Durante largos años he publicado varios trabajos originales, los cuales están bajo Derechos de Autor y diversas licencias en Internet, así que como es normal demandaré a todo aquel que publique algún contenido de mi blog sin mi permiso.
Un saludo, Lestat de Lioncourt
No sólo el contenido de las entradas es propio, sino también los laterales. Son poemas algo antiguos y desgraciadamente he tenido que tomar medidas en más de una ocasión.
Por favor, no hagan que me enfurezca y tenga que perseguirles.
Sobre el restante contenido son meros homenajes con los cuales no gano ni un céntimo. Sin embargo, también pido que no sean tomados de mi blog ya que es mi trabajo (o el de compañeros míos) para un fandom determinado (Crónicas Vampíricas y Brujas Mayfair)
Un saludo, Lestat de Lioncourt
ADVERTENCIA
Este lugar contiene novelas eróticas homosexuales y de terror psicológico, con otras de vampiros algo subidas de tono. Si no te gusta este tipo de literatura, por favor no sigas leyendo.
~La eternidad~ Según Lestat
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miércoles, 8 de febrero de 2017
Dolor
Debió ser horrible ver como tu familia se desmorona...
Lestat de Lioncourt
—Ojalá se equivocara Faared—dijo tomando un mechón de sus largos y sedosos cabellos pelirrojos.
Sus dedos de mármol retiraba pequeños pedazos mientras la mano contraria movía con gracia un cepillo de cerdas naturales. De esos cepillos clásicos de madera y que dicen que distribuyen los aceites del cabello, recuperan su brillo natural, y le dan volumen. Sin embargo, el cabello de su hermana no necesitaba volumen o brillo, pues era hermoso como el suyo.
—¿Por qué? Te vi caminar, Mekare—decía a punto de romper a llorar—. Con esos ojos que robé aquella noche, tan distintos a los tuyos, y ahora que vuelvo a ver sin necesidad de estar robando a mis víctimas, que puedo ser más autónoma, me dicen que nunca hablarás y que no hay nadie en este hermoso receptáculo. Sólo es un recipiente, un ánfora, una bella escultura automatizada... ¡No lo quiero creer!—terminó rompiendo a llorar, dejando que el cepillo cayese al suelo y sus manos cubrieran su rostro.
Mekare estaba allí sentada, observando el fresco paisaje nocturno, mientras las aves, sobre todo loros y cacatúas, llamaban la atención con sus plumas cargadas de llamativos colores. Al fondo se podían ver los árboles, de densas copas, alzándose hacia el cielo nocturno cargado de estrellas.
Khayman llegó entonces. Olía a humo, fuego, sangre y horror. Su vieja cazadora de cuero estaba dañada y su sombrero de ala ancha no se hallaba en su cabeza. Sus largos cabellos negros ondeaban como una bandera pirata y su piel, tan blanca como el mármol, le confería un aspecto de estatua. Se acercó a ellas, las saludó acariciando el rostro de ambas y finalmente se arrodilló llorando.
Las lágrimas sanguinolentas de aquellos milenarios, de esos hijos de la Oscuridad, se vertían en mitad de la jungla. Mekare, por su parte, echaba a correr tras un pequeño roedor. Empezaba la caza de la gemela cuyo cerebro estaba dañado, pero en apariencia seguía ahí interactuando con el mundo.
Había ocurrido una nueva Quema. La tragedia pronto se narraría en la radio. ¡Qué demonios podían hacer! Era imposible controlar a esa criatura que se apoderaba de Khayman.
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lunes, 30 de enero de 2017
Mi historia, vuestra historia
Gregory Duff Collingsworth o Nebamun... es uno de esos vampiros que se hacen amar.
Lestat de Lioncourt
Muchas veces creí que sería difícil
explicar mi vida a otros, pero fue asombrosamente sencillo hacerlo
una vez todo se detuvo y comencé a dar explicaciones. Supongo que
tras cientos de siglos de silencios, de ocultarme como si fuese un
viejo tesoro, fue más sencillo que hablar sobre una vieja historia
que parecía más bien una leyenda. Ofrecer una verdad en un momento
donde todos los ojos y oídos son pocos es inusual.
Recuerdo la primera vez que pisé un
país occidental. Había dejado atrás la arena dorada y amontonada,
extensa como un océano profundo y peligrosas como una selva
tropical, para encontrarme con bosques, ríos, lagos, ciudades
apelotonadas a los pies de montañas o en valles extensos. La lengua
no fue difícil para mí debido a los poderes que poseemos los
vampiros. Estos nos hacen poder entender el idioma de cualquier país,
evitando así fronteras culturales o de cualquier tipo.
