Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.

Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.

Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)

Un saludo, Lestat de Lioncourt

ADVERTENCIA


Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.

~La eternidad~ Según Lestat

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miércoles, 13 de julio de 2016

Hermano

Tarquin me da pena. Esta carta la han encontrado en la tumba de Goblin, de su hermano Garwain, sólo la he tomado para reproducirla. Os la dejo aquí.

Lestat de Lioncourt 

Realmente pocas personas entenderían el motivo por el cual escribo estas líneas. No me importa. Únicamente lo hago porque creo que es necesario. Detesto pensar que te has marchado creyendo que el odio que hay en mi corazón es para ti. No. Ese odio no lo causaste tú. Me he dado cuenta que eras tan inocente como yo. Creo que incluso más. Estoy seguro que todas tus acciones fueron motivadas por el amor y también por unos celos bastante comprensibles.

Hemos estado juntos desde el primer segundo de nuestras vidas. Ese chispazo que originó un hombre cuyo rostro jamás conocimos. Siempre supuse que me parecía a él físicamente, pero estaba equivocado. No era a él a quien nos parecíamos. Igual que estuve equivocado contigo, Garwain.

Durante estos años he sabido la verdad sobre varios asuntos. Desconozco si tú pudiste saberlo observándome o leyendo dentro de las profundidades de mi alma. No somos Blackwood. No tenemos ni una gota de su sangre. Aún así llevamos con honor su apellido. “El Loco” decidió que un amigo suyo, Julien Mayfair, copulara, por decirlo de alguna forma suave, a su nuera para que al fin pudiese quedarse embarazada. Nosotros nos parecemos físicamente a él y tenemos una genética especial. Somos brujos, Garwain.

Madre no te odia. Madre siempre te amó. No sé si sentir celos por ello o lástima. Me odiaba porque creía que yo te había matado en su vientre quitándote el alimento. Te juro, hermano, que yo habría hecho cualquier cosa porque tú vivieses del mismo modo que yo. Habría sido fabuloso tener un hermano en el que apoyarme cuando tuviese miedo o sintiese rabia.

Has matado a tía Queen. No le quedaban muchos días de vida. Al principio estaba molesto con ella por haber negado que te veía y sentía, pero ahora sólo siento dolor por su pérdida. Desconozco la discusión que habríais tenido que provocó que fueses tan violento. ¿Por qué lo fuiste? Tú me salvaste la vida y me defendiste ante muchas otras personas y seres. ¿Tan consumido por la desesperación estabas? Querías ser como yo. Siempre quisiste que fuéramos iguales. Pero jamás te diste cuenta que lo éramos. Los dos a nuestro modo éramos solitarios y estábamos perdidos.


Te escribo esta carta para dejarla en la tumba junto a tus cenizas. Madre ha muerto. La he matado. No vendrá a molestarte. Sólo espero que ahora al fin descanses. Perdóname por no haber sabido antes la verdad. Discúlpame por haberte odiado una vez.  

domingo, 4 de octubre de 2015

Emprendedores en la sombra

Daniel Molloy ha decidido hablar de la variada gama de empresas que poseemos los seres "ocultos" o "en la sombra". Habla de vampiros, pero también de Taltos o Brujos. 

Disfruten del artículo.

Lestat de Lioncourt 


El mundo de los negocios es parte de nosotros, de la sociedad moderna llena de capitalismo y de sentimientos de compra y venta. Actualmente todo se puede comprar, inclusive seres humanos. Miles de personas en el mundo creen que la época de la esclavitud desapareció, pero en realidad se ven inmersos en diversas tramas de explotación laboral. Hay quienes no sienten el yugo de las cadenas, pero otros se ven hundidos en días miserables anclados a máquinas de coser, camas sucias y semáforos.

Miles de criaturas en todo el mundo han establecido empresas. Las empresas más conocidas por parte de cientos de vampiros son las farmacéuticas de Gregory Duff Collingsworth y los numerosos locales comerciales y de ocio de Armand Le Russe y Benjamín Mahmoud . Sin embargo, el mundo bursátil está lleno de agentes que trabajan para vampiros como Lestat de Lioncourt o David Talbot. Pero también se han visto involucrado en mercados de arte y mecenazgo como Marius Romanus, Pandora de Atenas, Petronia o Arion. Por supuesto se han comprado inmuebles en todo el mundo restaurándolos, convirtiéndolos en museos o vendiéndolos al cabo de algunas décadas como es el caso de otros. Si bien, los mejores en los negocios son Gregory y Armand. Muchos desearían tener su privilegiado olfato para generar riqueza.

