más de una hora, pero ocurrió. Me vio y sonrió, se movió del escritorio, caminó hacia mí y me besó suavemente en los labios. Pude sentirla entre mis brazos, desnudarla con mis ásperos dedos y hacerle el amor en nuestra cama de matrimonio. Hoy no espero nada. Sólo necesito abrazarla. Quiero oler el aroma de sus cabellos. Necesito aspirar el calor de su cuerpo.


Sí, la amo. No he dejado de amarla jamás. He cometido muchos errores. No soy perfecto. Ella tampoco es perfecta. Pero sé que juntos somos la pareja idónea.  

domingo, 22 de febrero de 2015

Volverte a ver

Avicus quiere volver, Mael. Te ha buscado varias veces en los últimos meses. Se bueno y acepta. 

Lestat de Lioncourt 


Aquel último portazo sonó a despedida final. Fue como un rayo partiendo por la mitad el árbol que me había mantenido en cautiverio. Por momentos creí que iba a perder el control, pero luego me sumergí en la lectura para soportar su decisión. Él había decidido. No podía cambiar las últimas discusiones. Dije cosas que no sentía y él respondió con dolor, amargura y decepción. Ambos nos miramos a los ojos por última vez, escrutando una respuesta que no llegaba, y él tomó la valentía de desaparecer.

Supe que seguía vivo y a salvo, en cierto modo, gracias a un libro que llegó a mis manos. Él solía quejarse sobre mi nueva afición. Marius me mostró lo hermoso que es leer y comunicarse a través de las letras. Él, por supuesto, decía que las más hermosas experiencias no estaban escritas. Pero yo sabía que él escribía poemas, dejando parte de su alma en cada trozo de papel, porque una vez observé como guardaba con cuidado, y cierto cariño, un trozo de pergamino que previamente había doblado. Días más tarde pude leer las frases que contenían aquel minúsculo trozo. Era un poema. Por eso no comprendía su rabia. Quizás era porque Marius me había aconsejado. No lo sé. Mi única certeza es que él seguía vivo y acudía a una llamada que yo había rechazado.

Akasha, la madre de todos, había despertado con rabia de entre las ruinas de su silencio. Equivocada, aturdida, dolida al sentirse despreciada y poderosa arrasó con gran parte de los jóvenes vampiros de todo el mundo. Hizo un periplo por cada nación y pueblo. Destrozó ilusiones, vidas y edificios. Ella, la madre de todos, había roto su silencio. Y él, druida y seguidor de una religión que ella había iniciado, se reveló.

Juro que me emocioné al leer sus diálogos. Lloré cuando supe que había abrazado a Marius. Entendí que debí haber asistido. Sin embargo, Constantinopla seguía siendo mi refugio. Mi compañera, Zenobia, pasaba las noches acariciando mis cabellos y siguiendo, con la punta de los dedos, las escasas arrugas de mi rostro.

Pero entonces otras noticias fueron llegando. Él había muerto, supuestamente, y yo no lo había sentido. No podía creer que él, Mael, muriera como si fuera un mártir. ¡No! Me negué. Lloré durante noches aferrado a mi amada. Aún seguía amándolo. Nunca pude perdonarme no haber ido en su búsqueda. Jamás pude aceptar que él muriera.

Ahora, en estos precisos instantes, observo como imita a los humanos en una taberna de un pueblo montañoso. Parece un hombre más, con el cabello largo algo enredado y ropa de cuero. Podrías decir cualquier cosa sobre él, pero no que es un vampiro. Su piel está tostada le da un aspecto humano. Me he acercado, sentado a su lado y él sólo me ha mirado en silencio. Sé que es tarde, pero he ido a verlo.

«Así comenzamos de nuevo, caminamos de nuevo, vivimos de nuevo... daremos nuevos pasos. Acéptame.»


Octubre del 2014

El verdadero amor

Michael también tenía algo especial para Rowan... Y he aquí quedando como imbécil de nuevo.

Lestat de Lioncourt 

Amar. Ese verbo.

Amar es un verbo terrible que impulsa a dar lo mejor de ti, pero también a ofrecer lo peor. Por amor he matado, pero no me siento traicionado ni herido. Maté por el amor que tengo hacia ella, por su seguridad, por seguir unido a su cuerpo y que ella, todavía hoy, siga viva. Amor por cuidar de paraíso, el jardín del edén, que es First Street. Eso, sin duda alguna, es amor.