Sin embargo, lo que mejor recuerdo,
como si fuese ayer mismo, es a Amel apareciendo en la vida de todos
nosotros. Ese vínculo, ese germen. Pude contemplar como Akasha caía,
junto a su esposo y su fiel mayordomo real, sobre las baldosas de
aquella habitación. Me encontraba oculto en un baúl. Era el amante
favorito de Akasha, el actual compañero de cama, pues Enkil jamás
había tenido tales acercamientos.
Los ojos parecían que iban a salirse
de mis órbitas cuando contemplé estupefacto como se introducía en
ella, agujereando su cuerpo, para luego incorporarse. Un alarido de
dolor, como si ardiera envuelto en un fuego invisible, la avivó. Se
convirtió en una marioneta de mirada terrible, soberbia y capaz de
cualquier cosa, dejando atrás esa escasa fragilidad que en ocasiones
me mostraba en la cama. Era otra. Se sabía poderosa. El miedo se
apoderó de mí y decidí seguir oculto, observando como mordía el
cadáver del rey Enkil, para luego hacer lo mismo con Khayman. Ambos
cobraron vida tras derramar su poderosa sangre sobre sus labios y
estos se incorporaron como si nada hubiese pasado.
La mirada de Khayman, siempre alerta,
era la de un hombre asustado. Sabía que algo era distinto en él,
por eso el silencio parecía precederle. Por otro lado Enkil reía
maravillado. Tal vez se sabían muertos, se habían visto como
espíritus revoloteando por el techo de la habitación. Jamás
pregunté. Sobre todo porque yo fui el siguiente en ser transformado
en uno de esos monstruos perfectos. Me convertí en el líder de un
ejército ante el desacato del leal mayordomo, el cual decidió
proteger a las Gemelas Pelirrojas. Debí hacer lo mismo. Todos
debimos hacía mucho atacar a la reina y librarnos de su horror.
Durante siglos recordé la maldición
que Mekare lanzó sobre la reina. Dijo que ella le arrancaría el
corazón y la decapitaría, que llegaría su hora y lo haría junto a
su hermana. Por eso le arrancaron la lengua y a su gemela, para que
no pudiera encontrarla, sus ojos. Tuve que separarlas, echarlas a dos
corrientes distintas, y asumí mis culpas durante largas noches.
No me siento orgulloso de mis inicios,
pero sí de mi presente. He logrado formar una pequeña familia de
inmortales, he salvado la vida a un joven vampiro de hermosa piel
oscura, y tengo un imperio farmacológico que investiga junto con
Fareed Bhansali mejoras en nuestra genética, evitando enfermedades
que podrían aparecer o mejorando nuestra calidad de vida.
Sin embargo, contar todo esto, fue
difícil. El micrófono estaba abierto, había más de una decena de
inmortales rodeándome. Sentí que todos retenían el aliento porque
me detestaban por mis malos actos, pero finalmente me perdonaron y
aceptaron que tuve mi momento en la historia.
martes, 22 de marzo de 2016
La esperanza
Hay numerosos archivos de Maharet que están saliendo a la luz. Ella los subió a la "nube". Yo no sé bien que es eso de "nube" pero me han dicho que es un lugar donde puedes subir archivos y que se queden para siempre ahí. Son diarios, pensamientos, poemas, canciones y rezos a los espíritus en diversas lenguas. Cada día la admiro más y extraño su presencia entre nosotros.
Lestat de Lioncourt
—Es inútil—dijo revisando
exhaustivamente las pruebas que habíamos realizado a mi hermana.
El olor a antiséptico golpeaba mi
nariz y me sentía mareada. Decidí sentarme en uno de los elegantes
sillones de la consulta y recostar mi espalda para asumir la verdad.
En ese momento me sentí súbitamente hundida. No supe realmente qué
decir o cómo reaccionar. Quería echarme a llorar allí mismo pero
me mantuve calmada porque él, mi agradecido guardián, estaba a mi
costado derecho tomándome la mano y mirándome con gesto preocupado.
Cuando iré hacia arriba, buscando los ojos de mi amado Khayman,
sentí su mirada llena de dolor y lástima. Él no había podido
hacer nada. Ni siquiera dándonos La Sangre ayudó a conservarla.
Sentí sus dedos finos y largos entrelazándose con los míos
mientras Fareed intentaba seguir su discurso derrotista.
—He hecho todo lo que estaba en mis
manos. Mekare tiene daños muy importantes en su cerebro debido a las
pésimas condiciones en las que vivió los primeros años, el
aislamiento y el brutal abandono que sufrió por parte del mundo. Si
deseas que use un eufemismo para asemejar su enfermedad con lo que
padecen los humanos... —hizo un inciso doblando el informe en tres
e introduciéndolo en un sobre para ofrecérmelo—Puedo decir está
en estado vegetativo.
—Pero ella se alimenta y anda por la
jungla—explicó Khayman porque yo no tenía fuerzas.
—Es el instinto de su cuerpo por
sobrevivir, no ella—dijo.
—Seguiré contándole historias,
cantando canciones, hablándole en nuestra lengua inventada y
cepillando pelo mientras le explico las últimas noticias que hay en
este maldito mundo—contesté incorporándome con ayuda de Khayman.
Amaba que siempre estuviera atento a
todas mis necesidades. No era débil y jamás lo fui, pero ese
momento me dejó tan conmocionada que ni siquiera la alegría de
haber recuperado la vista me dio ánimos para salir de la consulta,
encaminarme por el pasillo y salir a la superficie donde nos esperaba
Jesse, David Talbot y Thorne junto a ella.
—Si eso te alivia y calma tu
dolor...—contestó mirándome a los ojos con cierta decepción. No
era decepción porque yo no encajara el golpe o casi estuviese a
punto de echarme a gritar. Su decepción era consigo mismo porque no
podía hacer absolutamente nada por ella.
—Ella me escucha, Fareed. Yo sé que
su espíritu está en alguna parte junto a mí y necesita de mi
ayuda. Sé que ella de algún modo se puede comunicar
conmigo—mantenía esa esperanza en mi corazón porque era lo último
y lo único que iba a tener.
—Todos tenemos nuestras creencias,
Maharet—él también se incorporó saliendo de detrás de la mesa—.
Hubiese deseado darte otras noticias...
—¡No!—dije elevando mi voz—.
Fareed, no me intentes consolar porque tú también estás
deshecho—sentí entonces como Khayman soltaba mi mano para rodearme
por la cintura. Rápidamente los labios de mi viejo guardián rozaron
mis mejillas. Percibí en ese momento que yo estaba llorando—.
Gracias por devolvernos la visión a Thorne y a mí, por revisar a mi
compañero y por tranquilizar a Jesse.
—Necesito estar en contacto
contigo—respondió estirando sus manos hacia las mías para
acariciarlas—. Por si tú acabas haciendo un milagro.
—Quien hace los milagros aquí eres
tú.
Aquel rostro maduro e interesante era
el de un hombre virtuoso. Estaba segura que jamás se daría por
vencido. Las pruebas podían dar negativo pero su equipo siempre
estaba investigando patologías raras, el ADN vampírico y numerosas
propuestas, como ideas, venían de todo el mundo desde fundaciones de
hermanos de Sangre como personas interesadas en sus investigaciones
que la gran mayoría, por no decir casi toda la sociedad mortal,
daría por estafa.
Sus científicos eran profesionales que
habían terminado convertidos en vampiros tras años colaborando con
él. Cada uno de ellos tenía una historia trágica y rocambolesca.
Algunos habían presenciado el desastre que dejó atrás Akasha y
comenzaron a investigar sobre el vampirismo, cosa que provocó
juicios precipitados por parte de sus familias, amigos y compañeros
de profesión. Varios habían quedado recluidos en diversas
instituciones mentales, otros habían caído en la droga y la
destrucción absoluta de su vida.
Cuando regresé al jeep que nos
llevaría al aeropuerto, donde tomaríamos el primer avión hacia
Brasil, rompí en mil pedazos la carta. La ciencia había hecho todo
lo posible por ella pero yo seguía firme en mi propósito. Mekare
estaba en algún lugar acurrucada en aquel cuerpo tan similar al mío,
con ese rostro eternamente joven y esos hermosos ojos azules tan
profundos como los míos. Me subí al vehículo y subí los cristales
tintados para acabar rodeándola. Coloqué su cabeza sobre mi pecho y
permití que escuchara los fuertes latidos de mi corazón.
—¿Estás bien?—preguntó Khayman
mientras David hacía rugir suavemente el motor para ponernos en
parcha—. Maharet, ¿estás bien?
—Siempre estaré bien mientras me
mantenga al lado de mi familia—respondí mirándolo a los ojos.
domingo, 18 de octubre de 2015
Construcciones
Daniel nos habla del legado de Maharet y del mundo.
Lestat de Lioncourt
Las grandes obras en ocasiones quedan
reducidas a escombros. Actualmente no se realizan monumentos a la
inmortalidad, sino a la utilidad. Aún así, asombrosamente, muchos
edificios no son eficientes y provocan tan sólo asombro por su
coste. En décadas hemos pasado de gastar fortunas inmensas en
construcciones que duraran cientos de años en materiales más
fáciles de derribar, para construir otros edificios. Si bien, la
ingeniería de la construcción ha mejorado las máquinas utilizadas,
pero no el ego de sus constructores. Se despilfarran millones en
asombrar al mundo, pero a veces lo más asombroso es lo más simple.