También hay vampiros que colaboran activamente con empresas de Gregory Duff Collingsworth como es Seth con su equipo de científicos encabezados por Fareed Bhansali, antiguo brillante médico y cirujano anglo-indio iniciado en la sangre entorno a 1986, como Dra. Flannery Gilman, médica americana que fue desacreditada por ser investigadora de sucesos vampíricos recientes en las últimas décadas.

Las empresas de seres inmortales, o casi eternos, no fueron iniciadas únicamente por vampiros. También seres imponentes como los Taltos, encabezados por Ashlar Templeton antiguo Rey Taltos, iniciaron negocios por todo el mundo. Ashlar enseñó a sus hijos a comprender el mundo de los negocios y los supervivientes, un macho y dos hembras, han continuado con sus conocimientos y estudios cercanos a los Mayfair, pues están vinculados en línea de sangre con éstos brujos.

Los Brujos Mayfair también son grandes y poderosos hombres y mujeres de negocios. Poseen un espectacular instituto médico en New Orleans muy distinto a los hospitales habituales, con el confort de hoteles de lujo y un restaurante agradable donde se celebran reuniones de todo tipo. También existe una firma de abogados, la cual creó Julien Mayfair antes del inicio del siglo XIX, junto a sus hijos mayores. Las múltiples inversiones en todo el mundo, las acciones bolsa, los negocios inmobiliarios y vinculación con otras empresas han generado un patrimonio impresionante.

Adaptarse o morir. Miles se han declinado por adaptarse, aunque con mejores leyes que las humanas. El trato en éstas empresas no son tan terribles como en las dirigidas por simples humanos. No se busca la explotación desproporcionada de recursos, sean minerales como humanos o de cualquier índole, sino la prolongación de la firma durante décadas o cientos de años.



sábado, 3 de octubre de 2015

Príncipe de los idiotas

Me merezco su rencor, pero ella se merecía ser feliz. Yo no sabría como hacer que lo fuese.

Lestat de Lioncourt


Era incomprensible. Durante algunos meses había estado escuchando rumores sobre un programa de radio que causaba sensación entre los más jóvenes, pero también entre adultos de toda índole. Había escépticos que disfrutaban de las historias de un diverso grupo de vampiros que transmitían normas, vivencias y música a través de un portal online de radio. Era un programa que poseía incluso una aplicación para móviles de última generación y otros dispositivos. Se podía acceder con total normalidad a la web desde cualquier punto del mundo, se escuchaba en varios idiomas y se podía entender sus voces, de forma nítida, como si cuchichearan en nuestro oído. También estaban los típicos creyentes que adoraban a éstas criaturas, soñaban con ser uno de ellos y rogaban por tener la suerte de toparse con uno de éstos inmortales.

Tardé varios meses en armarme de valor. Fue difícil para mí. Era duro admitir que había conocido a varios de éstas criaturas e incluso, tenía que aceptar, que Mona, esa chica desafiante a la par de inquieta, se había transformado en lo que siempre creí que era la muerte en vida. Los vampiros existían y yo lo sabía. Temía encender la radio y escucharlo a él. Ahora lo llamaban Príncipe de los Vamprios. Yo había conseguido todos sus libros y leído su historia. Hace años no lo conocía, no lo comprendía y aún así lo amaba. En esos momentos sentía que ya no era un amor platónico, tentador y ligeramente peligroso, sino algo más importante.

Escuché durante horas a un adolescente de unos doce o trece años, su voz era dulce aunque se notaba ciertos cambios que quizás la sangre, así como la vida en las sombras, le había proporcionado. Hablaba de las tragedias que habían acontecido a espaldas del mundo. Leía e-mails y cartas de los fans del programa, pero sobre todo aceptaba llamadas e información del mundo de las tinieblas. Los vampiros estaban ahí. Se podía apreciar que no era un mero truco.

Entonces, como si el destino hubiese jugado nuevamente conmigo, lo escuché a él. Era un comunicado enviado en audio. Hablaba de su hijo, del cual desconocía por completo su existencia, como su sucesor en muchos aspectos. Se vanagloriaba de la última reunión junto a sus amados compañeros. De entre esos compañeros citó a Louis. Los celos se apoderaron de mí y busqué un cigarrillo en mi bolso.