Hundí mi martillo en su cráneo. La sangre salpicó mi rostro, empapó mis manos e hirió de muerte la sagrada inocencia que aún poseía. Mi humanidad se disolvió como un terrón de azúcar en una taza de té. Me perdí en el calor del momento, igual que si fuese metal en una fragua, mientras él, fruto de nuestro amor, chillaba intentando sosegar al monstruo que había desatado. Él, mi hijo, era un ser grotesco que había vestido de duelo la familia en más de cinco ocasiones. Un hijo que rebasó al padre en maldad mucho antes de nacer. Un viejo conocido, un fantasma, en una cadena genética que debía ser distinta.

Maté a Lasher en nombre de Rowan, nuestro hijo Chris y en el mío propio. Dejé que su cuerpo se hundiera en la tierra removida del jardín. Arranqué el collar con la esmeralda, la contemplé unos instantes y sentí que ya no le odiaba. Tan sólo sentía lástima. Una lástima que todavía hoy perdura.


Y ella, Rowan, observa cada día el lugar donde yacen los dos hijos que concibió. No sé si deba preguntar por sus pensamientos, pero sé que toda su columna vertebral se agita y que sus manos tiemblan. He visto el dolor en sus ojos, así como la tristeza y la amargura. Sin embargo, cuando contempla los míos puedo ver amor. Un amor que no se ha ido. Es un amor que perdura. Porque en los malos momentos el amor se fortalece.  

sábado, 22 de noviembre de 2014

Amor

Avicus dejando algo romántico a Zenobia. Alguien puede ser golpeado y tirado al fuego por un druida. 

Lestat de Lioncourt 

Tu mirada dulce e insondable hizo mella en mi corazón. Te convertiste en una de mis mayores preocupaciones. Introdujiste tu amor como si fuera veneno en mi sangre y decidiste hacerte parte de mi alma. No me arrepiento de haberme quedado como tu guardián, protector de tus secretos y ángel de tus pesadillas. He intentado por todos los medios luchar contra todos monstruos que sentías a tu alrededor. Propago mi voz oscura, en ocasiones, y con una cadencia especial, típica del lugar donde pertenezco, leyendo tus poemas favoritos. Nuestra vida es sencilla, pero también es compleja.

La inmortalidad nos hizo ser terribles demonios frente a la gran multitud. El amor que nos profesamos ha sido fuerte, nos ha mantenido unidos, pero a la vez nos ha aislado. Aunque no me importa haberme quedado a un lado. En ocasiones, es mejor apartarse y vivir en tu propio mundo. Un mundo de entregadas caricias, besos robados, miradas cómplices y conversaciones que se alargan durante meses.

Decía un poema que por una mirada él daba un mundo, pero yo doy toda mi vida a cambio de mi nombre en tus labios. Sabes que es cierto. Soy un guerrero y los guerreros hemos nacido con la virtud de ser apasionados, sinceros y diestros con la espada. No hay mejor espada que la palabra y con la palabra lucho cada noche en contra del desamor, la tragedia griega de la apatía y el desconsuelo. Intento demostrar el amor que siento en mi pecho, palpitando con fuerza y extendiéndose a toda mi alma.

Nuestro amor es como un roble, pues tiene profundas raíces y ofrece una agradable sombra en un tiempo donde todo deslumbra. Te he acogido mil veces entre mis brazos, he besado tu frente tras despejarla de tus largos mechones negros y te he dicho al oído que te amo. He hecho todo lo que un hombre enamorado hace, pero también lo que un amigo entrega. Te he entregado mis secretos, mi consuelo y mi conocimiento. He permitido que el tiempo no nos mate ni aleje. Decidí hace mucho que sería el gigante que te ofrecería sus manos, terribles y ásperas, si tú lo necesitabas.



domingo, 3 de agosto de 2014

Siempre tuyo, cariño

La primera impresión dicen que es importante, lo más significativo en éste mundo, y por la cual nos dejamos guiar para siempre. Sin embargo, ¿podría jurar yo eso? No sé que impresión he podido darte jamás. Nunca me he preocupado por si parecía un estúpido apoyado en una pared, un muchacho algo delgado con la boca demasiado grande y los ojos intensos. Quizás sí, quizás no. No sé si soy el héroe que todos esperan o sólo un descerebrado que termina enredando todo demasiado. A veces creo que sólo corro en distintas direcciones, sin un rumbo fijo, buscando el peligro, prácticamente llamándolo a gritos, porque me divierto y me siento libre. Sin embargo, no lo es tanto cuando la muerte o el Diablo se cruzan en mi camino y me piden un baile.

