Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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jueves, 4 de mayo de 2017

Poema Pandora

Arjun va ganando la jugada.

Lestat de Lioncourt 


Dulce y entusiasta sinfonía de afecto
la cual seduce con candor mi alma
más allá de lo físico, donde anida el intelecto...

Tú, Pandora.
Yo, tu discípulo.

En mis sueños siempre se te aclaman.
Pareces una diosa entre las féminas...
las mismas que con entusiastas voces te llaman.

Tú, la mujer.
Yo, tu hijo.

Eres un enigma que en mí germina
que logra que florezca el deseo
más allá de estas simples rimas.

Tú, mi aurora.
Yo, tu noche.

La canción de cuna que me hace reo,
entre tus brazos de madre bondadosa,
es la misma que yo con énfasis tarareo.

Tú, mi vergel.

Yo, tu desierto.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mi dulce maestro

Petronia es una mujer fuerte, pero también un alma delicada.

Lestat de Lioncourt


Parezco la reina de hielo. Una mujer completamente fría, frívola y cruel. Él me describió como un ser temible al cual no se puede amar. Tal vez lo merezco. Sin embargo, me abrí a él en los últimos momentos en los cuales decidí ser yo misma. Acepté la fragilidad compleja de mi alma. Mi corazón aún tiembla cuando recuerda el dolor que han tenido que contemplar mis ojos. Deseaba tanto ser la heroína que todos amaran, la mujer perfecta y no el estéril monstruo que jamás sería reconocido por otros.

Me miro al espejo y utilizo mil trucos para endurecer mi mirada, afilar mis rasgos o convertirme en una dama adicta a los negocios, pero sensible ante el arte. Arion me confesó hace tiempo que si sigo admirando el arte, sintiendo el dolor ajeno, es que mi alma no se ha endurecido como mi cuerpo, el cual parece cincelado en mármol.

Mis ojos oscuros, de largas pestañas y perfectas cejas delineadas, ofrecen al que me miran un vistazo al apocalipsis más terrible. Mi cuerpo, esbelto y ligeramente delicado, se oculta tras las chaquetas negras que suelo utilizar. Aunque él, mi dulce maestro, ha logrado verme envuelta en las sedas más delicadas, lino blanco o satén. He aceptado vestir ropa interior de encaje, la misma que lograba realzar ligeramente mis escasos pechos, y mostrarme sensual arrojada en la cama como un animal salvaje. Tengo manos de artesano, pero suaves como las de un artista del piano. Las mismas manos que a veces golpean con dureza el mundo.

Quizás soy cruel porque el mundo lo ha sido conmigo, pero sé que en realidad sólo conjuro esa apariencia esperando que nadie me dañe. He creado un muro alto y torturoso. Me he convertido en algo que no soy. Sólo él, Arion, sabe todo acerca de mi alma. Él posee la calma que yo necesito.


Mi alma se divide en dos grandes amores. Un amor conocido por el arte y la orfebrería, el otro es él. Un hombre que todavía me abraza con la ternura necesaria como para mostrarle mi alma, dejar que el mundo se diluya entre nosotros y nos convirtamos en uno.  

martes, 17 de marzo de 2015

Veneno en tu jardín

¿Un monstruo? Sí, pero uno hermoso con unos tacones de infarto. 
¿Por qué no me dice esto a la cara? ¡Qué se deje de cartas!

Lestat de Lioncourt 


Te detesto porque detesto que intentes imponer tus normas. Esas normas que me parecen tan absurdas y pueriles como a ti. Ni siquiera tú eres capaz de dominar ese carácter tan fuerte, ese que ocultas con tus finos amaneramientos de hombre de otra época. Muestras la hipocresía que tanto odias, pero también añoras. Sé que jamás te has topado con un igual como yo. Nunca has visto a un ser que ansiara la libertad de forma tan salvaje. Ni siquiera tu madre es capaz de igualar esta forma tan retorcida, casi despiadada, de amarte. No te he dado la espalda, sino un guiño y un silencio sepulcral.