Había estado sin fumar por más de dos meses, pero ahí estaba buscando el último que había dejado en mi pitillera. Era como el recuerdo de no fumar. Estúpida de mí. Llené mis pulmones de humo y recosté mi espalda en el sillón giratorio de mi despacho. El café humeante no me calmaba, sino que me incitaba a chillar. No lo hice. Igual que no estampé la taza contra el suelo, algo que habría hecho liberar cierta tensión que sentía como una culebra corriendo por mis venas.

En ese momento Michael entró en mi despacho. La puerta estaba abierta y él decidió entrar sin llamar. No esperaba importunarme ni encontrarme en ese estado. Me miró con sus enormes, hermosos y amables ojos azules y se sentó en una de las sillas que había frente a mi escritorio. No dijo nada.

Me quité los auriculares y apagué el cigarrillo hundiéndolo en la taza de café. Después me acomodé el cabello, pues empecé a llevarlo largo poco después de sentirme abandonada por Lestat, y le miré intentando parecer serena. Él lo supo. No tuve nada que decir.

Allí sentado, con la calma y la paciencia que te dan los años, pude observar que tenía aún más canas en sus patillas. Su barba estaba salpicada por algunos pelillos blancos. Sus ojos azules eran muy llamativos. Tenía la piel algo más oscura debido a todo un verano trabajando en diversas obras, codo con codo con sus empleados, mientras que yo asistía a diversas reuniones de neurociencia en varios Estados del país. Era un hombre atractivo, al cual amaba, y aún así sentía celos por un dichoso vampiro que no tuvo la educación de decirme adiós sin rodeos, de forma directa y atenta.


Me sentí estúpida. Tenía todo. Poseía éxito, poderes, una hija nacida en un vientre de alquiler y un hombre maravilloso que deseaba estrecharme entre sus fuertes brazos, sin importarle nada, y no era capaz de calmar mis celos. Rompí a llorar y él se levantó, me abrazó y besó en el cuello rodeándome allí mismo, sentada en mi sillón ejecutivo, mientras dejaba que la ira se fuera con cada lágrima.  

domingo, 20 de septiembre de 2015

Brujos

Daniel ha decidido hablar hoy de brujería, en concreto de Talamasca, Mayfair y el origen de la disputa de Akasha y Las Gemelas. 

Lestat de Lioncourt


La Santa Inquisición los perseguía, la gente inculta les arrojaba piedras mientras que, de espaldas a la muchedumbre, pedían su ayuda, y los nobles, así como los burgueses, se dejaban llevar por las supercherías de aquellos que tanto temían. No importaba realmente el lugar que ocupara en el mundo, pues aquellos dotados de ciertas virtudes se convertían en centro de las miradas, miedo y adulación de la gran mayoría.

Las quemas de brujas se extendieron por todo el mundo “conocido”. Si bien, en los lugares más recónditos se les tenía como ayudantes mágicos, mediadores de los dioses y espíritus, que lograban que la lluvia cayera sobre el poblado o que el monarca recuperara una gran extensión de territorio. Mientras algunos ardían, como Juana de Arco, convirtiéndose ocasionalmente en santos; otros, más afortunados, provocaban cierta admiración en la tribu donde ejercían de consejeros y médicos al uso.

Talamasca se vio perseguida durante varios siglos. Eran señalados como una organización para nada agradable a la vista de aquellos que se creían hombres de bien, seguidores de Cristo y gente santa. Ocasionalmente se dejaban ver alrededor de las quemas de los inocentes brujos y brujas, intentando impedir la masacre y rogando con monedas de oro, e incluso otros bienes más preciados, que dejaran escaparse a las mujeres y hombres que ardían irremediablemente en las ascuas.

Muchos conocerán la historia de la familia más famosa en cuestión de brujería: Los Mayfair. En los archivos de Talamasca podemos ver su vinculación con la orden, el poder ejercido de un espíritu entre ellos y como éste los doblegó hasta cumplir sus propios deseos. También conocerán el origen de Las Gemelas y el enfrentamiento con la antigua monarca de Kemet, el hermoso Egipto antiguo, que se convirtió a ojos de todos en una diosa. Muchos, por no decir todos, conocen el poder que tiene David Talbot, el cual sigue contactando con los espíritus de los muertos y escuchando cosas que nadie más daría crédito. David, el viejo director de la orden y el amigo íntimo de Lestat de Lioncourt, uno de los vampiros más famosos y el más poderoso actualmente.

Cuando era joven creía que las brujas eran las típicas mujeres que se ven en los disfraces de Halloween. Las mismas que morían en las calderas por unos niños entrometidos, aplastadas por una casa en mitad de Oz o que perseguían a las bellas y encantadoras princesitas de Disney. Actualmente no las veo así. Es cierto que me divierto con las películas cargadas de humor de brujas ligeramente feas, que son capaces de hechizarte con canciones pegadizas o que te enamoran pese a su fealdad. Pero no todas las brujas vuelan con escobas, tienen gatos y la piel verde. La mayoría son gente común y corriente. Sobre todo aquellas que usan el vudú, los espíritus o su poder mental para averiguar todo de ti.


Ahora mismo me encuentro frente a varios grandes volúmenes, algo polvorientos y ajados, de registros de familias enteras con poderes psíquicos. Algunas de ellas son activos miembros de Talamasca, colaboradores o viejos enemigos de la orden. Hay quienes ni siquiera pertenecen a un bando u otro, pero son investigados porque hay un espíritu que les ayuda igual que El Hombre con los desdichados Mayfair. Yo, un vampiro, me encuentro fascinado por el poder de gente mortal, común y corriente, que viaja en el metro, descapotables o en moto. Aquellas que pululan por las aceras, hablan con sus teléfonos móviles o aplauden en las atestadas salas de cine de las ciudades más hilarantes. Los mismos que sonríen felices en fotos familiares o se encuentran en las aceras de cualquier ciudad sin nombre. No importa su dinero, ni su origen y tampoco el color de su piel. Tan sólo importa el poder que les hace ser tan interesantes, temidos y poderosos.  

domingo, 5 de julio de 2015

Pobre

Lasher es un ser que no he conocido, pero que he oído hablar de él. Por su culpa muchos en Talamasca perdieron la vida. Aquí un oscuro pensamiento que dejó escrito cuando secuestró a Rowan.

Lestat de Lioncourt


Pobre de ti. Pobre de mí. Pobre del tiempo y del lugar. Pobre de todos. Pobre de aquel que una vez me creyó santo y me coronó con todas las gracias. Pobre la cabeza de mi santa madre rodando por el suelo, como si fuese una manzana que acaba de caer del árbol. Pobre del fuego que nos consumió, convirtiéndose en verdugo de una marabunta de inútiles y fieles santurrones sin seso. Pobre de las mujeres que murieron en mis manos. Pobre del amor porque jamás fue rozado por mis labios, ni sentido por mi alma y ni mucho menos rememorado en mis breves relatos. Pobre de los huesos que yacen sepultados, que son los tuyos, y que sólo son la muestra de una vida impía y cobarde llena de amoríos y de sufrimiento. Pobre Orden de sabios de La Talamasca, tan inútiles como curiosos felinos que terminan acorralados, aplastados y convertidos en polvo. Pobre del mundo. Pobre del mar que me separa de Europa. Pobre círculo de piedras. Pobre Deborah. Pobre esmeralda en el cuello de su pobre e insufrible hija. Pobre de mi corazón que no late. Pobre de mis manos que rozan el mundo y el mundo desconoce mi existencia. Pobre la música que me hace danzar. Pobre de la risa que no sé pronunciar. Pobre, pobre, pobre...

Estoy frente a tu tumba. El barco zarpará. El mundo se abrirá para nosotros más allá de éste lugar podrido, de maderas hinchadas y campos baldíos. Ya es hora de irnos de aquí a otras tierras más fértiles, con una mentalidad más abierta y que me pueda ofrecer nuevas experiencias. Me voy con tus Mayfair. Me voy con tu descendencia que es la mía, la que tiene también mis genes y que hará que vuelva a caminar, beber y tener sexo. Sí, tendré sexo. Haré el amor con las brujas abriendo sus muslos cálidos, invadiendo su ardiente vagina y sintiéndome apretado contra sus pechos. Piel con piel, ¿lo imaginas? Yo sí. Puedo imaginarlo. Puedo sentir su cálido aliento rozando mis labios, su húmeda lengua reptando por mi boca y sus ojos vueltos por el placer. Se convertirán en marionetas, lo que siempre han sido, y me darán mi hembra. Y tú, Petyr, sólo serás un pobre infeliz, un desdichado lloroso, que no podrá impedir la conquista de éste mundo.


Adiós. Fuiste un buen enemigo. Un ser digno de mi altura y maldad. Te daría un beso de despedida, pero detesto el sabor de la muerte.  

jueves, 24 de abril de 2014

No nacimos humanos, nacimos Mayfair

Memorias Mayfair y Crónicas vampíricas juntas. 

¡Atención! El poder ciega, contamina el alma y te lleva a elecciones arriesgadas. El amor también. 

En éstas memorias conoceremos el motivo por el cual Rowan Mayfair tuvo que dejarme, los planes que tiene Julien y los deseos de Mona. 

Lestat de Lioncourt 

PRIMERA PARTE: MEMORIAS DEL HORROR 



Lunes 21 de Marzo del 2014, New Orleans.

El golpeteo de sus zapatos de tacón corto había sido el único ruido que se había escuchado en horas por aquel pasillo, como si ella fuese un fantasma y decidiese que aquel lugar laberíntico sería su última morada. Se ajustaba la bata con elegancia mientras acomodaba sus suaves, ondulados y algo largos cabellos de oro. Parecía una muñeca perfecta escapada de una tienda de modas. Llevaba un traje sobrio de pantalón algo ajustado, pero cómodo, y una camisa tan blanca, y pulcra, como su bata. En el bolsillo derecho superior de la bata se hallaba una pluma, la misma con la cual había firmado horas atrás un documento de Mayfair and Mayfair, y su nombre en un placa simple, pero elegante, en la cual se podía leer “Doctora Rowan Mayfair”.

Se encontraba atada de pies y manos, pues la familia le había hecho elegir entre la destrucción de todo lo que amaba o acceder a una burda triquiñuela. Todo había comenzado meses antes cuando Oberon interrumpió en su despacho, algo agitado, mientras que sus hermanas revisaban algunos documentos en la planta superior de Mayfair Medics.

—Julien ha vuelto—dijo mirándola con aquellos profundos ojos, de una profundidad similar a la de Ashlar—. No estoy bromeando.

—Los fantasmas siempre vuelven—susurró con frialdad abriendo uno de los archivos de su dispositivo usb.

—¡No! ¡No entiendes!—entró en la habitación sin siquiera pedir permiso, cerró de un portazo y se precipitó sobre la mesa—. Carne y hueso.

Oberon era descendiente de Ashlar y Morrigan. Rowan aún recordaba a ese enorme gigante de cabello negro, canas en sus patillas y rostro bondadoso. Podía sentir aún sus manos sobre las suyas, la mirada cándida al contemplar sus hermosas muñecas y el dolor que podía apreciarse en sus palabras. Él sufría en soledad mientras Morrigan se desarrollaba en el vientre de Mona. Aquella mujer Taltos, tan idéntica a su madre, que había surgido de una relación fogosa con su esposo Michael Curry. Contemplar a Oberon era contemplar la inteligencia de Mona en un envase similar al de aquel hombre atento, apuesto y desesperado por ocultar la tragedia de su pueblo.

Julien había rogado destrozar a Lasher y le había encomendado a Michael el trabajo, pero él era tan sólo un fantasma. El mismo fantasma que reinaba en la propiedad principal de los Mayfair, la casa de First Street, y que de vez en cuando se paseaba por New Orleans como si siguiese vivo. Sin embargo, Oberon decía que Julien estaba vivo y sin duda debía creerlo. Últimamente los muertos parecían cobrar su fuerza.

—Explícate—dijo seria observándolo con aquellos enormes ojos grises—. Habla.

—Viene hacia el despacho. Lo he visto en el hall—comentó alejándose de la mesa para mirar las paredes, los libros y las pinturas—. Hay peligro.

Oberon podía ser cínico, en ocasiones cruel, pero sin duda era leal y había aceptado aprender de su mano. Ella controlaba a las dos hembras, Lorkyn y Miravelle, así como a su hermano Oberon. Ellos eran los únicos descendientes de Ashlar que quedaban vivos.

En esos momentos aún sentía como su cabeza daba vueltas. Desde hacía meses había ocultado a Lestat su nueva dirección, olvidado todo lo que con él había vivido y enterrado cualquier esperanza. Su pasado la había perseguido de nuevo con la sonrisa gentil, abierta e inteligente de Julien. Julien Mayfair había regresado gracias a un trato perverso con el demonio y ella se encontraba allí, con sus peores miedos a flor de piel.

Durante toda la noche había deseado huir del hospital y adentrarse en los pantanos. Quería ser libre, pero Hazel necesitaba a su madre y sabía que la dañarían, al igual que dañarían a Michael, si no colaboraba. Tenía sentimientos encontrados pues aquello a lo cual asistiría era un milagro, pero también una abominación. Pronto habría otro Taltos en el mundo hijo genéticamente de Tarquin Blackwood y Mona Mayfair, pero nacido de las entrañas fértiles y delicadas de una mujer Mayfair.

Liliana Mayfair siempre fue una niña sana físicamente, pero sus facultades intelectuales estaban mermadas. Contaba con veinte años, si bien no tenía más de unos diez años mentales. Sus poderes la habían truncado convirtiéndola en un ser tan bobo como Belle Mayfair. Era una bruja poderosa, pero su cerebro no se desarrollaba. Sin duda era el conejillo de indias perfecto para Julien. Él la había escogido.

—Rowan... Rowan... ¿qué demonios estás haciendo?—se dijo mirando el reloj antes de entrar en el paritorio.

Allí, en uno de los paritorios del hospital que ella misma había decidido construir, se encontraba la muchacha visiblemente nerviosa, asustada y adolorida. En la ansiéptica habitación se hallaban tres reconocibles figuras. Julien Mayfair, sentado en una silla de ejecutivo, Tarquin Blackwood y Mona Mayfair.

—Querida, llegas justo a tiempo—susurró con una sonrisa maliciosa, aunque sin duda atractiva, mientras se acomodaba en la silla apoyando sus codos sobre los apoyabrazos.

Julien llevaba un elegante traje blanco, con una bonita corbata roja en tono burdeos y un magnífico pañuelo del mismo tono en su ojal. Tenía el cabello cano bien peinado, las arrugas de su rostro le daban un aspecto bondadoso y sus ojos centellaban. No era humano, aunque nunca lo fue realmente, pero tampoco podía considerarse un simple brujo. Memnoch le había conferido nuevos poderes cuando le transmitió la nueva vida, pero no era un demonio como se esperaba. Julien era en esos momentos, sin duda alguna, uno de los brujos más importantes e imponentes.

Tarquin se encontraba a su lado derecho, de pie, con un aspecto elegante pero visiblemente nervioso. Sus cabellos negros y rizados caían sobre su frente. Tenía sus hermosos ojos azules clavados en la camilla. Llevaba un elegante traje de firma italiana, negro y sobrio, con una camisa blanca y una corbata del mismo tono que su mirada. Mona estaba colgada de su brazo, con su cabeza pegada a su pecho y de igual modo miraba a la joven. Tenía sus ojos bien atentos, abiertos y desesperados porque todo fuese bien.

Rowan estaba horrorizada. Sabía que aquello era el inicio de un terrible problema. Los Mayfair tendrían mayor control que nunca sobre ella; pero también tendrían dominio sobre su hospital, el cual era uno de los más importantes de todo el país, y su familia. Si bien, pronto la habitación se llenó de un dulce aroma y pronto comprendió que no se hallaría sola enfrentándose a un parto tan terrible.

Los cabellos rubios de Liliana estaban pegados a su frente sudorosa, así como a su cuello y sus pechos. Estaba desnuda, con sus piernas puestas en el potro del paritorio y sus muñecas, así como sus tobillos, se encontraban atadas con grilletes. Su vientre se movía pues el Taltos estaba a punto de nacer.

—¿Quieres que te ayude?—preguntó Miravelle con su dulce voz mientras se recogía el cabello rubio en una coleta.

—¿A ti te ayudaron a nacer? No seas boba—respondió Lorkyn con su despampanante mirada, su elegancia y astucia, dejándose ver incluso en su forma de moverse. Aquella pelirroja fuerte y deslumbrante parecía una réplica de Mona, aunque mucho más alta y con algunos rasgos de Ashlar.

—Esto me recuerda al círculo de piedras que decía Ashlar—Oberon alzó sus cejas oscuras y se aproximó a la muchacha justo en el momento que el Taltos salía.

Sus pequeñas manos aparecieron ayudándose a él mismo en el parto. Aquel bebé comenzaría a caminar y hablar en breves minutos. Tarquin miraba aquello atónito, casi a punto de desmayarse, mientras que Mona recordaba, casi entre lágrimas, el parto que tuvo en aquella destartalada donde Dolly Jean llamó a la criatura “bebé que anda y camina”. Los gritos de Liliana eran terribles, casi igual que terrible que la cara de fascinación de Julien. Él había pedido que destrozaran a Lasher, pero ahora estaba empeñado en hacer más fuerte y extensa la familia.

La muchacha cedió al dolor y el desgaste quedando exhausta, perdida en el mundo de los sueños, mientras aquel horripilante ser se enganchaba a sus senos y bebía su leche. Mona se apartó de su noble Abelardo, el cual aún temblaba, para acariciar suavemente sus cabellos negros. Aquel ser sería sin duda alguna el heredero legítimo de su sangre. Sus nietos la observaban confusos pero alegres, pues era el nacimiento de un nuevo ser como ellos. Tarquin aún temblaba y prácticamente se apoyaba en algunas máquinas que eran parte del material médico.

Rowan sentía que se iba a desplomar. Quería gritar, pero sólo podía abrir los labios y contemplar aquel horror. Recordó a su pobre hija, una mujer alta y hermosa que jamás hizo daño a nadie, naciendo de ese modo mientras recordaba que debía buscar a Michael. Aquello la destrozó de nuevo. El fantasma de Emaleth se precipitó sobre ella, sobre todo cuando Miravelle la tomó del brazo. Su cabello rubio, abundante y hermoso, con aquellos ojos deslumbrantes y su piel infantil suave rozándola. Casi estuvo a punto de chillar, pero volvió a controlarse recobrando la compostura. Aquella mujer ya había cumplido más de una década a su lado, era la dulce Miravelle y estaba preocupada.

—Déjala o terminará gritando—dijo Lorkyn agitando sus cabellos pelirrojos mientras miraba como si nada al nuevo Taltos.

—Padre no estaría de acuerdo—susurró provocando que inclusive Julien la mirara—. Pero... no tengo voz ni voto en ésto.

—Es mejor que guardes silencio—dijo Oberon—. Me pregunto si me dejará tomar algo de leche...

—Oberon la leche es para él—respondió Lorkyn acercándose a él para apartarlo.

Los tres comenzaron a cantar aceleradamente y sólo se escuchaba un silbido extraño. Lasher también lo hacía, cantaba así para la hija que esperaba. Rowan se llevó las manos a la cabeza y dio dos pasos hacia atrás, sin embargo chocó con una imponente figura. Era un ser alto, hermoso y para nada humano pero tampoco un Taltos. Rápidamente se alejó al recordar como Lestat, a quien pertenecía gran parte de su corazón y pensamientos, había descrito en un millón de ocasiones a uno de sus más terribles enemigos.

—Oh, Memnoch—susurró Julien antes de dejar escapar una carcajada—. Mon fils, acércate y disfruta del espectáculo.

—Precisamente vengo a celebrar tu victoria, Julien—su voz era varonil, oscura y claramente maliciosa.

¿Dónde estaba Michael para sostenerla? ¿Por qué no se encontraba allí? Al menos él mantendría la calma y la obligaría a no volverse loca. No había escapatoria. La pesadilla había regresado. El mundo conocería un nuevo Taltos hijo de Mona Mayfair y Tarquin Blackwood. ¡Y ella había colaborado! ¡Qué desastre!


Martes 22 de Marzo del 2014, New Orleans

Escogió el nombre de Alvar Mayfair y una ropa muy elegante para hacer su presentación. Se encontraba frenético, alegre y elocuente. Decía recordar cada calle como si ya la hubiese pisado. Su padre lo observaba entre aterrado, fascinado y orgulloso. Mona, su madre, simplemente apretaba suavemente el brazo de Tarquin esperando que comprendiera que no era sólo un capricho. Ver muerta a Morrigan fue terrible y aún más terrible saber toda la epopeya que ella había sufrido. Pudo vivir un milenio, incluso dos, pero el mundo la había sepultado en hielo fruto de terribles encuentros con el narcotráfico y sus propios hijos.

—¿Podre conocer a Lestat?—preguntó provocando que Julien se girara en la limusina para verlo— ¡Seguro que es tan divertido y heroico como dice papá!

—Es sólo un payaso. Un charlatán más—dijo el líder de los Mayfair visiblemente molesto.

—Pero...

—Tesoro no es momento de molestar al tío Julien—susurró Mona con tono condescendiente—. ¿Quieres un vaso de leche fresca? Tenemos varios botellines en la nevera.

—Sí, tengo sed.

Alvar tenía la belleza de Tarquin y Mona, una elegancia arrolladora y una caballerosidad que sólo podía señalarse como típicamente Blackwood. También era muy emocional y terriblemente seductor. Justo esa noche había intentado coquetear con varias mujeres que se habían interpuesto en su camino, también con un muchacho que a penas tendría los veinte años. Disfrutaba siendo elegante, caminando igual que Tarquin sin parecer desgarbado y acomodándose la chaqueta como lo hacía Julien.

Viajaban hacia Mayfair and Mayfair para solicitar que él entrara en los planes Mayfair. Pronto desarrollaría ideas, haría negocio en la ciudad y se convertiría en uno de los jóvenes más brillantes de la familia. No, Julien no desaprovecharía la oportunidad. Ese Taltos no se pudriría en un hospital llevando informes, atendiendo pacientes y sonriendo mecánicamente. No. La medicina no era para él. Aquel brujo había visto en aquel muchacho un diamante en bruto.

—Memnoch hará un preciado regalo a todos los Mayfair. Serán mortales, pero rejuvenecerán y tendrán mayores poderes. Claro está, sólo los brujos y brujas—aquella confesión provocó que ambos vampiros lo miraran sorprendido—. Ahora está de nuestra parte.

Hazel había cambiado de nombre, Rowan había marchado junto a Michael nuevamente hacia San Francisco, y los Mayfair de New Orleans vivirían una época dorada que jamás creyeron conocer. Pronto el mundo sabría que era ser un Mayfair. Un nuevo monopolio empresarial comenzaría.

Las oficinas Mayfair and Mayfair se hallaban completamente iluminadas. No solían trabajar hasta tan tarde, pero había sido una petición expresa de Mona y de Julien. Nadie podía creer en la familia que un milagro como aquel ocurriera, pero inclusive Pierce no había tenido reparos de comentarlo en más de una ocasión con su futura esposa. La limusina aparcó en la cera contigua y todos los ocupantes descendieron.

Mona tomó a Alvar de la mano, como si fuera un niño, e intentó que no se dejara llevar por las luces eléctricas de los locales de comida cercanos al edificio. La música jazz, soul y r&b sonaba sin cesar junto a un rock ciertamente atractivo. Para un Taltos la música es vida y él se echó a reír mientras ella lo contenía. Tarquin vestía igual de elegante que su joven prodigio, pero Mona había decidido ser más desenfadada y enfundarse en un traje rojo despampanante y llevar unos tacones de infarto. Julien seguía llevando un traje blanco, aunque con un corte más clásico que la noche anterior, junto con unos lustrosos mocasines del mismo color. Todos parecían dispuestos a entrar en la firma de abogados e imponer sus deseos.

El primero en acercarse a ellos, saliendo de las oficinas, fue Ryan que había recobrado el color de sus cabellos y ya no lucían tan blancos. Tenía menos arrugas, estaba algo más delgado y parecía un maniquí en aquel traje azul marino, camisa de algodón blanco y corbata carmesí. Sin duda alguna Julien había hecho un pacto terrible y la familia volvía a estar maldita, aunque de una forma distinta.

—Bienvenidos, el contrato está listo.

—¿Qué contrato?—preguntó Alvar con aquella voz seductora, casi idéntica a la de Tarquin—. Papá ¿qué contrato? ¿De qué habla?

—Hijo, pronto tendrás parte de mi fortuna y la fortuna de tu madre. Nunca te faltará de nada. Además, Julien hará que aprendas a dirigir ciertos negocios— lo miraba con orgullo y amor, como un padre mira a su hijo, y en parte comprendió porque Mona deseaba tener un pequeño propio. Él ya había sido padre con Jerome, un chico que ya era espigado y listo, pero ella había perdido a su hija y esto era algo más que un capricho. Alvar era inteligente y educado, cosa que le enorgullecía, y que pronto daría sus frutos.

—Así es—dijo Julien antes de echar a caminar hacia el interior.

Los documentos pronto se firmaron, Alvar quedó inscrito como Mayfair, y Julien, una vez más, se salió con la suya.


Gracias por su lectura

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Lestat de Lioncourt