Las grandes iglesias tardaban siglos en
acabarse, los templos griegos o egipcios aún perduran, pero las
ciudades cambian continuamente y algunos edificios son demolidos en
cuestión de horas. La vida actual está en los vertederos donde
miles de electrodomésticos, escombros de edificios y medios de
transporte perecen junto a los envoltorios de la comida rápida y las
bebidas gaseosas. Los seres humanos viven demasiado rápido sin
disfrutar de los grandes momentos de éste mundo. Las proezas más
increíbles no son las fáciles y cómodas.
Actualmente se está educando al ser
humano en conseguir todo alargando la mano, chasqueando los dedos o
dejando una importante suma de dinero. El dinero ofrece la comodidad
y la felicidad, eso es lo que venden los anunciantes de todo el
mundo. Éste lugar, un infierno lleno de almas podridas por la
envidia y la codicia, sólo desea tener unos cuantos billetes más en
su cartera y se esfuerzan con miles de métodos, algunos de ellos
ilegales y que corrompen sus sentimientos hasta convertirlos en
demonios.
En mitad del Amazonas hay una
construcción antigua, un templo olvidado, que actualmente está
siendo reconstruido con duros esfuerzos. Allí vivían Las Gemelas
Pelirrojas y Khayman. Fue destruido y ahora vuelve a estar en pie
piedra a piedra. Es un centro donde cualquier vampiro desearía
volver. Los libros visten las paredes y los recuerdos parecen
envolverse con la calidez de su chimenea. Pronto abrirá sus puertas
para cualquier inmortal, como tenía costumbre Maharet. Lejos del
dinamismo y la codicia, de los imperios de cristal y dinero, dejando
atrás las prisas podemos dejarnos llevar por el momento especial que
supone comprender el mundo... nuestro mundo.
domingo, 20 de septiembre de 2015
Brujos
Daniel ha decidido hablar hoy de brujería, en concreto de Talamasca, Mayfair y el origen de la disputa de Akasha y Las Gemelas.
Lestat de Lioncourt
La Santa Inquisición los perseguía,
la gente inculta les arrojaba piedras mientras que, de espaldas a la
muchedumbre, pedían su ayuda, y los nobles, así como los burgueses,
se dejaban llevar por las supercherías de aquellos que tanto temían.
No importaba realmente el lugar que ocupara en el mundo, pues
aquellos dotados de ciertas virtudes se convertían en centro de las
miradas, miedo y adulación de la gran mayoría.
Las quemas de brujas se extendieron por
todo el mundo “conocido”. Si bien, en los lugares más recónditos
se les tenía como ayudantes mágicos, mediadores de los dioses y
espíritus, que lograban que la lluvia cayera sobre el poblado o que
el monarca recuperara una gran extensión de territorio. Mientras
algunos ardían, como Juana de Arco, convirtiéndose ocasionalmente
en santos; otros, más afortunados, provocaban cierta admiración en
la tribu donde ejercían de consejeros y médicos al uso.
Talamasca se vio perseguida durante
varios siglos. Eran señalados como una organización para nada
agradable a la vista de aquellos que se creían hombres de bien,
seguidores de Cristo y gente santa. Ocasionalmente se dejaban ver
alrededor de las quemas de los inocentes brujos y brujas, intentando
impedir la masacre y rogando con monedas de oro, e incluso otros
bienes más preciados, que dejaran escaparse a las mujeres y hombres
que ardían irremediablemente en las ascuas.
Muchos conocerán la historia de la
familia más famosa en cuestión de brujería: Los Mayfair. En los
archivos de Talamasca podemos ver su vinculación con la orden, el
poder ejercido de un espíritu entre ellos y como éste los doblegó
hasta cumplir sus propios deseos. También conocerán el origen de
Las Gemelas y el enfrentamiento con la antigua monarca de Kemet, el
hermoso Egipto antiguo, que se convirtió a ojos de todos en una
diosa. Muchos, por no decir todos, conocen el poder que tiene David
Talbot, el cual sigue contactando con los espíritus de los muertos y
escuchando cosas que nadie más daría crédito. David, el viejo
director de la orden y el amigo íntimo de Lestat de Lioncourt, uno
de los vampiros más famosos y el más poderoso actualmente.
Cuando era joven creía que las brujas
eran las típicas mujeres que se ven en los disfraces de Halloween.
Las mismas que morían en las calderas por unos niños entrometidos,
aplastadas por una casa en mitad de Oz o que perseguían a las bellas
y encantadoras princesitas de Disney. Actualmente no las veo así. Es
cierto que me divierto con las películas cargadas de humor de brujas
ligeramente feas, que son capaces de hechizarte con canciones
pegadizas o que te enamoran pese a su fealdad. Pero no todas las
brujas vuelan con escobas, tienen gatos y la piel verde. La mayoría
son gente común y corriente. Sobre todo aquellas que usan el vudú,
los espíritus o su poder mental para averiguar todo de ti.
Ahora mismo me encuentro frente a
varios grandes volúmenes, algo polvorientos y ajados, de registros
de familias enteras con poderes psíquicos. Algunas de ellas son
activos miembros de Talamasca, colaboradores o viejos enemigos de la
orden. Hay quienes ni siquiera pertenecen a un bando u otro, pero son
investigados porque hay un espíritu que les ayuda igual que El
Hombre con los desdichados Mayfair. Yo, un vampiro, me encuentro
fascinado por el poder de gente mortal, común y corriente, que viaja
en el metro, descapotables o en moto. Aquellas que pululan por las
aceras, hablan con sus teléfonos móviles o aplauden en las
atestadas salas de cine de las ciudades más hilarantes. Los mismos
que sonríen felices en fotos familiares o se encuentran en las
aceras de cualquier ciudad sin nombre. No importa su dinero, ni su
origen y tampoco el color de su piel. Tan sólo importa el poder que
les hace ser tan interesantes, temidos y poderosos.
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miércoles, 9 de septiembre de 2015
Carta al malcriado
David es de esos hombres que siempre mantienen la amistad pese a todo. Le admiro.
Lestat de Lioncourt
Lestat de Lioncourt
Querido amigo:
Hace algunas semanas que no nos vemos
frente a frente. No eres un apasionado de las nuevas tecnologías,
aunque intentas comprender éste mundo tan distinto al que tú
conociste. Me alegra que hayas entendido que te necesitamos, aunque
dudo que puedas ser del todo consciente. Creías que no te
necesitábamos, te habías aislado y te habías convertido en algo
que no eres.
Tú siempre has sido independiente y
solitario. Jamás has permitido que te aplastara la soledad que
siempre te acompaña. Buscas insaciablemente la verdad, al igual que
yo lo hago con otros medios. Eres mi amigo. Te quiero, Lestat. Eres
admirable pese a tus terribles errores. Todos hemos aprendido de ti a
luchar por nuestros sueños, a no dejarnos vencer, a crecernos ante
las dificultades y tú no te has percatado. Eres el héroe, el santo,
el caprichoso y berrinchudo.
Admiro tu capacidad de sonreír pese a
tu dolor, así como la forma en la cual lloras hasta dejar que las
penas se ahoguen solas. Posees una elegancia indecible incluso con
las prendas de una estrella del rock de otros tiempos. Eres la viva
imagen de la lucha y la fuerza. Posees un corazón inquebrantable y
sabes pedir disculpas cuando fallas.
Quería escribirte ésta carta para
rogarte que vengas. Deseo que vengas aquí. Podía llamarte, hacer
que Amel escuchara mis pensamientos y te los transcribieras, pero
eres un apasionado de otra época. Creo que todavía miras el buzón
para comprobar si hay alguna postal o carta. Espero que éstas
palabras de admiración despierten al orgulloso que hay en ti. Ven
conmigo, quiero que veas lo que Jesse ha logrado hacer junto a Thorne
y a mis propias manos desnudas. Hemos reconstruido lo que Rosh
destrozó con tanta facilidad.
Te espero en mi nuevo emplazamiento,
que no es más que una biblioteca inmensa en mitad de la selva, junto
a mi hermosa pelirroja y éste noble vikingo. Ven, te esperamos.
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jueves, 27 de agosto de 2015
Aprendizaje de vida
David Talbot tiene un talento especial para explicar ciertas cosas y ésta, sin duda alguna, es una de las mejores explicaciones.
Lestat de Lioncourt
Lestat de Lioncourt
Hace demasiado tiempo que ocurrió,
pero para mí parece un suspiro. Es como cuando te dicen que no va a
doler un pinchazo, pero la señal dura algunos días. Sin embargo, es
un momento y nada más. Pero ahí queda la huella innegable, te dice
que ha sucedido y todavía te marca con cierto dolor amargo las
últimas palabras que te dijeron antes de aplicarte el antídoto.
Conozco bien esa sensación.
Cuando era joven solía ser demasiado
rebelde. Todos hemos tenido etapas donde nos hemos intentado
descubrir, aunque fuese poniendo en peligro nuestra seguridad o
nuestra alma. Muchos habríamos deseado vender un pedazo de ésta, o
el continente entero, a cambio de la juventud eterna, esa que se va
perdiendo y dilapidando con el tiempo. No siempre vamos a ser
jóvenes, fuertes, con una actitud casi chulesca y una sonrisa de
aventurero innegable. Los cuerpos cambian, las almas también. Nos
volvemos monótonos y nos lamemos las viejas heridas como si fueran
recientes. Nos calmamos. Terminamos alejándonos de lo que nos
apasionaba. Pero yo seguía amando el peligro.
Como decía, cuando era joven solía
ser rebelde, impulsivo, alocado y todos los términos que puedan
imaginar para un hombre de algo más de veinte años, con un espíritu
inquebrantable, dispuesto a probar todo y conocer de primera mano el
mundo que le rodeaba. Era un iluso. Reconozco que todos somos ilusos
y lo somos hasta que nos llega la muerte. Tenemos una ilusión,
sueños que deseamos cumplir y metas que hay que alcanzar.
He visto muchas pérdidas. Conozco que
es llorar sobre la tumba de mis seres amados, e incluso sé lo que es
llorar sobre mi propia tumba. Me he arrodillado ante el nombre de mis
viejos amantes, he besado las flores que olvidaba tras mis pasos y he
honrado su memoria no olvidándolos. Viejos amigos, compañeros de
noches en vela y conversaciones exhaustivas sobre miles de problemas,
han quedado sepultados bajo metros de tierra. Reconozco a alguien que
es leal cuando lo veo, pues puedo ver en sus ojos el alma que yace en
ellos. Mi mejor amigo murió hace más de una década, lo he buscado
como espíritu en todos los rincones de la ciudad de Nueva Orleans.
Ha sido un fracaso. Me gustaría haberme despedido como se merecía.
Igual he perdido a viejos amantes, la pérdida más señalada ha sido
Merrick.
Ahora me encuentro con una nueva herida
y frente a una nueva tumba, con tres nombres en vez de uno solo. Hay
un hermoso epitafio que entre todos los inmortales, aquellos que los
conocían y respetaban, han decidido añadir como últimas palabras
de agradecimiento. Puedo sentir el dolor de cientos de almas al
unísono, de vampiros jóvenes que no conocían la historia de
primera mano y de aquellos que fallecieron, que están entre nosotros
como seres sin cuerpo, que se compadecen del final de una era, la
cual se acabó junto a ellos.
La mujer que más amo y admiro en éstos
momentos no es un ser milenario, sino una joven vampiro. Tiene
aproximadamente los mismos años en La Sangre, pero mi alma es algo
más vieja y más sabia. Mi cuerpo contiene un alma de más de
setenta décadas, la cual se siente vigorosa con el último bocado de
la noche. Ella me observa minuciosamente, toma mi mano y la aprieta
intentando soportar el dolor. Deseo que deje de llorar, aunque no hay
lágrimas en su rostro. Es fuerte, sabe que una imagen vale más que
mil palabras y nosotros somos la imagen de la raíz, de una raíz
nueva, que germinará con fuerza el tallo de una nueva era.
Dolor... sí... Aún siento el dolor.
¿Me acostumbraré? Sí, lo haré. ¿Lo olvidaré? Nunca.
Respeto y paz.
jueves, 23 de julio de 2015
La fuerza de un abrazo
A veces los abrazos son más importantes que las palabras. Flavius lo sabe.
Lestat de Lioncourt
Lestat de Lioncourt
—Te conservas tan fuerte y libre como
siempre—había dicho apoyado en el marco de la puerta nada más
llegar, pero ella no respondió.
Volvía a vestir sus viejas ropas. Allí
nadie lo escrutaría con ojos aviesos llenos de juicios precipitados.
En aquel lugar todos vestían como deseaban, como su alma imponía
libremente. Había recurrido a las viejas togas, así como un pequeño
tocado de oro blanco que se enredaba en sus cabellos castaños, con
reflejos más dorados y oscuros. Flavius volvía a ser aquel elegante
griego que fue su esclavo, su escolta, su asesor de imagen, su amigo
y confidente. Él lograba que ella olvidase el dolor y el miedo.
Entre sus brazos había soñado ríos de sangre y percibido una sed
insaciable, pero también encontró la paz y el consuelo que pocas
veces era capaz de hallar en otro lugar. Jamás lo olvidó. Siempre
lo tuvo presente. No pudo evitar hablar de él cuando le rogaron
escribir sobre sus memorias. Flavirus era magnífico, tenía una
mirada clara llena de bondad y sabiduría, y era alguien de
confianza.
Él estaba allí, como si nada los
hubiese separado, mirándola como si el tiempo se hubiese detenido en
un instante perdido en el tiempo. Pero no estaban en los viejos
tiempos. Allí no había poder y gracia de Roma. El Imperio era sólo
un viejo sueño destruido con el paso del tiempo, el cual sólo
afloraba en las viejas ruinas tan antiguas como ellos mismos. Los
viejos palacios, las fiestas copiosas, el gentío del mercado y el
olor típico de las ofrendas a los dioses. Todo se desvaneció como
el humo.
Flavius la contemplaba impaciente. Ella
volvía a ser la mujer que amó de mil modos, pero que jamás se
atrevió a cortejarla entre las sábanas. Amaba a Pandora como a una
hermana, una amiga, una madre, una compañera y un igual. Veía en
aquella mujer un guerrero táctico a punto de lanzarse contra el
enemigo con las palabras más afiladas. Sentía una profunda
admiración y respeto. No podía dejar de preguntarse como Marius
podía ser tan soberbio. Ella era la mujer que cualquier hombre
amaría, pues su fuerza y carisma la hacían desafiar al propio
mundo, el cual caía rendido a sus pies.
El jardín había quedado en silencio,
salvo por el murmullo de la fuente y el zumbido de los grillos. El
aroma de las flores, como los jazmines blancos y azules o las
encantadoras petunias, se mezclaba con el de la tierra mojada y la
hierva recién cortada. Un jardín en medio de la metrópolis más
ruidosa del mundo, o al menos una de ellas. Los altos rascacielos
parecían ser gigantes silenciosos y el tráfico quedaba al otro lado
de los gruesos muros de aquel palacio de plantas y flores. Era un
lugar para el descanso del alma y, porqué no, del cuerpo.
No muy lejos estaba la tumba del
Guardián y las Hermanas Pelirrojas. Allí, bajo una lápida de
mármol negra con letras doradas, descansaban los tres unidos como si
ese fuese el destino del mundo. Una unión en la muerte, lleno de
recuerdos y amor que nadie nunca podrá borrar. Ni siquiera el dolor
puede borrar el amor que se profesaban. El horror quedó atrás, como
si fuese un suspiro, y ahora sólo quedaba la paz más sobrecogedora.
Había un ramillete de rosas sobre la
tumba. Eran rosas rojas. Tenían la firma de Lestat, aunque no había
nota. Pandora había estado acariciando la lápida con cuidado, como
si se despidiera de Maharet y de una historia en la que estuvo
involucrada desde mucho antes de nacer. Flavius no dijo nada más,
tan sólo se acercó a ella con cuidado. Quería besarla, pero sólo
abrió sus brazos y ella aprovechó el momento. Un abrazo más. Uno
más para no olvidar.
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lunes, 20 de julio de 2015
A salvo del odio y del rencor
Siempre lo he dicho. El odio no merece la pena. El rencor no es recomendable. Hay que seguir adelante y dar lo mejor de uno mismo sin mirar atrás. Me alegra que Jesse siga ese camino.
Lestat de Lioncourt
Todavía no puedo aceptar su muerte. Es
imposible que tenga que tolerar su pérdida. Era inocente. Sin
embargo, he concedido el perdón que tanto cuesta a los mortales
ofrecer. Tal vez es su sangre, sus recuerdos de todas lecciones que
ella me ofreció, o quizás es porque ya no sé vivir con rencor en
mi corazón. Ni siquiera guardo rencor a quien me arrebató a mis
padres en aquel brutal accidente de tráfico, como tampoco lo guardo
a todos aquellos que me despreciaron por el simple hecho de ser
demasiado joven en un mundo competitivo y lleno de misterios que
creían que jamás comprendería.
Soy incapaz de guardar en mi corazón
odio o venganza. Sólo quiero paz. Comprendo bien los sentimientos
que poseían Khayman y Maharet. Ellos querían vivir lejos del
mundanal ruido, aceptando la naturaleza salvaje como ellos, y
ofreciendo a otros su cobijo como si fueran un ave y nosotros sus
pichones. Éramos sus hijos. Todos y cada uno de nosotros éramos
parte de su legado. Ahora ese legado parece convertido en un montón
de escombros que poco a poco van reconstruyéndose.
Cuando conocí la noticia creí que
jamás sería capaz de reponerme. Era como si me hubiese convertido
en una estatua de piedra que se quebraba por dentro. Miré a mi
alrededor y parecía haber cambiado drásticamente. De nuevo mi
destino lo habían cambiado otros tomando una decisión errónea con
motivo de una locura colectiva.
No puedo odiar a siquiera al espíritu
que estaba confinado en la hermosa, muda y absorta Mekare. Ella era
su cárcel y lo condenaba a una vida vacía. Se había convertido en
un calvario de piel, huesos y carne dura como el cemento. Tal vez
detesto sus decisiones, pero fueron tomadas por el dolor y el rencor
que ya parece haber desaparecido en él.
Ahora comprendo mejor el mundo. Sé que
él me conoce y yo lo conozco a duras penas. Amel es el espíritu que
siempre estuvo vinculado a mi familia, a su sangre, su linaje, su
verdad y por lo tanto a mí. Entiendo mejor las órdenes que me
fueron encomendadas cuando era parte de la Orden de Talamasca. Sé
que otro espíritu, no tan distinto de Amel, me ofrecía los medios
suficientes para mantenernos alerta de un posible despertar de su
viejo compañero.
El mundo de los espíritus parece más
insondable que cuando las Gemelas Pelirrojas jugaban entre los
frondosos árboles de aquel oasis en mitad del desierto. Mucho más
duro y difícil de comprender que los pasos de los pies desnudos de
aquellas dos hechiceras. Sin embargo, sonrío al pensar que ellas
están libres de toda culpa, eufóricas porque pueden volver a
mirarse una a la otra y tener como guardián para siempre, durante
toda la eternidad, al hombre que tanto las admiró y amó. Ese
bondadoso guerrero vuelve a ser parte del símbolo de mi vida, aunque
algunos lo recuerdan como el monstruo que arrasó el mundo en tan
sólo unos meses.
Si escribo estas líneas es para
recordarme que no debo odiar. Odiar es de cobardes. Guardar rencor y
odio no trae nada bueno. Mi espíritu se verá contaminado con las
flaquezas de otros. Quiero ser fuerte. Deseo ser la mujer fuerte que
apoye a David Talbot en ésta nueva etapa. Deseo ser crucial, al
igual que el resto, para mantenernos al servicio del Príncipe y de
la Talamasca. Somos más que seres muertos, pues estamos vivos. Somos
más que colmillos, sangre, horror, muerte, y oscuridad. Somos una
luz en plena penumbra que ilumina los sueños de un mundo que cree
que siempre ha estado en calma.
Soy Jesse Reeves y me siento liberada
del horror que siempre me ha rodeado. Soy una nueva mujer. Las
lágrimas ya no son parte de mi vida. Ahora sólo queda ser fuerte,
como el resto de nosotros, y anteponer el bien común al propio...
pues esa es la mayor enseñanza que me enseñó Maharet.
jueves, 15 de enero de 2015
Las mujeres como nosotras
Maharet le dedica esta última sentida carta a Pandora. ¡Estas mujeres sí que son mujeres y no eso que sale en Crepúsmierda!
Lestat de Lioncourt
La conocí en un momento extraño y
difícil, pero ella comprendió exactamente a que me refería cuando
hablaba de salvar el mundo, no nuestro mundo. El mundo estaba en
peligro debido a los sueños de grandeza de Akasha. La Reina había
despertado convirtiendo nuestras vidas en miserables y angustiosas.
Miles de jóvenes morían a lo largo y ancho del planeta. Cientos
desconocían siquiera lo que ocurría a su alrededor, otros la veían
llegar como si fuera un ángel para arrancarles la vida.
Pandora me pareció una mujer racional
y correcta. Una de esas mujeres que deseas escuchar y observar.
Realmente aprendí de ella en aquellas horas, igual que de todos los
que nos rodeaban. Sin embargo, no dejo de preguntarme cuales fueron
realmente sus emociones en los instantes finales de la Reina Caída.
Recuerdo sus ojos oscuros, muy
profundos y enormes, que me miraban con impaciencia. Lo que ocurría
lo había visto en sueños, aunque no eran del todo acertados. Muchos
allí habían soñado con aquellos salvajes actos. Todos sabían cual
era el peligro. La alarma era general. Eric prácticamente temblaba
en un rincón, pero ella se mantenía firme. Tanto ella como
Gabrielle demostraron que ser mujer no es ser débil, ni estúpida y
ni mucho menos personas atadas a un lugar. Las tres habíamos
recorrido el mundo sin rumbo alguno, buscando quizás la verdad y la
paz con nosotras mismas.
Ella me pareció brillante. Sin
embargo, jamás mantuve un contacto seguido y directo. Sabía que
seguía viva y que su vida era valiosa. No sólo lo era para Marius,
sino para todos nosotros. Ella era una auténtica caja que conservaba
una verdad innegable. David supo arrancar algunos preciados
recuerdos, poniéndolos al servicio de todos y ofreciéndole cierta
libertad a su historia. Leí con cautela sus memorias y descubrí a
una mujer muy similar a mí. Me sentí orgullosa de haber compartido
con ella algunos instantes, pues luchar codo con codo con vampiros
como aquellos es todo un honor. Siempre quise acercarme a los más
fuertes, observarlos con admiración y respeto, para luego continuar
mi camino.
Me hubiese gustado hablar una vez más
con ella... una última vez... Quizás debí alertarla. Sé que ella
lo sentía. Pudo sentirlo en su propio ser. Lo hizo como aquella vez.
Pandora, cuídate. Pandora, lucha.
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Lestat de Lioncourt