Quizás te parezco una niña caprichosa, que patalea porque no consigue todo lo que quiere, pero no soy tu niña. Ni siquiera soy una niña. Detesto que me veas tan pura como una flor. Te diré que incluso las flores son venenosas. La vida fue difícil para mí, pues ni siquiera sabía quien era. Ahora lo sé. En este edén salvaje, ese que tanto idolatras, puedo considerarme parte de las musas de cualquier desdichado. Mi lista de amantes tal vez es larga, pero sólo he logrado ceder mi corazón en pocas ocasiones. He aprendido rápido, pues he tenido el mejor de los maestros. Tú no puedes dominarme. No lograrás que ceda. Puede que mis encantos y mi pose me hagan frívola, ingenua o quizás débil. Sin embargo, sabes que en mis venas está tu fuerza y has visto dentro de mi corazón, pues te has ahogado en cada glóbulo rojo de ésta bruja, para conocerme tanto que me amas y me odias. Tu amor y odio es tan similar al mío que podríamos decir que se iguala al de Montescos y Capuletos.

A veces desearía arrancarte esos hermosos ojos, como si fuese un cuervo, pero luego me quedo embriagada por tus abrazos. Desearía que te murieras, pero sé que eso terminaría llevándome a la locura. Nuestra relación está hecha un caos. Somos distintos extremos de la misma soga y, esa soga, nos está apretando. Quieres imponerte con mano dura, pero a la vez prefieres morir antes de ser igual que otros que te retuvieron, ajusticiaron y te dieron por perdido.

Me amas. Yo sé que me amas. Igual que yo no puedo olvidarte. No podemos hacer nada al respecto, ¿o quizás sí?

Sé como me miras. Conozco esa expresión estúpida. Puedo notar que te pervierte mis curvas, te hundes en el aroma de mi busto y naufragas en la estúpida sensación de control que ejerces sobre mí. Sin embargo, rompo todo lo que has creído. No eres capaz de acobardarme. ¿Y qué si eres el más fuerte y aventurero? No me asustas, tampoco me fascinas y no puedes obligarme a que te adule como una marioneta. Puedo sacar lo mejor de ti, pero también provocarte hasta llegar al borde de las lágrimas. Hazme caso, Lestat, no estamos hechos para soportarnos. Tú me has abandonado y yo, como no, he sabido encajar ser de nuevo uno de esos trucos baratos tuyos. Sin embargo, yo seré más que un error. Seré el más provocador de todos los errores que tú has tenido.


Soy contradictoria, pero libre. Lo que tengo ahora quizás sólo me valga un rato. Puedo considerarme un igual, pues tengo tus mismos pecados. Sin embargo, sé que llegaré a ser peor que tú. Has creado un monstruo.

jueves, 27 de noviembre de 2014

La esperanza

No sé donde estás. Tan poco sé si quieres que yo lo sepa. Desconozco tu paradero desde hace demasiado tiempo. He aprendido a saborear tu ausencia y recordarte sin reproches. Por aprender, incluso he aprendido a soportar el silencio de tus tacones, tus palabras mordaces y las miradas insinuantes que solía atravesarme el alma. No te he podido encontrar. Quiero pensar que sigues siendo una flor más en el Jardín Salvaje, quizás una Bella Dona que seduce antes de matar.

Te creé con todo mi amor y respeto. Soñé contigo tantas veces que ya ni recuerdo. Tus brazos me rodearon en una cama cargada de pétalos de flores silvestres y delicadas. Tu cabello pelirrojo derramó la pasión que contenía mi sangre, convirtiéndose en un río de lava que me abrasaba. Tus ojos, tan inquietos y seductores, me confundían con respeto y rabia. Puede que jamás bese unos labios tan carnosos y peligrosos como los tuyos. Tal vez, a pesar que me duele terriblemente decir esto, no vuelva a verte.

He tenido tiempo para pensar en nosotros. Creo que hice mal en no decirte cuanto te amaba. Si bien, quiero creer que lo sabías. Las mujeres sois intuitivas, y tú mi brujita, además eras una poderosa hechicera que me leía el alma con sólo echarme un vistazo. Me reprochaste cientos de veces mi actitud, pero caí rendido ante ti. Sí, me rendí. Caí como caerían muchos. Y ni te diste cuenta, ¿verdad?

Daría muchas cosas por estrechar tu cintura, sentir tus voluptuosos pechos contra mi torso y tu voz susurrando mi nombre. Sin embargo, quiero creer que el misterio de tu desaparición es por motivos propios. Han muerto tantos, Mona, y tantos han sido los que no he podido siquiera reconocer. Nadie me ha dicho tu nombre entre los desaparecidos. Tarquin, mi hermanito, tampoco se ha reportado. Necesito saber de ambos y a la vez no quiero saber nada. Deseo imaginar que estáis recorriendo el mundo con ese sombrero vaquero que tanto querías, ambos de la mano sintiendo la eternidad como un suspiro, mientras que yo conduzco otro deportivo que perteneció a un gran hombre, el hombre que confió en la eternidad de forma ciega y en la bondad absoluta. Khayman ya no está. Todo se ha evaporado. Pero los recuerdos persisten. Sí, persisten. Tú eres uno de mis mejores recuerdos. Fuiste un hallazgo terriblemente enloquecedor. ¿Nos veremos? Dime que sí, aunque no sea con palabras. No te buscaré, pero estaré siempre esperándote para abrazarte.


Te amaré siempre a mi modo, de forma compleja y extraña.

Lestat de Lioncourt   

viernes, 25 de abril de 2014

Juramento de amor y odio

El sonido de las abarrotadas calles de New Orleans me transportaban hacia la deliciosa satisfacción de encontrar demonios tan terribles como mortales. Deseaba acariciar sus cuerpos y tomarlos entre mis brazos antes del amanecer, pues quería robar de sus corazón los secretos oscuros que portaban y alimentarme de su agradable calor. La sangre coloreaba mis mejillas y me ofrecían una imagen más humana. En mi memoria rescato los segundos que viví antes de sentir que mi alma quedaba cautivada por aquellas esmeraldas.

“Las esmeraldas representan la vida eterna, madre”

Tenía el pelo sucio y la mirada perdida. Quería morir. Estaba seguro que ansiaba la muerte, pues su propia destrucción le fascinaba y atraía. Parecía condenado, como Nicolas, y quise sostenerlo entre mis brazos para alejarlo de las llamas de la depravación, desolación y locura. Sí, estaba desesperado y se hundía entre los senos de una joven lozana dedicada a complacer a borrachos. Ella quería matarlo y yo ofrecerle un trato. En ese mismo instante me convertí en la vida y ella en la muerte más certera.

Siempre me ha repugnado la muerte si yo no era quien la causaba, y por lo tanto no iba a permitir que me quitaran aquel pequeño juguete. Lo seguí aceptando su invitación, concentrándome en el momento más oportuno y lanzándome al fin a sus brazos. ¿O fue Louis quién abrió los suyos completamente ebrio? No lo recuerdo. Sé que en pocos segundos ella tenía el cuello roto, igual que su cómplice, y yacía en el fondo de aquellas aguas turbias, oscuras y desoladoras.

Oh, Louis... Louis... —susurré por primera vez su nombre tomándolo con mis manos, pegándolo a mi torso y dejando que mis labios rozaran su cuello.

Sus cabellos negros y ondulados me hacían cosquillas en la nariz, pero su sangre me provocaba un hormigueo más intenso. Sentí lujuria. Debo admitir que me excité enormemente al escuchar su pequeño quejido, notar como su cuerpo ascendía conmigo sin mostrar resistencia y finalmente caía desplomado como si fuese un muñeco.

¿Amarlo? ¿Qué idiota no lo haría? Sí, sin duda alguna lo amaba. Amaba sus demonios porque tenían una belleza mágica. Creé a Louis por amor, capricho, necesidad y soledad. Él estaba solo y yo también. Ambos teníamos muchas cosas en común aunque siempre hemos parecido diferentes, terriblemente divididos, y llenos de un odio tan intenso como nuestro amor.

Te amo—mascullé apartándome de él para que en su lecho de muerte, el cual visitaría más tarde, me aceptara como si fuera un ángel salvador.


No sé que ha sido de nosotros. Posiblemente nos consumimos en odios, viejas rencillas y un terrible desasosiego que nos impide soportarnos por más de unas noches. Tal vez no lo demuestre, pero sigo preocupado por él y lo estaré eternamente. Yo lo hice mío y él aceptó el trato, por eso siempre estaremos unidos aunque sea en un odio ciego.

Lestat de Lioncourt   

Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt