Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Libros, libros

Avcicus es muestra evidente que un libro siempre es un buen regalo.

Lestat de Lioncourt 

—Avicus, te he conseguido algo.

Estaba paseando por los largos pasillos del castillo de Lestat. La propiedad era inmensa. A lo lejos podía ver las viñas que ya poseían las uvas casi a punto de ser recogidas. Sonreí observando el cielo nocturno cargado de estrellas. Era tan diferente al que se podía ver en las ciudades con enormes edificios que las opacaban, haciéndolas siluetas borrosas por la contaminación lumínica y la polución.

—¿Algo?—dije alzando la vista.

Ahí estaba su figura menuda enfundada en un elegante traje cachemir azul marino con solapas en un tono más oscuro. Su hermoso cabello estaba recogido discretamente bajo un sombrero, muy similar a los que usa Benjamín, y le daba aspecto de pequeño hombrecito.

—Un nuevo libro—respondió levantando la mano derecha para ofrecerme un ejemplar de bella, aunque simple, encuadernación en tapas duras de color verde cacería.

—¡Oh! ¡Cuál! ¡Qué autor!—pregunté tomándolo con evidente emoción.

—Es novel. Apenas está comenzando. El libro es de aventuras—decía intentando contener su risa fresca y liviana.

—¿En algún lugar exótico?—decía abriéndolo mientras cruzábamos un enorme arco para llegar a uno de los salones donde se podía uno sentar, descansar de los numerosos bailes y conversaciones, para poder entregarse a la lectura.

—Aventuras en mitad de la ciudad descubriendo misterios encerrados en viejos edificios—dijo clavando sus ojos en los míos—. En realidad, en mitad de ciudades cosmopolitas muy antiguas y destacadas de Europa.

Mi tamaño era mucho mayor que el suyo y siempre hacíamos una extraña pareja. Mis casi dos metros eran nada con sus apenas metro sesenta centímetros. Aún así me fascinaba su rostro y no dudaba en inclinarme para besar sus mejillas, como en ese momento, para poder agradecerle tan magnífico detalle. Después di un par de pasos rápidos hasta un sillón y me repatingué para poder leer.

—Interesante—murmuré comenzando a leer.

—Ya vas a desvanecerte y olvidarte del mundo consciente.

—¿Decías?—pregunté alzando la vista.

—Ah...—elevó las cejas y suspiró.

—Ven, compartamos esto. ¡Es emocionante! Tenemos que leerlo a medias, por favor—dije golpeando mis muslos para que se sentase sobre ellos, cosa que hizo rápidamente.


—Eres como un niño enorme.— No reprimió en decirlo, pues era evidente. Los libros eran mi regalo favorito después de sus besos y abrazos.  

domingo, 24 de abril de 2016

Día del libro

Daniel ha querido aportar lo que piensa sobre el día 23 de Abril que no fue otra cosa que el día del libro. 

Lestat de Lioncourt


Todos tenemos un amigo que nos acompañará para siempre. Un amigo que es parte de nosotros y que sólo nos habla cuando nosotros lo deseamos. Él nos ha curado la soledad, el miedo o alguna herida. Ese amigo que nos ha aportado conocimiento de algún tipo o la sensación de libertad de la cual carecíamos. Quizá somos más valientes, educados o sensibles a ciertas realidades gracias a él. Pero este amigo no posee voz aunque nos regala palabras. Hablo, por supuesto, de nuestro libro favorito.

No existe nadie que no tenga un libro, o quizá un par, imprescindible en su pequeña biblioteca. Es el libro al cual recurrimos cuando nos sentimos tristes o apáticos para leer alguna hoja, capítulo o frase que nos haga sentirnos reconfortados. No importa el autor, tampoco lo horrible que sea su portada o lo pequeñas que puedan ser sus letras. A nosotros nos importa el contenido que nos hace bucear en nuestros recuerdos. Porque al igual que hay canciones que nos recuerdan a personas o momentos existen libros que nos recuerdan a alguien muy particular.

Cada 23 de Abril se celebra el día del libro y por lo tanto el día del lector. Cientos de personas se lanzan a las calles buscando las ofertas de ese día. Demandan libros que quizá jamás hubiesen leído y se aventuran a conocer nuevas sagas literarias, comprender como funciona el mundo de las finanzas o aprender a realizar pasteles más esponjosos. No importa. Hay cientos de categorías en los libros porque hay millones de personas. Incluso hay cuentos para adultos que no son edulcorados como los que podemos contar a los más pequeños.

Hace cuarenta años se lanzó a las librerías como un gran reto el libro “Entrevista con el vampiro”. El libro fue tomado como una aventura increíble muy apegada a la realidad, pero absolutamente falsa. Nadie creyó realmente que un vampiro contactaría con un jovencísimo periodista, casi acabado de salir de la universidad, en un bar de mala muerte para luego llevarlo a un edificio abandonado y poder así conversar. El periodista quedó en un segundo plano, ni siquiera se dijo su nombre, y sólo se centró en saber por qué ese extraño decía ser un vampiro.

No olvidemos que hace cuarenta años la cultura gótica empezaba a surgir y ser bastante escandalosa. Muchos góticos se han llegado a creer vampiros e incluso hay foros de personas que dicen ser otra clase de seres mitológicos. Estas personas poseen diversos trastornos y desean llamar la atención del resto del mundo ya sea por soledad, necesidad de sentirse apreciados o un sinfín de sueños incumplidos por la oscura realidad. Así que el periodista se sentó frente al joven, que era prácticamente de su edad, y dejó que empezara a narrar su historia aunque era escéptico. Sin embargo lo que vio y oyó cambió todo para él. Ese periodista era yo, pero mi nombre no se descubre hasta el concierto de Lestat donde la Reina aparece destruyéndolo todo.

Miles de personas se lanzaron a las librerías hace unos meses para adquirir el último ejemplar de la saga. Claro que no todo el mundo sabe que hay más de tres libros. Poco a poco el mundo está descubriendo que existen inmortales que decidieron romper su silencio y que tienen biografía gracias a otro inmortal: David Talbot.

Como muchos sabrán David Talbot pasó su vida mortal entre los muros de Talamasca, una organización fundada para estudiar lo paranormal y sucesos poco comunes. La Orden fue fundada cuando Marius era aún un vampiro joven y su tarjeta de presentación era una moneda de oro. Talamasca es un icono de fuente de sabiduría y poder. Cientos de humanos con poderes están alistados a sus filas intentando adquirir conocimiento. Mr. Talbot fue su director y con más de sesenta años conoció a Lestat. En una de su aventuras más famosas perdió su cuerpo y quedó atrapado en el de un hombre anglo-indio. Los anglo-indios no son muy comunes en la India aunque tienen miembros fijos en el parlamento y se han diseminado en países como Estados Unidos. El joven jamás se puso en contacto con Lestat o David quedando su cuerpo vacío, sin inquilino, cosa que provocó que David finalmente quedase en ese cuerpo cuando perdió el suyo recuperando el de Lestat de manos del ladrón y usurpador de identidades y poderes. Este vampiro es fuerte e inteligente, Lestat hizo un gran trabajo convirtiéndolo en inmortal. No es el único que ha vivido una vida completa como humano, pues también lo hicieron en su día Allesandra, Magnus y Manfred, pero él tiene la virtud de un cuerpo joven y el conocimiento de una vida entera dedicada a investigar a los que ahora son parte de su “familia”. Ahora él se documenta ayudando a otros inmortales a crear sus propias memorias o recoge momentos increíbles como “Memnoch el Diablo” donde fue escriba de nuestro “Príncipe”.

Las biografías de Marius, Pandora y Armand también han sido un rotundo éxito y han mostrado una vida que creíamos para siempre oculta. Gracias a ellos hemos conocido a otros inmortales que han ido apareciendo poco a poco en escena. Estos libros son los predilectos de muchos jóvenes mortales, pero también existen vampiros más recientes y que han desaparecido en los últimos años. Vampiros como Tarquin Blackwood y Mona Mayfair que aún a día de hoy, tras las numerosas quemas, desconocemos dónde y cómo se encuentran.

Durante cuarenta años se ha ido demostrando que “Crónicas vampíricas” es algo más que libros de terror, historia, seducción y de gran magnetismo. Muchos se consuelan leyendo estos libros o simplemente comparten aficiones con buenos amigos. Estas cuatro décadas ha provocado la proliferación de nuevos libros de otras sagas explotadas cinematográficamente que para nada pueden compararse con la nuestra.

En definitiva muchos ayer quizá decidieron comprar alguno de los libros. Otros, por el contrario, revisan cada pocas semanas las numerosas redes sociales para averiguar cuando saldrá “Paraíso de Sangre” que será la continuación de “Príncipe Lestat”. También habrá miles que hayan optado por leer alguno de los libros a los cuales Lestat, David, Armand o cualquier otro inmortal o brujo hace referencia. Sí, porque no sólo hay vampiros porque como he dicho existen brujos y no sólo de Talamasca.


Espero que hoy tengan una deliciosa lectura de sus libros favoritos y sigan leyendo hasta el momento de su muerte. La lectura ayuda a las almas y sana heridas igual que la música o el arte contemplativo. Feliz domingo de lectura.  

jueves, 15 de octubre de 2015

Perversos versos de pasión

Ésto lo veía venir, pero porque Amel me lo comentó. Avicus y Flavius...
Lestat de Lioncourt

Sabía donde se encontraba. Buscaba el consuelo de sus brazos cálidos y firmes. Necesitaba hundirme en sus ojos azules, penetrantes y apasionados, que se desvivían por las sinuosas líneas de algún libro profano, malsano para muchos, indecente inclusive o simplemente estrafalario. Él leía cualquier libro, pero sobre todo libros extraños que nadie parecía apreciar. No era el típico lector, yo tampoco lo era. Me había desvivido durante algunos años en encontrar ejemplares únicos, a veces solo y a veces en su compañía, por los diversos puestos ambulantes en mercadillos, librerías consumidas por el polvo y la humedad, bibliotecas de todo el mundo y fastuosos edificios modernos que parecían haber perdido el alma de cada uno de sus empleados. Él era mi consuelo. Me veía reflejado en su pasión, esa droga dulce llamada literatura, y me conmovía la forma en la cual recitaba. Había sido creado para el deleite y la compañía, para el consuelo y el ánimo.

Recorrí los largos pasillos enmoquetados, observé de reojo las diversas pinturas de óleo que colgaban en las paredes y las numerosas estatuillas. Gregory tendía la mano al arte, al coleccionismo, y la belleza sin igual de algunas piezas únicas. Él nos había juntado bajo un glorioso edificio en Suiza, un lugar espléndido pero algo húmedo y frío. Mis pasos se precipitaron cuando alcancé la puerta de la biblioteca y lo vi recostado sobre aquel diván, de color rojizo y de robustas patas de león recubiertas de pan de oro.

Era hermoso. Sus cabellos castaños, con reflejos dorados, caían ligeramente sobre la pieza. Tenía el torso desnudo y las piernas sólo estaban cubiertas por unos calzones al más puro de la Roma clásica. Las sandalias estaban tiradas a un lado de la habitación y sus pies desnudos, perfectos y similares, parecían haber sido siempre así. Aquella pierna era una maravilla de la genética, de la ciencia, de la medicina y de las manos de Fareed.

Sabía que me había escuchado entrar, incluso sentido el corazón mientras recorría todo el edificio buscándolo, pero no desvió la atención de su libro. Sólo empezó a recitar el poema en voz alta y eso me extasió. Sus labios carnosos se movían suavemente, con una cadencia distinta, mientras sus ojos parecían alborotarse como las llamas de la chimenea que ya estaba encendida. Cálida la estancia y cálido él, pues parecía haber ingerido algo de sangre hacía sólo unas horas.

Me acerqué sentándome a su lado, justo al otro costado del diván, para colocar mi tosca mano derecha debajo de su prenda. Él echó la cabeza hacia atrás y permitió que contemplara su cuello largo, delicado y atractivo. Besé su nuez de adán, igual que su hombro izquierdo, para luego deslizar mi lengua cerca la de la comisura de sus labios. Mi dedo índice se hundió en su entrada y él abrió sus piernas para que gozara del calor que emitía su cuerpo. Me miró con los ojos entreabiertos y siguió recitando su poema, pero libro había caído de sus manos precipitándose contra la moqueta.

Había ingerido sangre mezclada con una fuerte dosis de la droga excitante de Fareed, esas deliciosas hormonas que provocaban que entráramos en un estado de deseo similar al que habíamos tenido siendo humanos, y decidí compartirla. Mordí mi lengua y le ofrecí mi sangre, pastosa y concentrada llena de testosterona, que provocó un rápido efecto en él. Su lengua se pegó a la mía luchando como si fuese una mordaz espada. Por mi parte, y con cierta violencia, le arrebataba el calzón convirtiéndolo en jirones. Yo, loco de deseo, había ido a buscarlo desnudo y entregado. Mi dedo, por lo tanto, dejó paso a mi miembro y mis brazos rodearon su estrecho cuerpo pegando su espalda, mucho más pequeña que mi torso, contra mí.

Gemía con los ojos cerrados, pero con los labios carnosos y húmedos bien abiertos. No se contenía en gritar aullando mi nombre, rogándome que rompiera el silencio de aquella biblioteca con mis gruñidos y delirios. Mi boca besaba con ansias su cuello, mordía la cruz de su espalda y rozaba sus hombros. Mis cabellos se pegaban en mi frente, del mismo modo que los suyos en la propia. Los movimientos de mis caderas eran firmes, toscos y violentos, pero él parecía delirar con cada uno de ellos. Era la primera vez que teníamos un encuentro como ese, pero sabía que no sería el último.

—Déjame a mí... darte placer como nunca te lo han dado...—susurró jadeante.

Salí de él y le observé incorporarse, para luego ayudarme a colocarme sobre el diván. Una vez mi cabeza reposaba en el mueble, y mi espalda estaba completamente firme sobre éste, él se colocó sobre mí comenzando a montarme como si fuese un caballo salvaje. Su cabeza cayó hacia atrás, pero mis manos se pegaron a su torso reptando hasta sus pezones, los cuales pellizqué con furia, para bajar hasta sus caderas y ayudarle con el balanceo atroz que él me ofrecía.

—Flavius...—murmuré su nombre.

—Dulce guerrero... hazme el amor como a las esclavas... dirige tu espada contra el centro de mi universo y hazme callar en lamentos de placer—jadeó moviendo suavemente sus caderas, como si ni siquiera moviera su figura, para luego trotar con furia perversa. Se detuvo al notar, con cierto orgullo, que me derramaba en su interior—. Dame la leche de tu ánfora y sacia mi sed. Haz que éste locuaz termine convertido en tonto por el amor de las musas, Venus y tus ojos oscuros—susurró, moviéndose suavemente, y dejaba que mis manos lo masturbaran. Apreté sus testículos con la zurda, mientras con la diestra jalaba de su sexo. Apreté su glande con cierta fuerza y él se dejó llevar.


Allí, sobre mí, trifuante y perverso, lo vi sonreír como lo haría una mujer satisfecha y un guerrero victorioso. Me incorporé mientras tiraba de él, agarrándolo de la nuca con la mano izquierda, y lo besé. Sabía que era mío. Era el primer amante que lograba doblegarlo y doblegarme.  

miércoles, 8 de julio de 2015

Paraíso de Sangre

El mundo en el que vivimos no es seguro. Siempre he planteado que vivimos en un hermoso jardín salvaje lleno de bestias y esas bestias somos nosotros, los demonios que paladeamos la sangre y nos dejamos llevar por el maravilloso aroma de la oscuridad. A nuestro alrededor hay flores diversas, algunas hay que arrancarlas y otras les concedemos el morir marchitándose lentamente frente a nuestros ojos. Las criaturas que aquí moran son diversas y poseen distintos talentos.

Hay quienes nacieron en un desierto de esperanza que parece llenarse afortunadamente con aguas caudales, las cuales rebosan las orillas y dejan al descubierto las raíces profundas de su dolor y calvario. Surgen de entre las sombras estas semillas, ya convertidas en flores de vistosos colores, y lo hacen estirando sus brazos hacia el infinito cielo estrellado con luces de neón y aroma a gasolina.

Las grandes ciudades son un buen refugio para todos aquellos que hemos nacido en éste mundo. Nos hemos convertido en depredadores de callejones oscuros, pero también de recitales, fiestas de sociedad y restaurantes de lujo donde la caza mayor se dispone a olvidar la maldad que yace en su corazón. Me declaro un cazador sibarita. Reojo tiernas flores llenas de odio que almacenan bestias tan terribles como yo. Es placentero dejarse llevar por el olfato de los caros perfumes del odio. Muchos son miserables asesinos, ladrones de guante blanco y mafiosos sin pudor. He matado sin que ellos siquiera lo supusieran, pero también he saboreado en más de una ocasión sangre de una víctima sin que ésta se percate.

Nací en una tierra llena de imposibilidades y fue un logro vivir hasta mis veinte años. Cabalgué entre los bosques, cacé conejos y pequeños animales, para finalmente convertirme en el gran mito del pueblo al arrancarle la vida a ocho bestias, ocho hermosos lobos, que tan sólo querían sobrevivir alimentándose del ganado. Ahora soy como esos lobos, pero a la vez sigo siendo ese joven. Mi espíritu es de una bestia que se alimenta del ganado humano, el cual transita frente a él pensando que es tan sólo un encantador muchacho, un chico atractivo con insuflas de estrella del rock o del celuloide.

Muchos hablan de mí, se disfrazan con atuendos similares y recitan mis frases como si fueran versículos de la Biblia. Y, sin embargo, pocos me reconocerían si me tuviesen delante. Tan sólo mi sonrisa llena de colmillos les diría: Es Lestat y ha venido a por mi alma.


Somos demonios, bestias, flores malditas... somos parte de un jardín inmenso y yo soy su príncipe. Si no me conoces lo harás poco a poco, te concedo la ventaja de leer mis libros y encararme nuevamente para darte la bienvenida a mi paraíso de sangre y oscuridad.


Lestat de Lioncourt  

martes, 16 de junio de 2015

Jamás te olvidé.

Flavius es uno de esos inmortales milenarios con los que he tenido poco trato, pero me resulta interesante. Aquí una carta que le ha escrito a Pandora.

Lestat de Lioncourt


No hay libro que pueda narrar todo lo que he sentido, vivido, soñado, pensado y elegido. Las huellas de mi camino son demasiadas y algunas se han perdido u olvidado. Me he convertido en un hombre distinto desde que nos separamos. Es posible que el hombre que ves frente a frente, conversando contigo con lágrimas en los ojos, sólo sea el mismo en físico y atenciones. Soy un hombre libre, sereno y firme. Me he liberado de ciertos obstáculos, he visto el mundo caer y reconstruirse de nuevo, conozco miles de secretos y he saboreado cientos de almas culpables de miseria, ruindad y pecados ya obsoletos para el hombre civilizado.

La lucha más terrible que he vivido ha sido conmigo mismo, con mis sueños y recuerdos. Siempre he intentado ser optimista y caminar hacia el futuro sin importar las heridas de mi alma. Fui libre de nuevo gracias a ti, pero era una libertad más gratificante. Abrí mis brazos al mundo, dejé que la oscuridad fuese mi guía y sentí los instintos de un animal salvaje convirtiéndome en un cazador notable.

Sin embargo, siempre busqué el cobijo de la buena compañía, la decencia, el honor y el amor hacia la cultura. Tuve a la diosa fortuna sonriéndome cuando conocí a Gregory. Me uní a él, a su compañera y al resto de inmortales que acabaron bajo su techo. Pero ni siquiera la compañía de los libros, de mis nuevos amigos y de la noche, borró el recuerdo de tus ojos oscuros.

Jamás dejé de pensar en ti. Siempre quise volver a encontrarte, pero temía ponerte en peligro. Rompiste las reglas. Creaste a un lisiado y le diste forma. Convertiste a un hombre condenado en un vampiro que quizás no podía valerse por sí mismo. Las viejas leyes de Akasha caían sobre mí, rozando peligrosamente mi destino, y sabía que aquello lo hiciste por amor y honor. Respetaste mi cariño y amistad, me diste un precioso regalo y quedé bendecido por estar vinculado por siempre a tu historia.


No quiero volver a perderte, pero tampoco quiero perder a los que siempre han estado conmigo. Deseo permanecer entre todos ustedes sintiendo el gozo de saberme querido.  

miércoles, 14 de mayo de 2014

En busca de la felicidad

Bonjour 

Arjun quiere dejar claro lo que desea: Felicidad para Pandora. Busca contentarla y alegrarla en todo momento. Ahora entendemos porque ella permanece a su lado. 


Lestat de Lioncourt 

Colocaba algunos ornamentos florales en la vivienda. Había decidido que era primavera y ella debía gozar del aroma de los jardines más fragantes. Consiguió algunas macetas de claveles rojos, los cuales habían crecido con especias enterradas en la tierra ofreciéndole un aroma único, así como rosas y ciertas flores silvestres. Todo el apartamento de suelo de mármol, hermosos muebles estilo romano y alegres cuadros de llamativos autores, se llenaría de un aroma inconfundible.

—Arjun—dijo bajando el libro que estaba leyendo.

—¿Sí?—respondió girándose con un encantador ramo de flores en sus brazos.

—¿Qué haces?—preguntó observando las hermosas flores como si fueran seres de otros mundos. Se fijaba en cada pequeño detalle de los pliegues de sus pétalos, la belleza de su talle y como contrastaban con la camisa cuello mao que él llevaba.

Arjun vestía de negro, de pies a cabeza, con un pantalón de vestir y una camisa cuello mao. No había nada más. Llevaba los pies descalzos en ese momento, quizás porque sus zapatos se habían manchado de barro y no quería ensuciar el pulido suelo de mármol.

—He decidido alegrar un poco sus noches—explicó apretando suavemente el ramo—. ¿Hago mal?

—No—respondió clavando sus ojos cafés, que parecían hermosas gemas, en él.

—Ha llegado un nuevo paquete de libros—dijo mirándola con una sonrisa—. Están en su despacho.

Ella ensanchó una hermosa sonrisa y se levantó observando las flores en los jarrones, algunos tremendamente decorativos, para ir hacia los libros. No había pedido aún a la librería los volúmenes que quería leer, pero allí estaban. Arjun había hecho el pedido sin consultar, cosa que debería molestarla pero sólo hizo que sonriera aún más. Sus noches se llenaría de aroma a libro nuevo y flores, de eso estaba segura.


—Flores y libros, nunca falla—susurró para sí sintiéndose feliz porque ella lo era.  

miércoles, 5 de febrero de 2014

En silencio junto a Lydia

Bonsoir

Arjun quiere dejar en claro que ama Pandora aunque ella esté distraída. Un amor sin condiciones ni cadenas. Pandora para él es una musa y una pasión extraña que no quiere apartar de su mundo. 

Lestat de Lioncourt. 

En silencio junto a Lydia


Se hallaba a su lado terminando de escribir algunos documentos. Siempre se distraía en tareas aparentemente para nada complejas. Decidió que esa noche describiría sus emociones en una hoja de papel y aunque nadie más las leyera sentiría un peso menos en su alma. Ella estaba a su lado, a pocos metros, con un libro entre sus manos y cómodamente recostada en el sofá lleno de cojines forrados en seda. Su cuerpo era hermoso y tan atractivo como el de una sirena o un ángel.

Pandora para él era un misterio aún hoy. Por mucho que conocía sus deseos o inquietudes, algunas muy extrañas y otras muy simples, no lograba encajar jamás todo en un único rompecabezas. Era misteriosa porque era inquieta y jamás estaba callada por demasiado tiempo. Aquella mujer, su creadora y compañera, era alguien que no perdía la ocasión de indagar, preguntar y compartir. Una vez dijo que no sabía lo que era amar, pero él había descubierto que era el amor gracias a ella.

—¿Es interesante tu libro?—preguntó sin alzar la vista del papel.

—Hay historias que siempre se repiten pero con otros protagonistas y frases. Pero este libro tiene momentos muy intensos ¿lo sabías? Creí que nadie escribiría algo bueno sobre la época dorada de Roma—él se giró para verla y ella apartó la mirada del libro sonriendo cómplice. Ambos amaban esos momentos porque eran simples y podían tenerse de forma cotidiana. Tener a alguien para conversar sin discusiones ni malas caras era agradable para ella, relajado y cómodo.

—Después déjamelo—respondió dejando la estilográfica a un lado.

—Por supuesto. Siempre lo hago—dijo regresando a su lectura como si fuera una simple mortal.


En el papel Arjun había escrito lo hermosa que podía ser y lo encantadora que se veía con aquel libro entre sus manos. Dejó allí sus sentimientos más románticos y sus ilusiones más ardientes, pero luego lo dobló y dejó en el cajón para tan sólo sentarse a su lado observando como leía. A veces era mejor no decir todo lo que sentía a cada momento y ser tan sólo las caricias suaves sobre sus piernas cansadas o el silencioso acompañante.  

Gracias por su lectura

Gracias por su lectura
Lestat de Lioncourt