Tal vez soy un estrafalario con una bonita sonrisa, un cabello dorado como el sol y una piel demasiado blanca para ser humana. Aunque si te digo la verdad, antes era aún más marmóreo. Conoces una versión distinta de mí a la que muchos han conocido. Voy aprendiendo, cargando mi espalda de recuerdos que a veces explotan en la cara, y a la vez pierdo la chispa que podía llegar a poseer entre mis manos, en lo profundo de mi alma, la cual muchos no han llegado siquiera a vislumbrarla. Ya no me sorprendo tanto, pero creo que río y lloro del mismo modo que lo hacía cuando tan sólo era un niño aferrado a las faldas de mi madre. Aún puedo sentir el frío húmedo que calaba hasta los huesos, sus manos temblorosas en mi cabeza apartando algunos mechones y su voz reverberando por los altos muros. Sí, aún puedo hacerlo y creo que eso es lo que puedes ver mejor en mis ojos. Sigo siendo un muchacho que va aprendiendo, pero que jamás llegará a ser lo suficientemente responsable para considerarse un adulto.

Muchos son los que han jurado venganza hacia mí, pero también miles los que han dicho amarme hasta perder la cabeza. He sido injusto con muchos, pecador con cientos y sincero con pocos. Puedes considerar estas palabras como un camino hacia la sinceridad. Mi amor hacia ti siempre estará ahí, tendido hacia ti, buscando que me ames con la misma pasión que el primer día. Cada beso que te he dado ha sido puro. Si no me crees, porque es posible que a estas alturas creas muy poco de mí, sólo puedo decirte que un beso en la frente no se lo doy a cualquiera. Te he llenado el rostro de besos, el cuerpo de caricias y el alma de murmullos cargados de juramentos casi imposibles. No soy muy sincero, tampoco puedo justificar que sea un canalla, pero te juro que he caído a tus pies y aún no me puedo levantar.

No sé si esto se puede considerar una declaración de amor, pero sí una carta sincera más allá de la pose habitual. Estoy nervioso, casi como un niño en la mañana de Navidad, porque sé que tus ojos leerán cada una de éstas líneas y quizás, sólo quizás, comiencen a llorar recordando cada segundo que hemos vivido. Únicamente voy a pedirte que tengas fe. Fe en mis sentimientos y en cada uno de los motivos que tengo por cada frase que te he lanzado. Cree en mí. Si me necesitas voy a estar a tu lado, rodeándote con ternura y besando tu sien. Nunca dejaré de amarte y siempre intentaré, hasta que lo logre, hacerte feliz.

Siempre tuyo,

Lestat de Lioncourt  

miércoles, 25 de junio de 2014

Je t'aimais, je t'aime et je t'aimerai

No hay poesía más pura que la de tus ojos, ni paz más refrescante que tus silencios. He aprendido a sentir tus distintas formas de amar y las he comprendido poco a poco, como el niño que comienza a caminar, con inicios torpes y miles de sensaciones adheridas a mi piel. He acabado desnudando mi corazón, como si fuera un envoltorio de caramelo, y lo he dejado en tus manos para que lo contemples. La calidez de tus palabras contrasta con el ronco sonido de la lluvia de tu mirada. Detesto cuando lloras, pues mi alma se desquebraja y comienza a ser trozos de papel al viento.

Quiero atraparte como si fueras cometa, atarte a mí con un simple lazo y decirte que es el destino, pues he logrado tomarte entre mis brazos. Necesito besar tu frente, mejillas, labios y mentón mientras deslizo mis manos por tus rizados cabellos. Estoy obligado, por promesas que le hice a una estrella lejana, a desearte de mil formas distintas y suspirar cuando veo flores nuevas en el jarrón de mi habitación.

Ámame como nunca nos hemos amado, aunque pensemos que no hay nuevas formas ni gestos para comunicarlo. Sin embargo, el amor es tan extraño que siempre se puede hallar una nueva, aunque sea con una simple palabra que no tenga que ver con el verbo amar. Por favor, ésta noche cuando te visite ten la ventana abierta, así como los brazos, porque éste príncipe inconsciente, testarudo y desobediente, irá a buscarte para arrancarte una sonrisa de esos hermosos labios que tú posees.

Espérame.



Lestat de Lioncourt, 
Para Rowan Mayfair 

jueves, 24 de abril de 2014

El amor y odio

Arion quiere demostrar que el amor puede al odio. Además, la comprensión es inteligencia emocional. 

Sobre Petronia ¿qué puedo decir? No es tan mala como Quinn la pintan. 

Lestat de Lioncourt


La observaba completamente ensimismado. Sus manos eran hábiles, pero no tenía prisa en grabar aquel retrato tan fidedigno como hermoso. Petronia intentaba apegarse a la realidad de viejas obras, leyendas y en ocasiones imágenes que podía contemplar en plena oscuridad, en el silencio y abrigo de la noche. La nocturnidad les ofrecía a todos ellos un punto terrible, mágico y perfecto de un mundo misterioso y violento. Ella navegaba entre las turbulentas aguas de sus sentimientos y en ocasiones, no siempre, conseguía cierta inspiración que la doblegaba e impedía que pensara en algo más que en terminar el proyecto.

Quería hablar, pero interrumpirla sería despertar al dragón. Se aproximó a ella con cuidado y observó el rostro de la joven que destacaba en el coral. Había elegido coral blanco y oro para el marco que llevaría. Era una obra difícil, pues quería marcar en ella cada milímetro de expresión de aquella joven. Un camafeo de más de cinco centímetros que podría ser algo pesado, pero sin duda merecería la pena llevarlo.

—La vi hace unos días—dijo sin apartar la vista de la joya—. Aunque realmente no sé si es mujer.

—Sé quien es—había reconocido los rasgos y aquello despertó la curiosidad en Petronia.

—¿Qué?—se giró hacia él y dejó las herramientas, el coral y todo lo que estaba haciendo—. Habla maldito inútil.

—Por como va vestido siempre parece una mujer, realmente su alma pertenece a un lado femenino muy intenso. ¿Tampoco te has atrevido a leer su mente? Es como si desearas saber sus secretos, pero a la vez temes romper la magia—ella le miraba con ciertos celos, pero la curiosidad no se iba de su lado—. Vive a pocas calles del barrio más humilde de la ciudad y...

—¿Te ves con ella?—dijo mirándolo con cierta furia contenida.

—Me recuerda a ti y estuve a punto de contarte que quizás podías darle cobijo. Juro que no me pondré celoso ésta vez. Esa joven te necesita, Petronia. Vive tu mismo calvario y sólo tiene veinte años—su voz era sedosa y sosegada. Parecía querer calmarla, pero realmente sólo hablaba con la confianza y el amor que siempre le mostró.

—¿En qué te recuerda a mí?—su voz sonó quebrada, aunque no quiso mostrar sentimiento alguno.

—Tu dolor. Te llamaban monstruo por tener ambos sexos y te humillaban llevándote a casas de citas, no sin antes intentar matarte en el circo cuando eras tan solo una niña. Sé que has sabido superar ese coraje y dolor, pues usas tu apariencia de hombre para cubrir tu lado más frágil. Y no es porque seas una mujer débil, sino porque sigues siendo sensible. Si no fueras sensible y realmente sólo fueras un monstruo, cruel y despreciable, tan sólo sabrías traer odio al mundo y nunca harías nada tan hermoso como éstos camafeos. Petronia, veo en ella el mismo dolor. Tómala como ayudante, enseña a ese corazón dolido que el amor es posible y cuando lo hayas conseguido decide si quieres darle una nueva vida. Pero al menos, por favor, ofrécele un trabajo que no sea miserable—sus ojos oscuros se fundieron en los de ella y sintió que el lazo de unión de ambos volvía a fortalecerse.

Ella quiso llorar, pero sólo sonrió y giró su rostro hacia sus herramientas. Petronia ya lo había decidido. Buscaría a la joven, la cual temía aceptar su verdadera condición por miedo a represalias, y le daría un hueco en su vida. Arion la comprendía mejor que cualquier otro ser, pero eso no se lo diría. Él quedó a su lado examinando su trabajo y tarareando viejos poemas como si fueran canciones.

Con el amor se llega lejos, pero con el odio jamás se prospera. Aquellos que la despreciaron, humillaron o simplemente se burlaron de sus palabras yacían muertos y enterrados en cenizas. Ella, gracias al amor y la comprensión de su maestro, había logrado superar dificultades. Quizás podría tener una nueva empleada en su taller, sí... quizás sí.


“Y ella decidió ser mujer para él, pero seguir ejerciendo su fuerza masculina en el taller. Se veía hermosa incluso desaliñada, sucia y con las uñas destrozadas por los útiles que a veces requerían las piezas más duras y hermosas. Perlas, nácar, conchas, oro, diamantes, zafiros, plata o cobre... no importaba, todo caía en sus manos y su imaginación volaba. Él la buscaba, se hundía en su mente y la codiciaba. La vestía con ropas elegantes, hacía que su cabello luciera como si fuese el de una diosa y la veneraba con poemas románticos que jamás logró decir antes. El amor lo puede todo. El odio sólo condena a las almas a revolcarse por el Tártaro.”

sábado, 11 de enero de 2014

Savage

Bonsoir mes amis

Os dejo aquí un poema que he hecho para la mujer que amo. Dentro de unos 4 meses haremos un año. Un año de casados, un año de amor, un año de luna de miel y un año lleno de pasión.


La lluvia cía estrepitosamente sobre tu rostro
y pude rápidamente cerrar la caja musical
en la cual naufragabas en un paraguas roto.
¡Oh! ¡Tenías una mirada gris celestial!

Eras tan hermosa y frágil, pero tan fuerte.
Te sostuve entre mis brazos alzándote
y deseé besarte hasta llegada la muerte
entregándote la inmortalidad como dote.

Di mi nombre, sé que lo sabes.
Por favor di mi nombre una vez más.
Deja que alimente contigo mi hambre
para que no podamos huir jamás.

¿Podríamos bailar mientras nos besamos?
Tal vez nunca podamos volver a ver el sol.

Quise abrazarte y acobijarte bajo la lluvia
convirtiéndome en un ángel monstruoso
con alas negras que traían la noche en pleno día
y que contrastaban con tus rizos de oro.

Giramos sobre nosotros como girasoles ciegos
y me besaste en los labios con ternura.
Corrimos al Jardín Salvaje para proseguir los juegos
en los cuales desafiamos a la propia aventura.

Di mi nombre, sé que lo sabes.
Por favor di mi nombre una vez más.
Deja que alimente contigo mi hambre
para que no podamos huir jamás.

¿Podría ser que nacimos para amarnos?
Por favor deja que te guíe con mi temblorosa voz.



Lestat de Lioncourt


¡TE AMO ROWAN! 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Carta a Virginia Lee

Bonsoir mes amis!

Hoy les traemos una vieja carta de Manfred en la cual se ve claramente que la torpeza es cosa de familia. Opino que hay genes Blackwood en Quinn. ¿Cuáles? ¿En qué proporción? ¡Ni sé! Pero tiene que existir genes en ese muchacho.


Lestat de Lioncourt



Estimada Virginia Lee:

Tal vez soy demasiado atrevido, no obstante siempre he pensado que un hombre que no se arriesga jamás gana el corazón de una dama. En ésta ocasión usted ha ganado el mío mucho antes. Nunca tuve en cuenta los designios del amor, más bien era de esos hombres que se burlan de su propia sombra y jamás hizo caso alguno a los méritos que podían realizar frente a él. Perdí el juicio cuando la contemplé hace unas noches, en aquella fiesta realizada por unos amigos mutuos celebrando su temprano compromiso.

Deje que describa como me sentí en esa fiesta. Usted fue la causa por la cual me marché tan precipitado. Lamento muchísimo haber manchado su hermoso vestido, aunque le pareciese grosero el haber quedado pálido para luego huir sin decir palabra alguna. Sí, debí parecer un grosero. Pero independientemente de ello espero haber causado buena impresión pese a mi torpeza, pues nos estábamos divirtiendo.

Mi deseo con esta carta, la cual he entregado en mano a su amiga Laura Marie, es que acepte mis disculpas y una proposición para salir al teatro. En el sobre hay dos entradas de palco. Por favor, antes de dar una negativa como respuesta piense en lo afortunado que me haría y que posiblemente no volveré a manchar ni uno más de sus vestidos.


Manfred Blackwood.

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt